Alarma, nueva serie, n.º 2, enero de 1963 (págs. 10-12). PDF del número completo
NOTA. Traducimos el presente artículo del Workers News Bulletin, órgano de la Workers' League de Londres, con la cual Fomento Obrero Revolucionario mantiene relaciones amistosas, si bién discordantes sobre ideas de importancia. Es una respuesta crítica a nuestro volante A todos los huelgistas españoles, actuales y futuros, publicado con motivo de los conflictos de la primavera. Tras la crítica se leerá nuestra contra-crítica. ALARMA
La huelga de los mineros asturianos ha revelado claramente que el dictador Franco ya no es capaz de ejercer un control total de la clase obrera, cual ha sido el rasgo esencial del régimen durante un cuarto de siglo. A ojos del sector clave de la clase capitalista española, tal indicio hace digno del sacrificio al fascismo franquista, y por consecuencia dicho sector tiene una identidad de interés temporal con la clase obrera, en lo relativo al deseo de desembarazarse de Franco.
A fin de valorar la importancia de la huelga minera y la naturaleza de la contribución activa que para comprender la situación y clarificar los objetivos puede aportar el movimiento revolucionario (y los revolucionarios españoles en particular), es necesario examinar con todo detalle el trasfondo de la lucha y el poderío relativo de las fuerzas implicadas.
Antes de la huelga y del subsecuente despliegue de la magnífica acción de solidaridad por parte de los obreros de Vasconia, Cataluña, Madrid, Andalucía, que además comprendía, de hecho, la iglesia católica, los monárquicos y sectores clave de la clase capitalista, uno de los problemas de creciente preocupación para la burguesía era cómo desembarazarse de Franco sin perder el control de los obreros.
La huelga se convirtió en el foco de la resistencia creciente al régimen de Franco de todos los sectores de la población, con lo cual ha cambiado de naturaleza el dilema con que se enfrenta el capitalismo español. Puesto que ya no se puede confiar en Franco para controlar a los obreros, deja de ser útil a la clase capitalista y por consecuencia sólo es ya un obstáculo para la continuación del desarrollo capitalista. La base social de su posición en España ha sido muy socavada por el desarrollo del capitalismo, que merma las supervivencias del feudalismo.
Ahora, el objetivo urgente inmediato del capitalismo español es obtener la entrada al mercado común europeo. Es muy significativo respecto a esto que la clase capitalista mire a Franco como comprometedor, perjudicial al éxito de su solicitud de ingreso, por cuanto los países miembros del M.C.E. están más que preocupados por la solicitud recibida de un país económicamente atrasado a cuya cabeza se halla un hombre que goza de apoyo feudal activo.
La falta evidente de una apreciación del trasfondo político de la huelga de los mineros ha sido uno de los factores que han contribuido a lo inadecuado y fatalmente limitado del programa de demandas contenido en un volante distribuido en la cuenca minera por Fomento Obrero Revolucionario, un grupo español radicado en la emigración.
El volante, recientemente publicado, traducido al inglés, en Workers News Bulletin bajo el título A todos los huelguistas españoles, actuales y futuros, va, en el mejor de los casos, a la zaga de los huelguistas respaldando la acción ya emprendida, y en el peor hace confusa en lugar de clarificar la comprensión de la importancia de la huelga en el conjunto de la lucha de los obreros españoles contra el capitalismo.
El contenido esencial de ese volante puede resumirse en dos encabezados: la naturaleza de las consignas económicas inmediatas; y un programa de acción concebido con el objeto de llevar a cabo esas consignas inmediatas, integrándolas a los objetivos políticos. Bajo el primero de esos encabezados, las consignas se resuelven en el aumento del salario básico (incluyendo la incorporación de las primas, pluses de destajo etc.), lo que es de hecho un aumento del salario real (una de las consignas para asegurar lo anterior es, todo incremento de la producción a los trabajadores), reducción de la duración del horario semanal de trabajo, etc. En resumen: aumento del salario real sin incremento de la cuantía de explotación. Naturalmente, esas consignas son revolucionarias, diametralmente opuestas a los beneficios básicos, motor de la sociedad capitalista, y como tales requieren una acción revolucionaria basada en un programa revolucionario. Fomento Obrero Revolucionario no aporta ese programa.
