Alarma, n.º 8, Mayo 1961 (págs. 26-27). PDF del número completo
Hemos dicho y reafirmamos en este número de Alarma, que el régimen castrista representa una contrarrevolución capitalista mas o menos asimilada al tipo ruso. Basándose en ese criterio hay que juzgar cuanto en Cuba ocurre y en particular la reciente fracasada invasión.
Desde el territorio de la Florida yankee organizó Castro, hace años, sus guerrillas contra Batista, y sin el apoyo moral, las armas y la propaganda americana jamás hubiese conseguido mantenerse y vencer. Desde el territorio de Estados Unidos o desde otros territorios a su influencia sometidos han sido organizados los desembarcos últimos y lo serán los futuros. Los "invasores" se dicen revolucionarios igual que Castro, muchos de ellos son sus antiguos colegas, y en realidad apenas son demócratas burgueses, lo mismo que parecía ser Castro antes de su virada hacia Rusia. En la contienda estuvieron "revolucionarios" frente a "revolucionarios", cubanos frente a cubanos, si, pero material de guerra americano frente a material de guerra ruso. Simultáneamente, Rusia y Estados Unidos proclamaban a los cuatro vientos que no habían intervenido ni se proponían intervenir.
Los Estados Unidos no ven en Cuba un régimen revolucionario, sino una cabeza de puente del ejército ruso, cuya permanencia les es intolerable. Poco antes de la invasión de los cubanos americanófilos, un Libro Blanco del gobierno americano acusaba a Fidel Castro de "haber traicionado la revolución cubana". Se vé que Washington empieza a aprender del gobierno ruso cómo servirse de la palabra revolución con fines capitalistas. Por su parte, Moscú utiliza al aventurero Castro principalmente para crear dificultades a Estados Unidos en América latina, pero lo dejará caer a la primera presión seria o a cambio de cualquier concesión en otra parte del mundo. No sin razón puede decir Walter Lippman de Khrutchef —con el que ha hablado recientemente— que considera normales los esfuerzos de Estados Unidos "para combatir un gobierno adverso en su zona de influencia" (France-Soir 20-4-1961). En realidad, el gobierno ruso, que en el futuro tendrá que hacer frente a sublevaciones como las de Alemania Oriental, Polonia y Hungría, debe asombrarse de que los americanos no hayan intervenido ya en Cuba siguiendo el ejemplo de su intervención en Budapest, y tiene el máximo interés en convenir con Estados Unidos: cada uno amo absoluto en su zona, sin intervención del otro, cual fué delineado en la conferencia de Postdam entre Truman, Stalin y Churchill.
Por eso puede asegurarse que Castro caerá a manos de Estados Unidos y sus "revolucionarios" cubanos, salvo entente estratégica, cosa que dificulta no la "ideología" o la moral de Castro, sino sus ya graves compromisos con el bloque imperialista ruso. Al proclamarse "democracia popular", el régimen castrista se confiesa capitalismo de Estado, sistema policíaco en todos los niveles. Las calumnias y los procesos estilo Moscú son ya en él procedimientos corrientes. Denunciarlo, combatirlo de palabra y de obra es indispensable para favorecer la causa de la revolución socialista y para hacer frente al imperialismo ruso hoy dominador, igual que al americano, que volverá a la carga. Todo revolucionario tiene el deber de rechazar el castrismo como una repugnante impostura jaleada por la contrarrevolución rusa y por una parte de la burguesía mundial precisamente porque, cayendo dentro del juego inter-imperialista, contribuye a desviar el proletariado mundial de su objetivo: la toma del poder. Los explotados cubanos son el factor humano con el que hay que combatir a Castro.