Alarma, nueva serie, n.º 2, enero de 1963 (págs. 1-9). PDF del número completo
La cháchara anti-rusa de Franco está destinada, sobretodo, a explotar la cobardía y la ignorancia de las clases conservadoras españolas, procurando asociar en su imaginación la obra revolucionaria de 1936 al partido stalinista1. Pero esas clases no pueden dejar de recordar que el tal partido fué destructor y no autor de dicha obra, por lo cual ellas mismas se identificaron con él en la zona roja. Franco defiende, así diciendo, su posición personal de dictador frente a la inclinación de los reaccionarios españoles a entenderse mas pronto o mas tarde, a la manera italiana o a la polaca, según determinen las circunstancias, con el aparato político stalinista. De ahí las rabietas del discurso sobre la penetración "comunista" en las organizaciones católicas (H.O.A.C., J.A.C., etc.) y sobre el liberalismo como "una de las puertas principales por donde el comunismo penetra". El rencor de Franco se endereza también a Estados Unidos y otras potencias occidentales porque, viendo en lo que él llama "baluarte del occidente" una ruina peligrosamente resquebrajada, cabildean la sucesión:
"Nuestra prosperidad y nuestra paz interior les duele e irrita y, por ello, se pretende llevar su infiltración (la del liberalismo) a todas las organizaciones nacionales..."
Una revolución comunista no puede triunfar por infiltración de cualesquier instituciones nacionales, sino mediante la disolución de todas ellas y la creación de instituciones proletarias electivas, que lleven a efecto la desaparición de las clases y del Estado. Si los hombres de Moscú se introducen en los organismos actuales (los tiene Franco incluso en su policía) eso basta para demostrar que sus miras son reaccionarias. En cuanto al liberalismo o democracia capitalista, ya se ha visto lo que daba de sí en España. La alta burgue-
Quizás lo mas grotesco de los argumentos de Franco sea su insistencia en presentarse como avanzada ideológica y militar de Occidente. Con mas verosimilitud que él y potencial de fuego incomparablemente mayor, Hitler y Mussolini se erigieron, hace 20 años, en campeones del anti-comunismo, creyendo así obtener carta blanca contra Rusia. Cálculo fallido. Estados Unidos e Inglaterra se aliaron a Rusia, le suministraron toda clase de material de guerra y vituallas; aquellos fueron vencidos, extendiéndose enseguida el dominio ruso, siempre con la venia de Estados Unidos e Inglaterra, desde Europa central hasta China. Todo eso fué posible únicamente porque la revolución rusa de 1917 había sido aplastada, el proletariado de aquel país reducido a la esclavitud, los revolucionarios asesinados por el partido gobernante. No dejaba éste, por necesidad de engaño, de llamarse comunista, pero sus cuadros dirigentes eran desde mucho antes un amasijo de ex-revolucionarios traidores y aburguesados y antiguos reaccionarios. En suma, los imperialismos "democráticos" no tenían la menor necesidad de Hitler y Mussolini, puesto que el gobierno ruso era ya entonces, de hecho, el mas acabal y eficaz enemigo de la revolución comunista. Por eso hoy la España de Franco no es, para Estados Unidos, mas que un territorio de bases militares del cual ni siquiera es indispensable pagar puntualmente el alquiler.
La calidad de las buenas o malas relaciones entre Rusia y el mundo occidental está hoy mas clara que en 1941. ¿Peligro de revolución comunista auspiciada por Moscú y sus partidos? NINGUNO, pero sí de extensión de la influencia económica y militar del que ha venido a ser nuevo imperialismo rival. De eso están bién percatadas las clases reaccionarias españolas, y en primer término su partido político tradicional, la iglesia, que a más de su experiencia en Italia, donde ella señorea gracias a la mansedumbre del partido de obediencia rusa, cuenta con la experiencia de Europa oriental, donde ella devuelve la deferencia bajando los ojos en beatífica oposición a Moscú2. Se trata pués para los partidos pro americanos, de asegurar la sucesión de Franco evitando el influjo del imperialismo ruso, y para los secuaces de éste de ofrecer garantías a la reacción nacional a fin de traerla a composición con Moscú. El riesgo de una revolución comunista procede del proletariado español, no a causa sino a pesar de Moscú y su partido indígena, y para soslayarlo, reacción española e imperialismo occidental a una echarán mano precisamente de los tópicos mas manoseados y falaces del liberalismo. Cuando el proletariado ataca, el capitalismo no dispone de otro recurso para desorientarlo y vencerlo. No solo hallarán para tal faena la experta colaboración stalinista, sino que ésta podría revelarse otra vez, igual que en 1936, decisiva para aniquilar la revolución. A Moscú, repitámoslo mil veces, debe Franco el poder.
