Alarma, nueva serie, n.º 1, septiembre de 1962 (págs. 1-7). PDF del número completo

La marejada huelguística de los meses de abril y mayo ha debilitado las bases orgánicas de la dictadura y cambiado la psicología de las clases sociales. Las clases dominadas han vuelto a levantar cabeza y hacer uso de su derecho; las dominadoras han tenido que ponerse en actitud defensiva y darse a la busca de recursos y tretas que les eviten un próximo retorno revolucionario. La tenacidad de la lucha iniciada en Asturias y su extensión a tantos otros lugares del país desconcertó por completo a los gobernantes, acostumbrados a poderlo todo mediante la represión. El propio dictador no se atrevió a hablar públicamente de las huelgas sino más de un mes después de empezadas, cuando su número e intensidad decrecían. Necesitaba asegurarse antes el respaldo de sus dos pilares fundamentales: la iglesia y el ejército. Sólo después de haber obtenido de la una y del otro el visto bueno se encaminó Franco al monte Garabitas, símbolo de su victoria sobre los trabajadores, la única batalla que jamás ganara. Desde allí habló sobre las huelgas y su régimen a una turba de oficiales del ejército, activos o de complemento. Así ha querido recordar a los huelguistas que su régimen es botín de guerra y que por ley de guerra entiende perpetuarlo.

Los trabajadores de 1962, continuadores de los de 1936, deben responder a Franco argumento por argumento y armarse de su razón para estar pronto en condiciones de desarmar y desbaratar a sus enemigos.

La voz aflautada del dictador dejo oir desde el principio el siguiente:

"Otras veces os dije que en los momentos de conmoción de España fueron siempre las clases medias españolas, las clases estudiosas, los estudiantes, los que dieron el nervio y la savia a los movimientos de independencia. Así en el año 1808 (...) Lo mismo ha pasado en nuestra Cruzada. Se necesitaba quien encuadrarse a las masas de ciudadanos, a los voluntarios que querian que la Patria no se hundiese..."

A ninguna boca reaccionaria, le está permitido reivindicar la fecha de 1808. El día 2 de mayo de ese año el pueblo de Madrid se echó a la calle insurrecto y el corrompido Estado monárquico se desplomó. A partir de dicho día no tuvo otra realidad que la de las tropas de ocupación. Las armas que disparaban sobre los fusilados de El Pardo, tal como se vé en el famoso cuadro de Goya, eran la verdadera representación del viejo Estado español, del orden según lo entienden los Fernando VII y los Francisco Franco.

Ocurrió entonces en toda España, habida cuenta de la diferencia de época y de cambios sociales a efectuar, algo comparable a lo sucedido el 19 de Julio de 1936. En esa fecha también, los trabajadores se lanzaron contra el ejército nacional en las principales ciudades, y lo vencieron en furiosa, desigual batalla, hecho que, desvencijando el Estado capitalista, inició la revolución social. Y así como a partir de 1808 cuanto había de reaccionario en el país (familia real, Consejo de Castilla, Consejo de la Inquisición, Consejo de las Indias, clerecía y nobleza cortesana en general) corrió a postrarse de hinojos ante Napoleón, así Franco y los suyos fueron a implorar socorro a Mussolini, Hitler y a los sacerdotes de Mahoma. Mercenarios moros, italianos y alemanes, armas fascistas y nazis fueron, en 1936, la primer concreción del Estado español. El paralelo se extiende al dominio político. En efecto, después de 1808, el antiguo despotismo borbónico no consiguió renacer sino por la indecisión de los liberales para desembarazarse de la monarquía, del dominio del clero y de la nobleza. Estos, apoyados por Inglaterra y su ejército, reintrodujeron a Fernando VII, consiguiendo poco después restaurar el absolutismo. De igual modo a partir del 19 de Julio de 1936, los partidos pseudo-revolucionarios de la zona roja, el de obediencia moscovita en primer término, se opusieron a la revolución social, con más eficacia que las tropas fascistas, desencadenaron la represión sobre el proletariado, lo desarmaron, le arrebataron sus conquistas, pusieron así la victoria militar al alcance de Franco. Sin la obra de esos partidos jamás habría padecido España 25 años de terror policíaco.

