Alarma, nueva serie, n.º 1, septiembre de 1962 (pág. 11). PDF del número completo

Reforzada en el nuevo ministerio de Franco la representación de la iglesia (Opus Dei sobretodo), y del ejército, promulga una reglamentación que se pretende nueva y liberal. Las huelgas siguen prohibidas, pero caso de "conflicto" entre los trabajadores y sus empresas se intentará, primero, la conciliación por medio del sindicato; segundo, por mediación del ministro del trabajo; tercero, y caso de fracasar las otras dos, por medio de los tribunales del trabajo, que hasta ahora sólo tenían competencia sobre los conflictos individuales. Dicho por lo claro, el procedimiento será el siguiente: primera instancia, el sindicato patronal; segunda instancia, el ministro del capital; instancia definitiva, la ley impuesta por Franco.

Cara al mercado común europeo, que le pide una apariencia de cambio, a fín de contrarrestar la propaganda del COMECON (zona comercial rusa), la dictadura presenta la nueva ley como prueba de que en España se negocian arreglos, no se imponen, y que por lo tanto está en condiciones de codearse con "el mundo libre". A eso alude Franco al decir que España (o sea él) tiene "vocación europea". Ahora bién, cara a la clase trabajadora, que el régimen sabe despierta y en disposición de ataque, los arbitrajes sucesivos tienen por objeto cansarla y rendirla por hambre a cada huelga, alargando de escalón en escalón el regateo entre las dos partes, hasta que por fin los trabajadores capitulen o acepten algunas briznas.

Se trata de la antigua usanza de tribunales dichos paritarios: una representación patronal, otra obrera, y una tercera del Estado. Dos representaciones del capital contra una de los trabajadores. Aun suponiendo, cual era el caso bajo la República, que la representación obrera fuese designada por sindicatos no patronales, el capital obtiene por tal modo toda clase de seguridades. Y así seguiría siendo aun en el supuesto de que la representación obrera fuese democráticamente elegida, y los designados para ella revolucionarios intachables. Franco simplifica las cosas; todas las instancias son patronales, a comenzar por la sindical. Manda a los obreros, como quién dice, de un guardia civil a otro.

Pero en las próximas huelgas las cosas no ocurriran como la dictadura quiere, sino como estén en condiciones de decidir la fuerza y la conciencia revolucionaria de los obreros. Nosotros sólo podemos recomendarles rechazar todo arbitraje, el de primera y el de última instancia, y no aceptar mas decisión que la decidida en asamblea general de los trabajadores interesados, exceptuando todo intervención de los representantes sindicales. Es el camino obligado para poner mañana en manos de los trabajadores la producción y la distribución de bienes, además del poder político.