"Todo cuanto ocurre o puede ocurrir en España es una consecuencia natural de nuestro crecimiento y vitalidad (...) Si estas escaramuzas pueden conmover otras estructuras políticas débiles y vacilantes, no afectan a nuestra salud política (...) En el fondo y dada nuestra fortaleza, no es malo que surjan problemas que pongan a prueba nuestros sistemas y nos permitan perfecccionar nuestros instrumentos".
Todas las dictaduras se vanaglorian de desarrollar la economía nacional gracias al orden que imponen. Impidiendo mediante la represión que los trabajadores se defiendan y ataquen dan rienda suelta al absolutismo político y económico del capital, propiciando su crecimiento. Pero, crecimiento del capital nacional no significa, ni mucho menos, bienestar y libertad de la mayoría de la población, la trabajadora. El sólo hecho de que para ampliarse el capital requiera maniatar y amordazar a los millones de hombres cuyo trabajo asalariado lo crean, indica que su desarrollo se efectua en detrimento de éstos. Por grande que sea en tales condiciones la expansión de la economía, se trata de una expansión reaccionaria, porque suprimiendo su forma capitalista y la explotación del trabajo humano en que se basa se conseguiría un incremento mucho mayor, en provecho de los trabajadores, de la libertad y de la civilización en general.
Un ejemplo ayudará a comprender lo anterior: en 1936, la economía fué socializada por los trabajadores en la mayoría del territorio español. Si la revolución no hubiese sido yugulada y el poder entregado a Franco, el desarrollo económico, efectuándose entonces con el único objeto de aumentar continuamente el consumo, la libertad y la cultura de la población en general, habría adquirido un ritmo vertiginoso. Los perfeccionamientos técnicos hubieran servido para aliviar el trabajo humano produciendo, simultáneamente, un número creciente de artículos de consumo. Hoy tendría el país un nivel de vida de los mas altos del mundo y gozaría de una democracia plena, como solo puede conseguirse en sociedades sin explotadores ni explotados, es decir, donde los instrumentos de producción no son propiedad de nadie, ni la fuerza de trabajo una mercancia. La derrota de la revolución social dejó libre curso a la explotación del trabajo por el capital. Tal es la paz social de que tanto se envanecen los hombres de "la Cruzada", en el fondo la misma que reina en los presidios. Han tenido enteramente a merced de ellos, durante 25 años, la capacidad productora de riqueza de millones de trabajadores, pero aun así, el crecimiento del capitalismo español es risible comparándolo con el de otros países. Como dictador capitalista, Franco semeja mas a Godoy que a Hitler y Stalin. Su paz presidial exige ser rota para bién del proletariado y de la humanidad.
Por otra parte, no se necesitaba ningún crecimiento capitalista suplementario para reanudar la ofensiva socialista de 1936-37. Era indispensable, sí, reponerse de la tremenda sangría padecida entonces. Era preciso que una nueva generación entrase en liza. Y eso es lo que ha empezado a producirse —¡enhorabuena!— con la marejada huelguística primaveral. La revolución social vuelve por sus fueros, porque no hay otra salida al atascadero de la sociedad actual. La nueva generación se halla ante una recurrencia de la situación de 1931-37. Si sabe evitar las asechanzas de los partidos políticos de entonces, que hoy la lisonjean, en su mano tendrá la victoria y un porvenir grandioso.
Escaramuzas instintivas de exploración en descubierta han sido las huelgas de abril y mayo, y nuevamente las de agosto. Pero eso bastó, no ya para conmover, sino para estremecer seriamente al régimen. Los huelguistas astures que han visto llegar guardia civil y policía armada por trenes repletos, ametralladoras y fusiles apuntados ventanilla afuera, pero el pulso tembloroso, han podido palpar la debilidad real del régimen. Su propio parapeto militar y policíaco empieza a cuartearse. La vitalidad que aun le queda no le es propia; le viene de la política conciliadora, medrosa, cuando no reaccionaria de las organizaciones de oposición. Mientras mas se supedite el proletariado a éstas, peores serán los resultados. Una huelga general organizada directamente por comités obreros desligados de influencias católicas, stalinistas o reformistas, daría al traste con Franco pulverizando sus bases estructurales, y nos colocaría a canto de la toma del poder por el proletariado, primer acto de la revolución social. La misma huelga canalizada por las referidas tendencias, unidas o separadas, dejaría intactas las estructuras represivas y económicas del franquismo, suponiendo que no fuese vencida, e inmediatamente el nuevo gobierno "anti-franquista" se revolvería contra los trabajadores.