Los hombres de 1808, el Empecinado, Riego, Lacy, Mina, a quienes se refiere Franco, fueron llevados al patíbulo por el clericalismo borbónico redivivo, u obstinadamente perseguidos, cual los liberales de las cortes de Cadiz y la propia multitud insurrecta del 2 de mayo. Franco invoca pérfidamente a esos hombres, pues él es, social y mentalmente, directo descendiente de quienes ahorcaron a los mejores de entre ellos. ¿Como, si no, habría podido desencadenar la devastadora represión que segó centenares de miles de vidas, y mantenerse hoy mismo sin otro apoyo real que el de la fuerza?

El acto de Garabitas ha sido esta vez más que la celebración de un suceso. Un grito de alerta y miedo escapó involuntariamente a Franco, pese lo muy elaborado de su discurso, en las siguientes palabras: "... en momentos de conmoción de España..." La conmoción son las porfiadas huelgas de los mineros astures y las numerosas repercusiones que en todo el país suscitaron. En ellas y en los hombres que luchan contra la tiranía y la explotación cercados por sicarios, acechados por alevosos amigos, está la flor y la hombría del país, luminosa esperanza revolucionaria para España y para el mundo. Contra ellos pretende Franco concitar a los mercenarios de ayer y a los de hoy. Tal es el "acto de presencia en el ruedo ibérico" al que acudió en su calidad evidente de primer matarife de España.

Y líneas después:

"Ante las embestidas que desde fuera se lanzan periódicamente contra nuestra Patria, dirigidas por las fuerzas ocultas del comunismo, nada puede ser más tranquilizador para los españoles, que contemplar el recio espíritu y la fidelidad de estos nuestros alféreces provisionales..."

Hablaba el discurseante en el monte Garabitas y para privilegiados de su régimen únicamente. Si en vez de ese sitio hubiese escogido el monte Naranco y hablado a los mineros, habría contemplado las verdaderas fuerzas ocultas de su futura destrucción: las de la clase trabajadora en iracunda lucha contra la explotación y el despotismo. Y en lugar de la claque que jalea cada una de sus sandeces, mil voces habrían podido responderle lo que es aspiración inmediata instintiva y necesidad histórica de los oprimidos: "¡Menos trabajo, más paga, plena libertad!".

Por lo demás, en la hora actual nada tranquilizador puede haber para Franco y sus españoles. Ni la parada ostentosa de sus alféreces provisionales (y tan provisionales ya), ni las siniestras manipulaciones al vergajo que tienen lugar en los calabozos de la guardia civil y la brigada social, ni el miedo de ejército, policía y capitalistas a un ajuste de cuentas, ni la viscosa doblez de la iglesia, que compadeciéndose ahora de pobre trabajador prepara la salvación de sus capitales y de su dominación política. La huelga minera ha iniciado un nuevo giro de los acontecimientos. La situación será cada vez más favorable a la lucha de los trabajadores. Tan pronto como éstos entren en acción unánime, las fuerzas franquistas se revelarán impotentes. Abandonarán sin recato a su jefe, y sólo pensarán —en lo recóndito están pensándolo ya—, en sobrevivir poniendo sus capacidades represivas a subasta entre los partidos "antifranquistas" arrimados a uno de los dos bloques militares en que está dividido el mundo.

Sigue tergiversando el "caballero de Cristo" con el descaro de quién puede meter en la cárcel a cualquier contradictor:

"No se trata ya de la lucha franca y noble, de la que un día se desarrolló en nuestros campos de batalla, sino de los procedimientos inconfesables, de la difamación y de la calumnia, de la compra de conciencias y del fomento de traiciones (...) No ocurre suceso en nuestra patria, por minúsculo que sea, que no se aumente y sonorice en el exterior si esto puede perjudicarnos o dañarnos".

