Alarma, n.º 9, marzo 1962 (págs. 19-20). PDF del número completo

Las mentes mohosas que dirigen España en nombre del españolismo y de la virginidad de María no tienen una sóla idea propia. Ahora se esfuerzan en traducir al castellano las patrañas sobre desarrollo industrial que corren por los cuatro puntos cardinales. Así, un tal Deleitosa, marqués y director de una de las principales corporaciones monopolistas, el Banco español de crédito, declaraba en reciente conferencia "Será posible efectuar las inversiones previstas en España para los próximos veinte años, sin peligro de inflación y sobre la base de un aumento del producto nacional de 5 a 6 % anual; del 18 al 20 % del producto anual se consagrará a la formación de capital fijo".

Sin peligro de inflación quiere decir restringiendo el consumo de las masas trabajadoras lo mas posible: salarios bajos impuestos por decreto, manera de que el dinero circulante sea escaso. Eso permitirá a los organismos económicos gubernamentales dirigir el mercado interior y orientar las inversiones hacia el capital fijo, o sea, la parte del capital constante representada por la maquina- ria y las instalaciones industriales, a excepción de las materias primas, combustibles, pago de salarios y otras inversiones móviles cuyo conjunto representa el capital. A su vez, eso requiere hacer las inversiones de capital fijo y de capital constante en general en detrimento de las industrias productoras de artículos de consumo. El crecimiento del capital aparecerá principalmente, si no todo, en el sector industrial productor de maquinaria y de artículos no consumibles, incluyendo la producción de guerra. Suponiendo, en consecuencia, que el régimen durase y llevase a cabo sus proyectos, dentro de 10 años el dispositivo industrial español sobrepasaría el índice 160, tomando el actual por base 100, y en 20 años estaría mas allá del 200, es decir el doble del actual. A eso aludía la ignorancia de Franco al decir en su discurso de clausura del congreso sindical: "estamos haciendo una revolución viva".

Lo que en verdad están haciendo es la vivisección a todos los trabajadores, vulgo, arrancándoles el pellejo. El nivel de vida obrero, reducido en un 30 % aproximadamente por la llamada operación de saneamiento, no sólo no aumentará en la misma proporción que el capital, sino que irá en constante disminución relativa respecto de él; y mas acusadamente aun respecto de la productividad del trabajo. El trabajo a destajo, la mas infame de las formas de explotación, constituirá pronto la regla, acentuada por las cronometraciones, las cadenas, las primas y bonificaciones, la introducción de máquinas ideadas para ocupar al segundo todo el tiempo del trabajador, y finalmente por la legislación laboral y los contratos de trabajo que impondrán los sindicatos. Por añadidura, el salario mínimo o de base, fijado a nivel ínfimo de intento, a fin de que nadie pueda vivir con él, forzará los trabajadores, mas aun que en el pasado, a pedir como un favor que les exploten una cuantas horas mas de las reglamentarias. En resumen, para que un trabajador aumente sus ingresos en un 5 o un 10 %, tendrá que aumentar su producción y con ella las utilidades del capital, no en 5 o en 10, sino en 40, 80 % o mas, según la perfección de las máquinas y las cadencias que los obreros se dejen imponer.

Se trata de un aumento del capital industrial mediante un explotación creciente y dirigida, "planificada" diría el gobierno ruso, que ha copiado, perfeccionandolos, los métodos del imperialismo americano (taylorismo); ese es el principio económico que se dispone a aplicar en España la reacción franquista. Consúltense, sobre tal problema, los números 6 y 7 de Alarma.

Toda industrialización conseguida por esos medios es reaccionaria en el doble sentido económico y político. Pero los trabajadores no podrán sustraerse a ella ni a la super-explotación consecuente sino negándose a cualquier aumento de la producción pequeño o grande, sea debido a perfeccionamiento de maquinaria o aceleración del ritmo de trabajo, a menos de que recaiga, completo, en beneficio de los trabajadores mismos. Un huelga en favor de esa reivindicación será la huelga decisiva, porque, convirtiendo el desarrollo industrial y técnico en función directa del bienestar de las masas, haría surgir espontáneamente la necesidad de expropiar el capital en su conjunto, desbaratar todas las instituciones que lo preservan y tomar el poder político. Mientras el proletariado no se oriente en tal sentido, se verá cada vez mas esclavo y humillado, gobiernen los fieles de Roma o los de Moscú.

(Cópiese la nota anterior por los medios que sea: a mano, a máquina, a multicopista, y distribuyase en los medios obreros firmando F.O.R.)