Diciendo que los conflictos huelguísticos le han permitido perfeccionar sus instrumentos, el dictador alude tácitamente a sus tres pilares fundamentales: policía, ejército e iglesia. Pero también sobre eso miente, sabiendo por añadidura que no le cree siquiera la claque que lo ovaciona. La iglesia le renovó su apoyo durante las huelgas y el ejército siguió el ejemplo, porque de no haberlo hecho así la dictadura se habría derrumbado verticalmente, probabilidad que espanta a cuantos la han servido... y aun a muchos de la oposición. Sinembargo, ambos organismos seguirán tomando paulatinamente distancia respecto de la persona del dictador. Sabiéndolo en sus últimas, y siendo ellos base permanente de la sociedad de explotación, en España muy particularmente, han de procurar salvar ésta sacrificando aquel. Por eso mismo se esfuerzan en hacerlo de la manera mas suave e inócua posible, conservando ellos los resortes sociales. La situación ha venido a ser tal, que quienes erigieron la dictadura se ven hoy forzados a procurar su desaparición por miedo a la cólera de las masas. Es el proceso de descomposición inexorable de un régimen que no tenía ninguna misión que cumplir, salvo la inmunda de retener al país en la degradación pisoteando conciencias y cuerpos. Mas la iglesia y el ejército, como el capitalismo en general, se hallan en el mismo caso. Si todavía intentan prolongar su existencia mas allá de la del franquismo, al proletariado corresponde enviarlos a la fosa común de la historia.
Tocante a los perfeccionamientos policíacos que pueda introducir Franco, de escaso auxilio le serán ya. Le darán, a lo sumo, una satisfacción vesánica suplementaria, pero la represión no se ejerce ahora contra un proletariado extenuado y diezmado, sino fresco para el combate y cuya moral será cada vez mejor, pese las innumerables emboscadas de la mayoría de quienes se proclaman amigos suyos. Añadamos que la policía franquista la heredará y usará cualquier gobierno que no sea el gobierno revolucionario del proletariado.
Respecto al problema de los salarios suscitado por las huelgas, Franco se limita a repetir los rudimentos del principio fundamental de la explotación capitalista que acaban de enseñarle sus expertos, torpes alumnos, a su vez, de los extranjeros realmente expertos en la materia. Oiganse sus balbuceos:
"... debe hacerse llegar a los trabajadores todos que el pretender mejorar sistemáticamente los salarios, sin que la producción aumente, y cuando la situación de las empresas no lo consiente, constituye una quimera de imposible realización. Cuando los costes de los productos extraidos y fabricados suben, sin aumentar paralelamente la producción, se cae precipitadamente en la espiral de la inflación, en que el movimiento acelerado de los precios marcha irremediablemente por delante de los salarios".
Que una o la totalidad de las empresas no resista, como dice el caporal, las mejoras sistemáticas de salarios, no es razón para que los obreros se sometan y acepten la miseria como remuneración. Expropiadas por los trabajadores, cambiada su función capitalista en función socialista, sí puede aumentarse sistemáticamente el consumo de los trabajadores. Lo que Franco pide es que los obreros renuncien a la vida, a fin de que las empresas aumenten sistemáticamente sus beneficios, amplien sus inversiones de capital y acrezcan, como consecuencia, su imperio económico sobre los trabajadores, sobre la sociedad en general.
