Alarma, n.º 8, Mayo 1961 (págs. 1-7). PDF del número completo
La masa trabajadora española, cuantos han sufrido la larga y vesánica dictadura franquista, sueñan con un cambio, lo anhelan hasta tal punto que se muestran dispuestos a apoyar, sin discriminación alguna, "lo que sea", con la mira única de que el régimen actual acabe. Ese estado de ánimo, común por el momento a la abrumadora mayoría de los habitantes, sean obreros, campesinos, profesionistas o pequeño-burgueses, denota al mismo tiempo el odio universal a la dictadura y el desconcierto ideológico reinante en todos los sectores. Lo primero constituye una levadura revolucionaria prometedora; lo segundo, por el contrario, da margen a diversas asechanzas reaccionarias. Una enumeración de los casos que pueden presentarse tras la desaparición o la caida de Franco, factible sin otro riesgo de equivocación que en aspectos secundarios, contribuirá a soslayar futuros peligros.
Las amenazas que gravitan sobre el porvenir inmediato después de Franco están determinadas por el pasado político del país y por la presente correlación de potencias internacionales. El pasado político de España, durante la década treinta concretamente, es uno de los mas agitados que haya conocido el mundo. No se trataba entonces, cual generalmente se pretende hoy, de una lucha entre la forma parlamentaria o republicana de gobierno y la forma dictatorial o fascista. El 19 de Julio de 1936, los trabajadores españoles aniquilaron al ejército nacional en la mayoría del territorio, desbarataron el poderío malvado de la iglesia, expropiaron a la burguesía, constituyeron sus milicias y Comites-gobierno; en una palabra, acometieron la organización de la revolución social, que es la democracia y la libertad sin mentiras ni cortapisas, asentada en la desaparición del trabajo explotado. El mundo capitalista con todas sus leyes, miserias y vejámenes del hombre desaparecía ante el denuedo revolucionario de los oprimidos. Fué el propio gobierno republicano del frente popular quién socavó y finalmente aniquiló las bases de la revolución, poniendo de hecho la victoria militar en manos de Franco. Así, los padecimientos de más de veinte años de dictadura, el propio atraso actual del país en lo ideológico igual que en lo económico, son imputables a la política apocada, cuando no deliberadamente reaccionaria, de los partidos y las sindicales gobernantes durante la guerra civil. Y evidentemente, en el período que se abrirá con la caída de Franco esas mismas organizaciones volverán a ejercer en las luchas del país una influencia mas o menos negativa, o de lleno contrarrevolucionaria, según sus respectivas ligas políticas.
Por otra parte, las dos grandes potencias que se disputan la hegemonía en el mundo, Estados Unidos y Rusia, acechan desde sus cancillerías el momento de imponernos, suave o brutalmente, formas de gobierno favorables a sus peculiares designios. Ambas por igual han dejado mano libre a Franco, y por adelantado se declaran adversarias de un nuevo movimiento revolucionario. Tienen plena conciencia de que los trabajadores españoles tenderán espontáneamente, en el primer instante propicio, a reanudar y completar la obra socialista de 1936. Evitar esa contingencia es el norte invariable de su diplomacia, sin que diverjan mas que en la orientación pro-rusa o pro-yankee que haya de adoptar un futuro gobierno post-franquista. "El caso de España", debido a las tremendas posibilidades revolucionarias que encierra, inspira en Moscú y en Washington un terror del que será nuevamente víctima el pueblo trabajador, si no supiere actuar contra ambas capitales imperialistas y sus respectivos valedores políticos nacionales. Ahora bién, todos los antiguos partidos del frente popular sin excepción rinden pleitesía a uno de los dos amos del mundo, y algunos son sus lacayos asoldados. De ahí que sea previsible con bastante exactitud lo que puede acontecer inmeditamente despues de Franco.
