Alarma, n.º 7, Octubre 1960 (págs. 35-36). PDF del número completo
Dimos cuenta, en nuestro número anterior, de la creación de un "núcleo constituyente" del Movimiento popular de resistencia. Desde entonces hemos leído cuanto el "núcleo" ha editado o hecho circular, sin que por ello estemos en condiciones de juzgar taxativamente su valor desde el punto de vista revolucionario, o su falta de valor. La titulación, popular de resistencia, no nos agradó desde el primer instante, porque eso nos evocaba demasiado directamente el frente popular que sirvió a Franco la victoria en bandeja. La lectura de los demás escritos del "núcleo constituyente", lejos de disipar aprensiones las aumenta. Decía, en efecto, que se constituye "en vista de la incomprensible pasividad de los organismos antifascistas del interior y del exterior y en razón de la imposibilidad en que aparentemente se hallan de conjugar sus esfuerzos". Es decir, que su ideal sería que todos, desde los hombres de Moscú hasta los del Vaticano que se pronuncian contra Franco, además de los hombres realmente revolucionarios, constituyésemos un frente común de lucha contra éste.
La idea no es en el "núcleo constituyente" tan precisa como nosotros la sentamos, pero a ello presta, y si nos equivocamos a los constituyentes del "núcleo" corresponde puntualizar. Para facilitar la discusión, digámosles que las palabras popular y resistencia fueron inventadas durante la revolución española para substituir, con cálculo abyecto, estas otras dos: proletariado y revolución. Y las inventó, previo asesinato de los revolucionarios rusos, la contrarrevolución stalinista, adoptándolas después sus mercenarios españoles; y de ahí a todo el mundo. Esa invención respondía a la necesidad de la contrarrevolución rusa de impedir la revolución proletaria y de propiciarse las alianzas militares necesarias para pervivir como tal contrarrevolución. ¿Por qué el núcleo constituyente nos resirve ahora esas palabras? ¿Qué se propone con ello? Nosotros, que hemos pasado largos años por las cárceles de Franco, no estamos dispuestos a unirnos con cuantos se dicen anti-franquistas, porque entre ellos hay quienes apoyaron a Franco hasta anteayer, y quienes le dieron la victoria durante la guerra civil; los partidarios de Moscú, cuyo gobierno es tan reaccionario como el del fascismo. No se puede proyectar la unidad y la acción común contra Franco, por la sencilla razón de que entre los exilados los hay aun mas capitalistas y reaccionarios que Franco. ¿Entonces?
Por lo que a "resistencia" toca, la vuelta al mundo que ha dado esa palabra desde el tiempo en que fué apareada a la destrucción de la revolución española, no es para remozarla, y menos para dignificarla. En el mejor de los casos significa aguante, en el peor movimiento nacionalista. Las diversas resistencias nacionales, impidiendo que la última guerra fuese transformada en revolución, nos han gratificado con el mundo actual. Eso basta para evitar todo parentesco con ellas. Y aguante lo ha habido en demasía; dura mas de veinte años. Lo que en España hace falta es un movimiento proletario que prepare metódicamente el ataque revolucionario al capitalismo.
Hablar claro es muy importante. No se puede luchar por la revolución para mañana camuflándola hoy.