Es falso que la inflación provenga del aumento de los salarios. En España los salarios reales han disminuido en más de 30 por ciento en los últimos dos años, por obra de la estabilización económica. La misma prensa reaccionaria extranjera reconoce que el coste de esa operación lo han pagado los asalariados. Sinembargo, la inflación no ha desaparecido aunque enjugada en parte, provisionalmente sólo. La razón es que procede, no de lo que ganan los trabajadores, pués cualquiera que sea su salario no representa mas que una pequeña parte del valor de lo que producen, sino de los gastos supérfluos, antisociales, del Estado, de la propia industria y del comercio. Inflación significa una circulación monetaria excesiva por relación al volumen de mercancías ofrecidas a la venta. En ese caso, los precios suben, es decir, baja el valor de la moneda comparado con el de las mercancías; en otros términos, pierde capacidad de adquisición la unidad monetaria, y para el obrero lo ganado a la hora, al día, etc. Ahora bién, los gastos supérfluos representan sumas fantásticas, decenas de miles de millones de pesetas anuales entre unas cosas y otras. Son, además de los militares, de policía, clero, iglesia, burocracia estatal y privada, también los gastos originados por el comercio y por innumerables trabajos parasitarios en la industria: cronometradores, contramaestres, vigilantes, burócratas, etc. El dinero puesto en circulación por esos conductos, sin compensación en las actividades productivas o siquiera útiles a la sociedad, es lo que crea la inflación, que agrava aún el despilfarro de las clases poseyentes.
Así se explica el párrafo siguiente, en el cual Franco cree elevarse al rango de gran economista:
"Las mejoras que las remuneraciones del trabajo hayan de tener han de salir principalmente de las mejoras de producción, de la modernización de la maquinaria, del perfeccionamiento de la organización del trabajo y del esfuerzo del propio trabajador".
Sin ambages, lo anterior significa que los gigantescos gastos supérfluos y antisociales del Estado y del capitalismo en general han de ser cubiertos y compensados mediante una intensificación del trabajo y de la productividad de los obreros, de cuantos hombres realizan funciones útiles, sean las que sean. Y como incentivo de mayor producción se concede a los trabajadores una parte minúscula del valor de su producción adicional. De ahí las primas a la producción, al número de piezas, el destajo en sus múltiples formas, incluyendo las horas extraordinarias, sistema de explotación intensivo, del cual los "aumentos" obtenidos por los mineros de Asturias son ejemplo inequívoco. Después de la huelga, el capital les pagará un tanto por tonelada, a partir de cierta cantidad mínima de carbón extraído. Mas si comparan el jornal que así recibirán con el valor de su nueva producción, verán que representa una parte de ésta MENOR que antes. Ha habido pués disminución y no aumento de salario real. En cambio, las empresas recogen, enteramente gratis, muchos miles de toneladas de carbón, gracias al perfeccionamiento de que el dictador habla.
Los planes económicos que la dictadura empieza a poner en ejecución se basan exclusivamente en este viejo principio realizado ahora mediante una combinación de técnica, presión económica y represión policíaca: arrancar al trabajador una cantidad de productos cada vez mayor a cambio de cada peseta de salario. Trátese de un individuo o de la clase asalariada en su totalidad, el objetivo del capitalismo es achicar la parte de los salarios por relación al valor global de los productos. Si un obrero producía por valor de 1.000 pesetas y ganaba cién, produciendo por 1.500 a cambio de 125 su salario experimenta una importante baja. Sólo para conservar el mismo salario real debería ganar 150 pesetas.
No doy mas que un ejemplo simple. En el engranaje industrial la desproporción entre el valor de las mercancias y los salarios, es decir, entre la utilidades del capitalismo y el condumio que representa la paga de los obreros es mucho mas acusada, si bién difícil de establecer con precisión, salvo para grandes conjuntos económicos, debido a la complejidad de operaciones que intervienen en la elaboración y el transporte de la mayoría de los productos. Los nuevos planes tienden a acusarla todavía mas mediante la supresión del salario fijo o su reducción a una cantidad base insignificante, introduciendo primas, porcentajes y controles que obliguen los trabajadores a dar una producción creciente. Organización del trabajo y modernización de la maquinaria se revuelven así con- tra el proletariado, cuyos aumentos de paga, conseguidos a costa penas, le son pronto roidos por la elevación de precios e impuestos. La divisa reaccionaria es: "¿Quereis ganar más?; aumentad de 30, 50, 100 por 100 la producción y se os darán unas migajas".