1º — "La sucesión del movimiento por el movimiento mismo", cual ha sido proyectada por el dictador y sus consejeros en la llamada ley orgánica, es tan improbable que puede considerarse por completo excluida. Los intereses congregados en el franquismo, que jamás han constituido un movimiento homogéneo, buscarán nueva enseña bajo la cual disimularse o presentarse, caso de necesidad, como anti-franquistas. Por añadidura, la aversión de las masas por estos ventitantos años de terror y latrocinios bajo el "glorioso movimiento nacional" descarta que nadie, sea persona o institución, desee aparecer como su continuador. La iglesia, la burguesía, el ejército y la policía misma, renegarán de su pasado para conservarse y salir adelante, y caso de ofensiva revolucionaria irán a acogerse a sagrario en los partidos "comunista" y "socialista". El propio aspirante a reyezuelo, que en 1936 vistiera la camisa de Falanje e incitara a la exterminación de "los rojos", no puede acercar al trono sus augustas posaderas sino en ruptura con el mo- vimiento nacional", ofreciéndose como reconciliador de los españoles, superchería común hoy a muchos otros.
2º — La monarquía constitucional es el peligro mas inmediato en ausencia de actividad de las masas. Es la "solución" que nos están preparando la iglesia, la burguesía y el ejército, en contubernio con Washington, el Vaticano y otras capitales de occidente. El partido "socialista" y su U.G.T., parte de los republicanos entran más o menos, de grado o a regañadientes en esa combinación. Asustados ante la posibilidad de un levantamiento, de una recurrencia de los sucesos del 19 de Julio (el aniquilamiento del ejército a manos del proletariado) no se atreven siquiera a reivindicar la república burguesa. Los suspirantes monárquicos de la Unión española y de la pretensa democracia cristiana, ficticios conglomerados que vivotean en los trasaltares con la tolerancia de la policía, constituyen la principal fuerza interior del restablecimiento borbónico. Pero esa clase de fuerza, aun robustecida por socialistas, republicanos o quienesquiera fueren no tiene capacidad actuante sino a condición de que las masas permanezcan pasivas. Un simulacro de golpe de Estado militar o la muerte de Franco podrían realizar esa posibilidad. Mas a pesar de que Washington, el Vaticano y otras potencias occidentales vean en ella la mejor salvaguarda de sus intereses economicos y militares en la península, tiene escasas posibilidades de éxito, pues lo probable es que de una manera u otra, mal o bién orientados, los trajadores se pongan en movimiento. Potencias exteriores y partidos españoles modificarían entonces sus proyectos y su lenguaje, en consonancia con la necesidad de desvirtuar y rechazar la acometida revolucionaria.
En cualquier caso, el nuevo poder se revelaría desde el primer instante aun más clerical, militarista y reaccionario que el de Alfonso XIII. Constitución y democracia serían sólo la nueva fórmula jurídica —desenterrada de la fosa común de ideas muertas— que consentiría a las clases e instituciones del franquismo continuar subyugando a la población trabajadora. De hecho continuaría la dictadura clérigo-militar.
3º — La República. El terror franquista ha hecho olvidar a muchos que la república de 1931 defendió a tiros los intereses del capitalismo, consintió la sacra militarada, quiso capitular ante ella el mismo 19 de Julio de 1936 y le dió finalmente la victoria. Una república nueva no podría ser, de ninguna manera, mejor ni de mayor perduración. La democracia burguesa estable, tal como la han conocido Inglaterra, Estados Unidos y Francia, es absolutamente impracticable en España, así como en cualquier otro país del mundo, porque correspondía a una evolución económica y política de varios siglos, hoy sobrepasada. En los mismos países citados, la democracia burguesa, ya muy degenerada, recula sin cesar ante los métodos policíacos, los mas concordes con la etapa actual del desenvolvimiento capitalista. De ahí que, quienes hablan de revolución democrática —en lo político de república—1
La mas elemental noción de la ideología revolucionaria moderna consiste en saber que el capitalismo mundial ha alcanzado ya y sobrepasado cuanto le hacía compatible con el devenir humano. En España o en países mas atrasados aun que España, el conflicto social planteado es con el sistema capitalista, sea cual sea su nivel de desarrollo; sus términos son los mismos que en los países avanzados industrialmente: revolución social o contrarrevolución y decadencia. La democracia burguesa en la etapa actual, no sólo es mezquina, sino una dictadura que impide organizar la vasta democracia proletaria indispensable al porvenir inmediato.
