Alarma, n.º 1, diciembre 1958 (pág. 11). PDF del número completo

No puede uno reprimir un pronto de nàusea ante el concierto de indignacion con que el Ocidente ha saludado la reaccion de la gente de Moscù con motivo de la atribucion a Boris Pasternak del premio Nobel. ¡Como!, ¿tanta virtud ofendida porque la abominable dictadura rusa amenaza la libertad y la vida de un poeta? ¿Resonaron otrora esas imprecaciones rabiosas, durante los procesos de Moscù, cuando todos los compañeros de Lenin, y con ellos otros escritores, estaban siendo ignominiosamente asesinados, tras haberles obligado a deshonrarse? Al contrario, muy poco falto para felicitar al hombre del Kremlin por haber cumplimentado el secrero anhelo de Occidente: "El periodo revolucionario queda clausurado" —deciase entonces. ¡Clausurado por una muralla levantada con los cuerpos de centenares de miles de supliciados! ¿Por qué pues tan grande grita hoy? Por la sencilla razon de que laureando a Pasternak la academia sueca aporta su carga de dinamita a la "guerra fria" que opone los dos bloques. Demasiado evidente es que al conferir el premio al autor de El Doctor Jivago, los viejos literatos de Estokolmo, aconsejados por las cancillerias interesadas, sabian de antemano las reacciones que suscitarian y cuales serian las consecuencias de su gesto para el laureado. No ignoraban sacrificar un hombre; ¿pero qué importa pudiendo arrojar a la faz del mundo otra nueva victima de la tirania rusa? Demasiado real, demasiado sublevante y demasiado conocida es ésta para que haya necesidad de demostracion suplementaria. En cualquier caso, no tocaba suministrar semejante prueba a Suecia, para la cual la guerra, "fria" o "fogueada", no ha sido nunca sino fuente de inmensos beneficios. Los académicos de Su Majestad no han hecho mas que añadir, al cinismo de los regostados, la hipocresia de la gente de orden.

No por ello queda absuelta la gente de Moscù. Poco importa aqui la calidad y el contenido mismo de El Doctor Jivago. Se le niega a Boris Pasternak el derecho a expresarse como bién le parezca y eso solo basta para producir nuestra condenacion de un régimen donde el artista y el poeta no tienen mas eleccion que el paso de la oca o la genuflexion contrita. Por el contrario, todos los derechos corresponden a ambos, comenzando por el de expresar su oposicion al régimen que los oprime. Mas que tener el derecho, ese es su primer deber, pues en ello reside su dignidad intelectual. Incluso si las clavijas se aflojan (pero todo indica que no hay tal) como Etiemble proclama despues de haber examinado Moscù con su potente lupa de universitario tronzado entre Ubu y el gloton! Ninguna bùsqueda desinteresada es concebible sin la libertad total. Y ésta sigue siendo inconciliable con la opresion que padece el el pueblo ruso, frente a la cual la tirania de los peores zares se tiñe de liberalismo. Por eso no ha aparecido en tierra rusa ningùn poeta, ningùn artista desde mas de 30 años, y los que pasaron por el periodo revolucionario han sido después reducidos al suicidio, o al silencio como Pasternak. A semejante régimen, los artistas y poetas del mundo entero solo pueden dedicar un odio irreductible.

Victor Fuentes