Los trabajadores deben saber que esa es la divisa del capitalismo actual, no solo del régimen franquista, divisa que en España será mantenida por cualquier otro régimen, con la sóla excepción del proletariado mismo en el poder. El capitalismo decadente necesita apretar cada día más el grillete de la explotación. Y el procedimiento es el mismo en los países dichos democráticos que en Rusia y sus satélites. Contrariamente a lo que haga creer a los trabajadores la falsa información franquista, en éstos últimos países se aplica con implacable rigor la citada divisa, que ni siquiera enmascara la fórmula allí oficial: "A cada uno según su capacidad". Si bién el partido español de obediencia rusa aprovecha la triste condición del proletariado para hacerse popular, en las naciones donde sus colegas gobiernan la parte económica del discurso de Franco no puede ser publicada y criticada, porque los obreros no verían diferencia alguna entre lo que recomienda el dictador español y el sistema a que están sometidos ellos. La impostura saltaría a los ojos. Una cita oficial probará lo anterior. La tomo de la revista "Problemas de la paz y del socialismo", editada en numerosas lenguas, portavoz oficial de los pretendidos partidos "comunistas y obreros". En el número correspondiente al 7 de julio de 1959 habla un tal Bruno Köhler del incremento de la producción en Chécoslovaquia como resultado directo del sistema de salarios:
"El principal objeto de la reorganización (de salarios) es intensificar el interés material de los trabajadores empujándolos a elevar su especialización para aumentar la productividad del trabajo y mejorar los índices económicos.... Para conseguir ese resultado es necesario un sistema de diferencias de salarios que haga mas ventajoso económicamente el trabajo efectuado en condiciones difíciles y el de los obreros especializados".
Dividir la clase obrera en categorías rivales a fin de dominarla más fácilmente e impedirle distinguir su interés común contra los explotadores, tal es el método enunciado en la cita anterior, bién conocido de los reaccionarios en cualquier parte. El mismo Köhler escribe que en Checoslovaquia la paga de las diversas categorías responde estrictamente a la "correlación entre productividad, trabajo y salario". Y da el ejemplo siguiente:
"En 1958 el plan general de producción sobrepasó en la industria en 11,3 por ciento el nivel de 1957. En ese año la productividad del trabajo aumentó de 7,4 por ciento y el salario medio de 2,2 por ciento".
Franco habría podido expresarse con cifras parecidas, pues sus palabras sobre sistema de salarios coinciden con las del "comunista" checo por el contenido y por la forma misma. En efecto, esos métodos de extorsión científica de la clase trabajadora intenta ahora generalizarlos Franco. El peligro de que mañana llegue al poder el partido español de filiación rusa, lo que la falsificación constante de la propaganda fascista facilita, hacen indispensable alertar contra esa eventualidad a los trabajadores, y poner ante la evidencia a los hombres que, dejándose engañar por una palabra, toman a dicho partido por una organización realmente comunista. Véase pues la política económica definida en el XXIIº congreso de la casta gobernante en Rusia. El programa en él aprobado dice así de manera general:
"... asegurar en todas partes un crecimiento máximo de la producción por cada rublo invertido, reducir los plazos de amortización de los fondos empleados..."
Y de manera particular:
"Es indispensable perfeccionar constantemente los sistemas de salarios y de primas, controlar, MEDIANTE EL RUBLO, la cantidad y la calidad del trabajo, RECHAZAR la nivelación de la retribución, refor- zar las formas colectivas de estímulo material que incitan el interés de cada trabajador en ver elevarse el nivel de funcionamiento de toda la empresa"3.
A Franco, cuyo "plan de expansión" económica se basa en ese mismo anunciado, así como a los funcionarios españoles de la reacción rusa que en nombre del anti-franquismo aspiran a gobernarlo, el proletariado debe responder luchando incesantemente por MENOS TRABAJO Y MÁS PAGA, y TODO AUMENTO DE PRODUCCION A LOS TRABAJADORES que lo realizan. Es la senda de la revolución y de la futura sociedad comunista.
En la época actual, cuando todas las condiciones requeridas para la realización de la revolución proletaria mundial están colmadas, salvo la existencia de un partido apto y suficientemente conocido de las masas, el desarrollo de la economía capitalista, cualquiera sea el régimen político que la presida, no puede efectuarse sino en detrimento material de las masas trabajadoras, de la libertad, de la cultura, de la solidaridad humana por encima de razas y fronteras; en detrimento de la civilización como devenir del hombre. La guerra es el objetivo y el motor principal de ese desarrollo, al cual los países encabezados de los dos bloques militares subordinan su "ayuda" a los países atrasados, y a ciertos movimientos políticos dentro de éstos. La monstruosa concentración del capital en manos del Estado o de inmensos monopolios que de ahí resulta, confiere a ese Estado un potencial de opresión material e ideológica tanto mas destructor cuanto más "planifica", tanto mas reaccionario cuanto mas científico sea.
