Alarma, n.º 8, Mayo 1961 (págs. 30-31). PDF del número completo
Como era previsible y nosotros mismos anunciamos hace mas de un año, la dictadura de Salazar está ya enzarzada con el problema de sus colonias africanas. La lucha armada ha sido iniciada en Angola y no tardará en serlo en Mozambique y Guinea portuguesa. Ahí, igual que en tantos otros países coloniales, las fronteras y la rivalidad mundial de los imperialismos yankee y ruso, da juego fácil y suficientes armas, dinero, medios de propaganda, etc., a los nacionalistas, para alzar el grito de independencia. Se trata invariablemente de los mismos elementos aborígenes que hasta ayer eran instrumento directo, funcionarios importantes del gobierno colonizador. Los explotadores aborígenes, educados en la escuela de los imperialistas, buscan el medio y los aliados necesarios —forzosamente imperialistas también, pero mucho mas fuertes financieramente— para sacar mayor beneficio y vanidad de sus funciones. La lucha pura y simple por la independencia nacional, no tiene otra significación. Dejémos a los reaccionarios americano-rusos ventearla como beneficiosa o revolucionaria, y a los pseudo-revolucionarios apoyarla como "lucha democrática progresiva".
Los revolucionarios deben ver el problema de manera por completo diferente. Que Angola, Mozambique o cualquier otra colonia pase a ser, mediante un gobierno propio, mas dependiente financieramente de Rusia o de Estados Unidos que de Portugal, es cosa importante, cierto, para los explotadores de esos tres países, pero enteramente despreciable para los explotados de las colonias, y de los tres países citados. En cambio, todos estos tienen en común la necesidad de liberarse de la explotación, la nacional o la imperialista. Luego la lucha revolucionaria contra la asquerosa dictadura de Salazar y contra su dominación dondequiera que sea, en Africa, o en sus énclaves de China, debe orientarse a la revolución social, mediante la unidad victoriosa de las masas pobres de metrópoli y colonias. Así quedarían burlados los dos bloques que buscan posiciones para la futura guerra, el piojoso capitalismo portugués y sus educandos nacionalistas negros. Mas que nunca, los explotados no tienen patria, y sólo dándose la mano conseguirán libertarse.
Por consecuencia, la lucha inmediata por la revolución social en Portugal es lo que más puede contribuir a enlazar con las masas pobres de las colonias para una obra común contra los dos bloques y sus respectivos sirvientes. Por otra parte, Portugal forma con España, a pesar de la frontera, un todo que se verá envuelto en el mismo torbellino revolucionario. La crisis de las colonias es la del capitalismo metropolitano y mundial. No adquiere forma nacionalista sino porque la ideología revolucionaria y el proletariado se hallan aplastados entre Moscú y Washington. Mas a los revolucionarios corresponde plantear el problema en sus verdaderos términos: lucha común de explotados de la metrópoli y las colonias en pro de la revolución mundial. La caída de Salazar y Franco debe originar la supresión del capitalismo en ambos países y en sus colonias. Toda otra solución es contrarrevolucionaria. De Angola a Lisboa y Madrid, los verdaderos revolucionarios y comunistas debemos conocernos y unirnos.