Alarma, n.º 8, Mayo 1961 (págs. 24-26). PDF del número completo

El retraso en la aparición de este número de Alarma nos ha impedido comentar públicamente la huelga general ocurrida en Bélgica a principios de año. Sinembargo, todavía es indispensable hacerlo, por haber sido el acontecimiento mas importante de la lucha de clases mundial en los últimos años.

Pseudo-revolucionarios y burgueses a una nos hablan de "revolución afro-asiática" refiriéndose a los movimientos nacionalistas, de revolución argelina, congolesa, cubana, etc., allí donde se trata en realidad de querellas inter-imperialistas preparatorias de la futura guerra, y donde las aspiraciones y necesidades de las masas son falsificadas en servicio del capitalismo autóctono e internacional. En cambio, quienes ponderan como revolucionarios o progresivos esos regateos de guerra fría han sido ciegos para la huelga general de Bélgica. No han visto en ella, como la propia central sindical belga y el Partido socialista, mas que una lucha parcial en pro de una distribución de las cargas fiscales menos gravosa para los trabajadores. En resumen, hablan de revolución donde no existe mas que reorganización o afirmación del capitalismo, y de simple reorganización del capitalismo allí donde se produce una recia acometida revolucionaria.

El Partido socialista belga y sus sindicatos, adaptados desde hace muchos años a su capitalismo nacional, han olvidado la palabra revolución y ni siquiera pensaban en una huelga general contra la "ley única" (impuestos nuevos sobre la clase obrera). No pretendían, criticando esa ley, sino mantener su crédito de izquierda burguesa y ganar votos para las futuras elecciones. La huelga general estalló contra su voluntad, y como siempre en tales casos, hubieron de ponerse "a su cabeza", no para llevarla hasta sus últimas consecuencias sino para impedirle alcanzarlas. En Bélgica como en todos los países del mundo, la clase obrera está, desgraciadamente, encuadrada en organizaciones sindicales y políticas completa o parcialmente asimiladas al capitalismo, por mas que se digan comunistas o socialistas. La clase obrera constituye para ellas sólo una masa de maniobra con la cual acrecentar su poder dentro de las normas esenciales de la sociedad actual. Por eso la clase obrera encuentra invariablemente frente a ella esas organizaciones siempre que se trata de los problemas decisivos entre capitalismo y socialismo.

Ahora bién, la dinámica misma de la huelga general, apenas desencadenada, colocó los trabajadores belgas ante la necesidad de tomar medidas políticas, orgánicas y económicas de caracter socialista, o bién batirse en retirada. De la zona mas industrial y tradicionalmente combativa surgieron enseguida los gritos:

"Las fábricas a los obreros. Armas a los trabajadores. Los soldados con nosotros. Marcha sobre Bruselas. Apagar los altos hornos si necesario". Por otra parte, en numerosas localidades fueron elegidos comités obreros que un desarrollo de la lucha convertirían de necesidad en rodajes de un gobierno de la clase explotada. Era ese el camino del poder. Bruscamente, el proletariado belga se colocaba a dos pasos de la revolución social. Aun lucían los fuegos fatuos de la boda del rey con su cenicienta española, cuando palacio real y gobierno cristiano amenazaban ser suprimidos por la marcha de los huelguistas sobre Bruselas.

El Estado capitalista por sí sólo habría sido impotente ante una acción coordinada en pro de los objetivos referidos. Pero tenía a su servicio, temblorosos ante la inminencia de la revolución, todas las organizaciones existentes: partido socialista y sus sindicatos, sindicatos católicos, partido "comunista". Los sindicatos católicos se situaron descaradamente del lado gubernamental, si bién la mayoría de sus afiliados inclinaban a los huelguistas. Por su parte los socialistas, que en Belgica constituyen la fuerza orgánica decisiva, se bastaron para impedir la marcha sobre Bruselas, la toma de las fábricas, el armamento obrero y la transformación de los comités en organismos de poder revolucionario. Incluso los líderes sindicalistas mas cercanos a la clase obrera, cual Renard, contrariaron toda medida realmente revolucionaria, ya mediante ardides, ya mediante demagogia circustancial o diversiones regionalistas como la de "Wallonia francesa". El Partido "comunista" puso a contribución todas sus allí escasas fuerzas para impedir que la huelga se transformase en acción revolucionaria. Trató de provocadores a quienes hablaban de extinguir los altos hornos y se opuso terminantemente a la consigna, "Las fábricas a los trabajadores", que entre otras le fué presentada como proposición de acción común por la Juventud socialista.1 Los jóvenes que tomaron esa iniciativa ignoran, evidentemente, que los partidos ligados a Moscú no pueden aceptar que las fábricas sean tomadas por el proletariado salvo con una condición: estar seguros de poder quitárselas poco tiempo después.

Los sociólogos capitalistas han inventado la expresion "sociedad opulenta" (affluent society), para designar las naciones ricas o industrialmente desarrolladas, donde, contrariamente a los países poco desarrollados o "sociedades deprimidas", no se harían sentir necesidades revolucionarias. Mas vease Bélgica, país industrializado y "opulento": ha bastado una ley fiscal no mucho mas esquilmadora que cualquier otra para ponerlo al borde la revolución. No son conflictos sociales inmediatos e históricos lo que falta en los países altamente desarrollados, sino una organización revolucionaria del proletariado que los ponga en evidencia y los resuelva. El hecho de que la clase trabajadora esté sujeta ideológica y orgánicamente a partidos y sindicales que constituyen parte del capitalismo, impide que la necesidad de revolución social se manifieste, o que alcance su meta cuando, como en Bélgica, se manifiesta a pesar de todo. Contrariamente a

  1. Belgium, The general strike. An Agitator-New Generation publication. Londres, enero 1961. lo que pretenden los señores sociólogos, en países como Bélgica, Estados Unidos, etc., el proletariado sólo necesita romper el grillete de las organizaciones tradicionales para abocarse a la revolución. Aun sin previa ideación y concierto, cuando el proletariado se pone realmente en movimiento sus actos son de naturaleza socialista. ↩