La concentración del capital, una vez suprimida la libre concurrencia de mercancías, tiende a suprimir también la libre concurrencia en el mercado de la fuerza de trabajo. La libertad de que antaño disponía el obrero —incluso bajo las peores dictaduras— de aceptar o rechazar las condiciones de pago y el lugar de trabajo ofrecido por el capital, ha desaparecido ya en gran parte incluso en los países en que todavía quedan restos de la democracia burguesa. El Estado o los monopolios dictan, siempre asistidos por los sindicatos, las condiciones en que el obrero ha de venderse y frecuentemente el sitio donde ha de trabajar, quiéralo o no. En todas partes, el salario fijo y la jornada de ocho horas desaparecen, ya de derecho, ya de hecho. La cantidad considerada como jornal mínimo o de base, muy insuficiente para malvivir siquiera, es intencionalmente calculada para forzar los trabajadores a aceptar la remuneración al destajo, a solicitar horas extraordinarias, a rivalizar con sus propios camaradas con objeto de ofrecer a los explotadores cada vez más mercancías a cambio de cada peseta, cada rublo, cada dollar ganado. Y mientras más perfectas son las máquinas, más ha de insudar y embrutecerse el trabajador. En la mayoría de las familias no basta el salario paterno; la mujer también tiene que dejarse coger en el ciclo triturador de la producción ampliada de capital. La esclavitud engendra así la esclavitud en proporciones aterradoras. Tal es el único procedimiento de desarrollo posible de la economía capitalista actual, de oriente a occidente y de norte a sur.
La causa última de ese desarrollo industrial esclavizante y ultra-reaccionario está en la derrota de la revolución mundial que se inició en Rusia con el entronizamiento de la burocracia stalinista durante la década 20 y prosiguió mediante el desbarate de diversos intentos revolucionarios en otros países, redondeándose con el aniquilamiento de la revolución española de 1936-37. Puede establecerse como regla que sólo suprimiendo la actividad revolucionaria del proletariado consigue desarrollarse el capitalismo, pués como sistema de asociación humana está caduco desde hace decenios. En efecto, las necesidades sociales reclaman, y las posibilidades técnicas consienten, un desarrollo económico incomparablemente superior; pero éste es irrealizable sin romper antes las estructuras
Después de su tirada de economista en cierne, Franco cierra su muy estudiado discurso jactándose de buena salud y longevidad, y amenazándonos con una continuidad póstuma de su garrote:
"Hay quienes torpemente especulan con mis años4. Yo sólo puedo decirles que me siento joven como vosotros, que detrás de mí todo quedará bién atado y garantizado por la voluntad de la mayoría de los españoles, de los que, con el Movimiento, constituís nervio y conciencia, y por la guardia fiel e insuperable de nuestros ejércitos".
El franquismo es un caso muy singular entre todas las dictaduras modernas. Ninguna otra se ha mostrado tan inestable e incapaz de dar cima a su propio objetivo reaccionario. Ha vivido, en efecto, improvisando expedientes y maniobras al tuntun, según se presentaban los acontecimientos; ha traicionado sin recato juramentos solemnes y amigos propios; intentaba ser un rebrote (anacrónico) del españolismo imperial y no ha hecho mas que rampar desde sus primeros días ante los poderosos del Planeta, desde Hitler y Mussolini, hasta Kennedy, Khrutchef y de Gaulle; se pretende —ante su propia galería— un régimen de orden prestigioso, cuando en realidad sus propios cómplices internacionales lo miran con desdén, y su orden no sobreviviría 24 horas a la desaparición del terror policíaco. Las afirmaciones de Franco sobre el "adelanto de España", las "realizaciones" y el porvenir histórico de su régimen, no son mas que payasadas en las cuales ni sus propios secuaces creen.
Mucho mas lerdo de lo que se sabe tiene que ser el dictador para pensar un sólo instante: "detrás de mí todo quedará bién atado", aun suponiendo que, como otros profesionales de la guerra y la tortura policíaca, él muera en la cama. Sus leyes y preparativos de sucesión son enteramente nulos, téngase por cierto. Y la voluntad "de la mayoría de los españoles" es tan mala, que nadie querrá aparecer como su continuador, ni aún aquellos mismos que desearían prolongar la dictadura clerigo-militar. En el peor de los casos, ocurrirá como en Rusia: los propios íntimos del dictador se verán en la necesidad de renegar de él, a fin de poner a recaudo sus haberes y poderes. En realidad eso está sucediendo ya.