¿En qué consisten la falsificación y la calumnia? Franco no se atreve a precisarlo, porque cada uno de los lectores de su discurso vería en ellas otras tantas realidades permanentes del régimen. Lo mismo si se trata de la bestialidad de la represión, de la miseria de los trabajadores y el desenfreno crapuloso de los poseyentes, que del pisoteo diario de la dignidad y la valentía personales, de la ausencia de las mas elementales libertades o de la estulticia y la ignorancia obscurantista de los gobernantes. No hay manera de difamar a un régimen que premia el servilismo y la cobardía mientras castiga (¡y con qué saña!) la gallardía, la rebelión frente a la miseria y el despotismo, y hasta la simple honradez. Ese régimen es por su sóla existencia infamante, y degrada a cuantos se le someten.

Es mentira que en el extranjero se publique, aumentándolo, lo que ocurre en España. Lo contrario es la verdad. La prensa de todos los países, la de "izquierdas" incluida, silencia las brutalidades y vesanías que en España conocen cuantos han pasado por manos de los "representantes del orden". Esa prensa disminuyó la importancia y la duración de las huelgas de abril y mayo, dándolas por terminadas cuando todavía continuaban. Igualmente, hacía creer a sus lectores que no había represión, mientras en Asturias policía uniformada y secreta estaban en plena actividad. Al escribirse estás líneas, todavía la represión sigue haciendo víctimas, sin que la prensa de los países dichos democráticos diga apenas nada.

La "compra de conciencia y el fomento de traiciones" indignan tanto a Franco porque sabe muy bién que los jerarcas de su aparato estatal son, sin excepción casi, conciencias en venta. La impunidad además del precio, es lo único que piden. Y llegado el momento del derrumbe se venderán a cualquier postor con tal de seguir medrando. La venalidad es el rasgo más peculiar de la burocracia franquista, sea del Estado o de las organizaciones auxiliares, sindicales, religiosas, militares. La corrupción es inseparable del despotismo, consecuencia natural de la arbitrariedad desenfrenada de arriba abajo. Es preciso, es indispensable para regímenes tales que el poder dé acceso a la fortuna o a la centuplique. La corrupción, de largo tiempo generalizada en las estructuras gubernamentales, es el gran aliciente del "mantenimiento del orden", y una de las primeras razones de existencia del régimen.

Franco sólo se queja de ella en la medida en que puede ser utilizada por otros en las maniobras de substitución de su gobierno. Esos otros son los llamados demócratas cristianos (franquistas en retirada) y el propio partido de Moscú, mas en general cuantos hablan de "reconciliación nacional". Proponiéndose gobernar con el mismo personal que Franco, teniendo por mira el desarrollo de la "economía nacional", es decir, de la explotación capitalista, han de ofrecer a los estamentos y funcionarios del régimen tanto y más que su actual "caudillo".

Los revolucionarios no pueden valerse de la venalidad burocrática, no sólo por desprecio de la corrupción en general, sino porque su mira es acabar con cada una de las instituciones capitalistas e incorporar los sujetos aptos al trabajo productivo. Eso es cuanto podemos ofrecer a los sirvientes de Franco. Ni queremos, ni debemos atraérnoslos por ningún concepto, pues traicionaríamos nuestros propios principios. Entre estos figura en primer plano la destrucción del aparato estatal capitalista, medida que se hace indispensable para la continuidad de la civilización y que constituye hoy el cometido histórico inmediato del proletariado en cada país. Quienes lo rehuyen o buscan la complicidad de las actuales instituciones —o de sus hombres— trabajan sordamente contra la revolución social; mañana aparecerán, cual Franco hoy, como sus enemigos inmediatos.

La hipocresía, la deslealtad, la ocultación de finalidades son, igual que la utilización de la venalidad, impropias del proletariado y perjudiciales a su causa. La lucha revolucionaria ha de ser directa y lo mas explícita posible, enseñanza práctica e ideológica indispensable para que los explotados adquieran conciencia de la decisiva transformación social que tienen al alcance de la mano. Los partidos u hombres que pretenden ocultar sus verdaderas finalidades y engañar al enemigo para facilitar tácticamente la victoria obrera, engañan únicamente a los obreros y tienen por finalidad verdadera el capitalismo en cualquiera de sus matices mundiales. Llámense como se llamen, se situan sobre la misma base social que el dictador Franco. Lo desleal y vil es atributo obligado de reaccionarios, cuyos fines son siempre inconfesables. Así para Franco es desleal e innoble la admirable lucha huelguística de abril y mayo; noble y digno, en cambio, hacer apalear a los huelguistas por sus esbirros, conducirlos por la violencia al trabajo, encarcelarlos, hacerlos condenar por sus tribunales militares o civiles, retirarles las migajas de derechos que su legislación consiente, o bien prohibir la asistencia a las escuelas de los niños no bautizados. Tiene por noble y digno, en una palabra, tratar al trabajador como una bestia de tiro y a cada habitante como un siervo despreciable y despreciado.