Por eso una segunda república democrático-burguesa en España será aun menos democratica que la anterior, y mucho mas incapaz de resolver ningún problema, no ya obrero, lo que está excluido por su naturaleza, sino de la propia burguesía. Es imposible que reaparezca como necesidad histórica de las masas, puesto que nada ofrece al devenir humano. Sinembargo, dada la actual inexistencia de un partido revolucionario suficientemente conocido, lo mas probable es que la república burguesa vuelva a la escena como subproducto de una ofensiva revolucionaria de las masas no canalizada conscientemente hacia la toma del poder por el proletariado. En tal caso, duraría el tiempo que la lucha de clases tardare en decidir entre revolución social o nueva contrarrevolución, no mas. Pero esta vez, la contrarrevolución capitalista encuentra dos polos de atracción que estarán respectivamente representados por los secuaces de Moscú y por los de Washington. Esto tiene suma importancia y nos mete de lleno en la cuarta de las posibilidades para después de Franco.
4º — La "democracia popular". Igual que Washington, Moscú sólo tiene una mira: que la España post-franquista le esté sometida económica y militarmente, y para tal designio el instrumento principal es su agencia española. Si los partidos "socialista", republicanos, etc. entran deliberada o inconscientemente en el juego del imperialismo yankee, la política del partido "comunista" español está dictada línea a línea por el estado mayor del ejército y de la policía rusos. Sabrá dosificarla y maniobrar, sacar partido de las debilidades del proletariado, de los temores de burguesía e iglesia y de las inconsistencias de los demás partidos; adoptará una fraseología nacionalista, democrático-burguesa o pseudo-revolucionaria, según sea menos o mas premiosa la necesidad de rechazar la revolución y de salvar el capitalismo.
La potencia económica y militar de Rusia, está basada en la mas gigantesca de las contrarrevoluciones conocidas, y es por consecuencia de naturaleza capitalista, sin otra diferencia con la de Estados Unidos que un mayor grado de concentración en el Estado. Así, la rivalidad actual entre esas dos primeras potencias, que desembocará inevitablemente en la guerra si el proletariado no les corta el camino, no tiene otro objeto que ocupar posiciones para la futura guerra. Y "democracia popular" es el nombre elegido por Moscú para los países en que sus in- tereses militares y económicos imperan. En realidad se trata de la dictadura absoluta del capitalismo de Estado. Y bién, todos los gigantescos recursos materiales y la capacidad de manobria del partido de Moscú estarán enderezados —lo están ya— a descargar sobre los explotados el peso abrumador de un capitalismo estatal material y militarmente suborninado a su metrópoli. Llamarse comunista es un cebo para poner por obra una política furiosa y muy meditadamente anti-comunista.
La amenaza de la "democracia popular" podría revelarse la mas inminente, sobretodo si, en medio de una gran movilización, los explotados no hallasen la organización revolucionaria indispensable para tomar el poder político, suprimer el capital, etc. En tal caso, acorrerían al partido de Moscú, por miedo a la revolución, todos los estratos sociales que bajo Franco han gozado de privilegios, mientras que la expropiación de burgueses y monopolios en favor del capitalismo de Estado engañaría a las masas el tiempo suficiente para aherrojarlas mediante la policía y fusilar a los revolucionarios. De todas maneras, el peligro de capitalismo de Estado so capa de "democracia popular" estará presente lo mismo con la monarquía que con la republica burguesa. No es posible desembarazarse de los partidos de Moscú sin desbaratar de arriba abajo la organización capitalista, de la cual ellos representan una de las mas duras formas.
Los problemas españoles y mundiales que produjeron la magnifica ofensiva revolucionaria de la decada 30, reurgirán, agravados, apenas desaparezca Franco. De manera que, en un momento u otro, la republica o la monarquía deberán hacer frente a las masas que pugnarán de nuevo por la revolución social. En ese momento, la aptitud del partido ruso para contener a las masas y para erigirse en salvador del sistema capitalista integrando al Estado los intereses particulares de burguesía, iglesia, éjercito, haran de él el cerebro de las tendencias contrarrevolucionarias. Y no solo el cerebro, también el brazo asesino de los revolucionarios.
