Alarma, n.º 7, Octubre 1960 (pág. 29). PDF del número completo
Los últimos meses marcan un recrudecimiento muy considerable de la actividad policíaca. Las detenciones se cuentan por millares en Andalucía, Levante, Cataluña y Madrid; los consejos de guerra, tapadera y remate del terror policíaco, por decenas. Y piénsese que la prensa extranjera misma, por su propia naturaleza, sólo informa de una parte de las detenciones y de los consejos de guerra, los que atañen en particular a stalinistas, socialistas y católicos, es decir, a las tres tendencias que representan una parte del capitalismo mundial. En las fábricas, las minas y los pueblos agrícolas, donde la aversión al régimen tiende a descararse cada día mas, la policía, no sin auxilio directo del clero y los patronos, lleva a cabo una presión y represión contínuas, de las que apenas se encuentra referencia en ningún periódico.
La significación política de esa represión recrudecida, la da el hecho de que los partidos mas conocidos estén sobretodo preocupados de la substitución pacífica de Franco, negandose a emprender acción alguna, pequeña o grande, que tenga caracter revolucionario. Así disminuyen, cuanto en su mano está, la importancia y el número de las acciones contra el régimen, y la capacidad de resistencia a la policía de los de abajo. Se encuentran éstos abandonados a sus propias iniciativas, o bién influenciados por las iniciativas paralizadoras de los partidos.
No obstante, la represión irá aumentando invariablemente, vano remedio a la descomposición del régimen. El signo de la situación social ha cambiado, netamente favorable ya para el porvenir de las masas. Cada detenido, cada condenado por los viles tribunales militares suscitará a la dictadura nuevos enemigos activos, y eso independientemente de lo que hagan todos los partidos sin excepción. El problema principal que se plantea es coordinar una oposición obrera medularmente revolucionaria, que prefigure la solución clasista de mañana, frente a Franco al mismo tiempo que frente a los proyectos reconciliadores de los principales partidos emigrados. Ese problema es el principal, y todo hombre que sea realmente revolucionario tiene la obligación de contribuir a resolverlo. La inexperiencia —lo sabemos— paraliza muchas voluntades. Pero la práctica únicamente permite adquirir experiencia y resolver dificultades. A los nuevos revolucionarios les ofrecemos los consejos publicados en el número 2 de Alarma.