En España no pasa nada, nadie tiene gesto de rebeldía si no es por influencia e instigación extranjera, dice el hombre de Mussolini, de Hitler, del Vaticano, y hoy de Washington. Así ha sido, según él,

"... desde la leyenda negra (...) desde cuando se maquinaba en todos los momentos de nuestro resurgimiento para evitar la grandeza y la prosperidad de España. En esta orquestación de adversarios lleva la dirección la Rusia de los soviets, que gasta centenares de millones en la propaganda radiada, en la compra y captura de agentes, ...etc.1

Por suerte, "constituimos el punto mas importante de la resistencia política occidental; somos el país donde, con vuestro esfuerzo, el comunismo ha sido por primera vez derrotado y sabe bién que en este orden somos el baluarte mas firme de todo el Occidente."

La leyenda negra no es evocada mas que para desviar la atención de estos 25 años de abyecta y nada legendaria tiranía: centenares de miles de asesinatos, sin contar los muertos en batalla, millones de años de condenas distribuidos a voleo, el vergajo y la tortura convertidos en instrumento principal de gobierno, y la asistencia a los ejercicios "espirituales" en condición de ascenso y prosperidad económica. Venticinco años de absolutismo han originado un descenso casi contínuo del nivel de vida de las clases pobres y un retroceso medieval de la cultura. Los propios instrumentos capitalistas de producción, cuyo crecimiento tiene siempre un automatismo peculiar, se han desarrollado mucho menos que en otros países de parecido nivel. En suma, el balance político-social de la Cruzada es aterrador. Y las grandes potencias mundiales, lejos de haber puesto dificultades a Franco le han facilitado y siguen facilitándole su estragadora labor.

Si Rusia fuese país comunista, cual insiste en decir Franco al unísono con quienes en Rusia han destruido la revolución comunista, entonces, antes de llegar él a adjetivarse Caudillo habría sido fusilado por decisión de los trabajadores, o bién habría marchado a engrosar la colonia de tenderos gallegos de la Argentina, donde desde luego estaría mas en su puesto. Si halló facilidades para sublevarse y mas tarde para instalarse en Madrid, débelo, mucho mas que a la ayuda de Mussolini o Hitler, a la política de Moscú, ya entonces redondamente anti-proletaria. Por aquella época precisamente, el gobierno de Stalin asesinaba a todos los compañeros de Lenin y Trotzky,2 artífices de la revolución de 1917, y daba rienda suelta al capitalismo de Estado. En España fueron también Moscú y su partido español quienes, en el corazón mismo de la zona roja, combatieron premeditadamente la revolución hasta aniquilarla, consintiendo así el avance de las tropas de Franco. Las armas rusas que tanto ha inflado éste para dar a su victoria una calidad militar que no tiene, sirvieron, antes que nada, para destruir la revolución, y aunque pagadas caro nunca fueron enviadas en cantidad suficiente para igualar siquiera en número a las del enemigo. Al mismo tiempo, Rusia vendía a Mussolini grandes cantidades de petróleo, que éste traspasaba directamente a Franco para sus aviones de bombardeo y demás vehículos de guerra. En fin, para Rusia era indispensable matar una revolución que, extendida a Europa, habría causado la ruina de la nueva contrarrevolución stalinista. Apuñalándola ella misma por la espalda se hacía acreedora, además, a la alianza de uno de los dos bloques imperialistas de entonces. Todavía no cesaba el combate de la guerra civil, cuando Hitler y Stalin concluyeron secretamente un acuerdo por el cual España, con Franco por Führer, era adjudicada a Alemania como zona de influencia, de igual manera que lo fué la mitad de Polonia, y la otra mitad a Rusia.