La política de reconciliación nacional predicada por el partido stalinista ruso ha sido muy meticulosamente pensada con el propósito de atraer a todos los intereses cobijados bajo Franco, convenciéndolos de que la fórmula del capitalismo de Estado es la suprema garantía contrarrevolucionaria. Y a decir verdad, el stalinismo lleva a la larga la venja reaccionaria sobre los partidos pro-Washington, en primer lugar porque su fórmula es la mas en consonancia con las necesidades propias del capitalismo mundial, y también porque sebe lo que quiere y como conseguirlo mejor que aquellos. Por eso mismo, los acontecimientos podrían evolucionar de tal manera que el proletariado se viese directamente enfrentado al partido de Moscú como primer defensor de cuanto hay de reaccionario en España. Y aunque así no fuere, el proletariado experimentará una derrota aun mas tremenda que la del pasado si se revelase incapaz de dar al partido de Moscú el mismo trato que a Falange o a la Iglesia. Es condición de su triunfo. Por el contrario, bajo el supercapitalismo de la "democracia popular" viviría, por varios decenios, una esclavitud sin precente. La revolucion proletaria. Sin ella es imposible resolver ninguno de los problemas de los trabajadores. Si no existiese la necesidad histórica de realizarla no se habrían producido las convulsiones de la década 30, ni la guerra civil, ni se produciría nueva convulsión en el futuro. Quienes niegan la necesidad inmediata de revolución proletaria en España, o bién tienen mente atrasada de demócratas burgueses siglo XIX, o bién urden nuevos proyectos contrarrevolucionarios. En 1936, vencidos y disueltos el éjercito y la policía por el proletariado, la revolución proletaria se extendió por todo el territorio —mas de las tres cuartas partes— en que el frente popular no consiguió entregar el poder a Franco. En mayo 1937, el proletariado catalán se sublevaba contra el partido de Moscú que estaba destrozando la revolución, y lo vencía en la lucha armada. Pero a su vez resultó políticamente vencido porque la organización a que adhería —la C.N.T.— se sometió y lo sometió al stalinismo. El proletariado no conseguirá salir de la explotación y la opresión sin continuar, perfeccionándola la obra del 19 de Julio 1936 y de las Jornadas de Mayo de 1937 en Cataluña. Espontaneamente tenderá a reanudarla, y le basta la actitud ante ella para cerciorarse de quienes son revolucionario y quienes sus enemigos. Lo que fué posible hace 25 años es aun mas posible ahora.
En el juego de la lucha de clases que recomenzará a la caida de Franco en el marco limitado del derecho burgués, el proletariado ha de darse la dirección política indispensable para sobreponerse a las múltiples asechanzas que le tenderán los representantes de los dos primeros imperialismos de la Tierra. Aparecerán entre sí en lucha por el botín y para alcanzarlo presentarán unos y otros sus engañifas demagógicas. Pero en cuanto el proletariado tome netamente rumbo revolucionario, unos y otros se unirán contra él. No son fuertes sino por la carencia de norte revolucionario consciente de las masas. De ahí que el todo en el inmediato futuro dependa, como en el pasado, de la existencia de una fuerte organización revolucionaria del proletariado. En ausencia de ella nos encontraremos con el triunfo ulterior del capitalismo de Estado à la rusa o bien con otra dictadura clerigo-militar incondicional de Washington.
La disolución del ejercito y la policía, el aniquilamiento del poder de la iglesia, son, como ayer, objetivos preliminares de la revolución proletaria. Pero es preciso que los objetivos ulteriores se cumplan: armamento permanente del proletariado (sin cuerpo profesional); poder político basado en comités revolucionarios democráticamente elegidos por los explotados, previa supresión inclusive del poder parlamentario burgués; anulación de toda la legislación y de todas las intituciones capitalistas; socialización de la producción y de la distribución, ambas puestas en manos de comités obreros, excluyendo la propiedad individual o estatal de los medios de producción, y también los partidos que la defienden; la distribución del sobreproducto social, lo que en país occidental o ruso es beneficio de los explotadores, directamente vertido por los trabajadores al consumo, o transformado en nuevas industrias para mayor consumo posterior; enlace y alianza con el proletariado mundial, no con gobierno actual alguno. Guiados por esas ideas motrices, los trabajadores españoles podrían pasar muy rápidamente de Franco a la revolución proletaria. Frente a ellas, el ingente aparato orgánico de Moscú y de los intereses franquistas congregados, resultarán impotentes.
ALARMA
Conviene notar para la juventud española carente de educación ideológica, que la "revolución democrática" es la expresión acostumbrada para designar la revolución de la burguesía (1648-68 en Inglaterra, 1789-93 en Francia), o sea la que daba al capital suelta de dominio y expansión. o bién lo hacen con aviesa premeditación contrarrevolucionaria, cual el stalinismo, o bién con típica inepcia reformista y en deservicio del proletariado. ↩