En el segundo de los encabezados supradichos, el programa político puede exponerse así: extensión de la huelga a la península entera; la victoria de los huelguistas requiere la creación de un "nueva organización revolucionaria"; la victoria abrirá el camino a demandas revolucionarias crecientes; debe precipitarse la caída de Franco (¿cómo?, no lo explica el volante); y se hace llamamiento a la creación de núcleos revolucionarios independientes "similares al nuestro" (es decir a F.O.R.) Ese programa va acompañado de frecuentes advertencias contra el imperialismo de tipo americano o el capitalismo de Estado ruso. PUESTO QUE LA TRADUCCION INGLESA DE ESE VOLANTE HA RECIBIDO LA APROBACION DE SUS AUTORES, SOLO SE PUEDE DEDUCIR QUE SU CONFUSION Y LIMITACION, EN SENTIDO REVOLUCIONARIO, ES PRODUCTO DE LA DEBILIDAD TEORICA DE LA TENDENCIA REPRESENTADA POR ESE GRUPO.
Es justo reclamar la extensión de la huelga minera. Las demandas inmediatas de los mineros son comunes a todos los sectores de la clase obrera española.
En la España de Franco, el derecho de huelga y de organización en sindicatos independientes (por oposición a los sindicatos controlados por Falange) es una consigna revolucionaria. Ella arrastra a la totalidad de la clase obrera a choques directos con el aparato estatal del enemigo de clase; no puede ser obtenida por un sector de la clase obrera luchando en un frente limitado.
El éxito parcial conseguido en tal sentido fué generalmente limitado a demostraciones de solidaridad, que nunca son un substituto de la huelga general, ni cabe confundir con ella.
En toda lucha de clase los obreros crean sus comités propios o soviets, para llevar adelante su lucha. En el caso de los comités establecidos por los mineros españoles, la tarea era extender la huelga en escala nacional y asociarse la clase entera, a fin de obtener las peticiones en el período de tiempo mas breve posible, sin agotar los recursos y la moral de los huelguistas.
Ha sido una debilidad considerable del volante de F.O.R. no hacer llamamiento claramente definido al establecimiento de comités obreros nacionalmente ligados a través de comités locales y regionales.
Si la huelga minera se hubiese convertido en huelga general, lo probable es que sus peticiones hubiesen sido satisfechas por la clase capitalista. Pero sin un partido revolucionario, la acción de los obreros, incluso admitiendo un eslabonamiento nacional de comités obreros, habría conseguido a lo sumo eso como resultado máximo, más la posible reintroducción de la democracia burguesa.
Sin la meta del Estado obrero, primer tarea de un partido revolucionario, la huelga general no es mas que la movilización de la clase obrera, y ésta agotaría a la clase obrera antes que a los capitalistas. Con la meta política del partido revolucionario la huelga general puede convertirse en apertura de un conflicto decisivo. Frases vagas del volante de F.O.R., como la de "una nueva organización revolucionaria", pueden ser interpretadas, es presumible, como referen- cia al papel del partido revolucionario.
Puesto que la continuada lucha de los mineros es una lucha revolucionaria en la España de Franco, debe ser corolario necesario un llamamiento para arrojar a Franco. La reivindicación de desembarazarse de Franco encuentra apoyo en todos los sectores de la sociedad española, y como tal debe sugerir una política de frente único: marchar separados pegar juntos.
En todo momento la clase trabajadora española debe conservar su independencia y libertad de acción.
Con la caída de Franco, esa independencia hará posible el asalto obrero contra la sociedad capitalista entera.
Colin Henry
Publicado en Workers News Bulletin, Londres 22-9-62