La confianza real de Franco para el futuro va a lo que él llama "la guardia fiél e insuperable de nuestros Ejércitos". En los cuadros profesionales del ejército hay que situar, ciertamente, una de los principales peligros para la nueva revolución. Otros amenazan igualmente, tanto mas temibles cuanto mas embozados de obrerismo aparecen. No sólo la milenaria iglesia remozada de "demócrata cristiana", máquina de pensar tradicional de la reacción ibérica, sino
A todos esos enemigos habrá que vencer en escala peninsular si no queremos rebotar de un despotismo a otro. Guiado por su magnífica experiencia, una nueva etapa de la historia universal puede ser abierta por el proleteriado español. El galardón vale el empeño.
Agosto 1962
G. Munis
La primera parte de este trabajo fué publicada en el número anterior de Alarma, que puede solicitarse. sía, la iglesia, el ejército, Franco mismo se presentaron, antaño, como liberales. En febrero de 1936 llegaron incluso a jurar por dios y la virgen fidelidad al frente popular, cuya legalidad les permitía preparar la militarada. Papel semejante están llamados a desempeñar los liberales que surgen hoy de todas las covachuelas del régimen, cual ratas en nave a pique. Para ellos, la democracia burguesa ya no es mas que un cínico ardid conscientemente utilizado para extraviar y paralizar la acción revolucionaria de los oprimidos. Franco debiera felicitarse de verlos aparecer, pués son en todos los casos, díganse cristianos o "comunistas", concuerden o disputen entre sí, equipos de reserva de la sociedad capitalista. En cambio, los trabajadores no gozarán de libertad y derecho a la vida reales sino a partir de su propio ejercicio del poder político y de la administración económica, previa disolución de todas las instituciones capitalistas. ↩
En Italia, donde la iglesia es también uno de los capitalistas mas poderosos, el trust del petróleo, estrechamente ligado a ella, hace negocios fabulosos gracias al trust ruso, que le ofrece precios inferiores a los del mercado mundial. Los propios países satélites pagan mas caro el petróleo ruso que la iglesia católica. Tranquilizándose a sí mismo, el dictador continua perorando: ↩
"Controlar mediante el rublo" significa no conceder ningún aumento de salario sino previo aumento de la productividad obrera de valor muy superior al pago de salario adicional. En resumen: mil maneras de destajo y otras mil formas de "organización del trabajo" que pongan al obrero en la obligación de mendigar horas extraordinarias, mas explotación. existentes, en primer término la forma asalariada del trabajo humano, fuente de la expropiación de los trabajadores y de la corrupción social generalizada. En esa expropiación cotidiana tiene su base la acumulación del capital, y por consecuencia todas las formas de opresión económica y de tiranía política, así como el antagonismo entre Estados que causa las guerras. Las exigencias de consumo de la sociedad, a comenzar por sus estratos pobres, son ilimitadas. Unicamente partiendo de ellas, convirtiéndolas en motor directo del desarrollo económico, alcanzará éste el máximo en cada instante y florecerá el hombre en plena libertad. De ahí que el lema: ¡Menos trabajo; mayor consumo! (bajo el capitalismo el consumo obrero lo raciona el salario) esté llamado a desempeñar un inagotable cometido revolucionario internacionalmente. Ni el aparato político de la iglesia ni el aparato político obediente a Moscú, las dos fuerzas capitalistas principales que se disputan la herencia de Franco, conseguirán ahogar un movimiento obrero decidido a convertir el lema en hecho. Poder proletario y organización comunista del mundo están en perspectiva de la lucha por su realización. ↩
Según las reseñas oficiales del discurso, en este instante el auditorio, bién amaestrado sinembargo, estalla en clamorosa ovación. Dijérase que, dejándose llevar por el subconsciente, piensa: "Muérete ya". también el partido representante del capitalismo de Estado ruso. Frente a todos ellos, el proletariado no tiene más que reanudar la obra de 1936-37 y darle cima. Unas cuantas y malas armas bastaron, el 19 de Julio de 1936, para dar cuenta del ejército, la policía y sus sacros inspiradores. En cuanto al partido de Moscú, el proletariado supo reconocerlo durante la guerra civil como el más anti-comunista de los partidos, y derrotarlo en Cataluña, arma contra arma, en las jornadas de mayo de 1937. ↩