Hay pues que responder a Franco: "No déspota falsificador, la conspiración de Rusia ha sido contra la revolución española; a esa Rusia de la contrarrevolución stalinista debes tu el poder, y el capitalismo al que representas una prolongación de existencia socialmente regresiva".

En la batalla directa del 19 de Julio de 1936, las masas explotadas, aunque mal armadas, hicieron morder el polvo al ejército nacional y a toda la vieja reacción. Por mas que Rusia y las otras potencias mundiales les entregasen luego el poder, ese ejército, esa reacción siguen virtualmente derrotados. Derrotados por los trabajadores y deshonrados por su propio proceder. La fuerza moral de los oprimidos, que se abre de nuevo camino, espanta a los propios turiferarios del dictador. Sólo necesita adquirir conciencia de sí, organización, y la obra del 19 de Julio será llevada a feliz término.

En ningún país como en España están las clases e instituciones capitalistas tan de antemano condenadas a desaparecer rápidamente caso de ofensiva general de los explotados. Los gobiernos del mundo lo saben, todos, comenzando por el ruso y terminando por el americano. Esa es la verdadera providencia de Franco. El mismo estaba convencido, al terminar la guerra mundial, que los vencedores "anti-fascistas" lo evacuarían hacia cualquier país. Con gran sorpresa suya y de numerosos militantes obreros mas incautos que sagaces, los vencedores, ciscándose en sus propias promesas, decidieron retener en el poder a la caricatura española de Hitler y Mussolini, limitándose, para desahogo de las galerías, a una falsa ruptura de relaciones. Todas las legaciones diplomáticas siguieron abiertas en Madrid y los agregados comerciales en actividad. Fué precisamente en esa época cuando, en los pasillos de la O.N.U., representantes oficiosos de Franco entraban en relaciones con los titulares rusos. Algunos años después, Molotov en persona abriría a Franco las puertas de la organización capitalista internacional. Franco es un amigo del que todo el mundo se avergüenza, pero al que todos protejen de diversa manera por miedo al muy probable derrumbe de las estructuras capitalistas tras el derrumbe del personaje. Cierto, Rusia quisiera ver desaparecer las bases militares americanas y la actual política exterior española. Le gustaría tener en el poder un aliado directo, o por lo menos un Nasser o un Nerhu. Estados Unidos vería con mejores ojos un gobierno vaticanista a la italiana, o incluso, si llega el caso, una especie de Tito, cuyos métodos patente rusa no le impiden, como se dice en el lenguaje diplomático "comprender a Washington". Pero la desaparición revolucionaria de la dictadura les da calofrío. En suma, los dos cabezas de bloque militar y sus respectivas caudas, lejos de hostilizar al régimen franquista le están prolongando artificialmente la existencia desde hace mas de quince años.

Una verdad aislada puede servir para falsificar la verdad completa. Es lo que hace Franco al hablar de los millones gastos por Rusia en propaganda, soborno de conciencias etc. La cifra a tal objeto asignada asciende a miles de millones. Adicionándole las cantidades correspondientes a los demás paises rusificados, el total debe sobrepasar muy ampliamente la suma anual de todo el presupuesto del Estado franquista. Bastaría aplicar al designio de derrocar a Franco por pequeña parte de esa fabulosa suma gastada en propaganda y soborno para que el poder se le escurriese entre las manos al "generalísimo", con tanta mayor facilidad que su aparato gubernamental es hoy uno de los mas venales de Europa. Pongamos ahora por caso que esa parte del presupuesto propagandístico ruso —decenas de millones anuales por cálculo corto— fuese lealmente adjudicada a preparar el advenimiento de la revolución en España. Se habría podido crear una vasta organización ilegal permanente, con imprentas, emisorias de radio, poderosos recursos de defensa y ataque anti-policíacos, publicación regular de periódicos, revistas, folletos, volantes de agitación, y una vasta red de relación entre los trabajadores de todo el país capaces de mantener en jaque al gobierno. Un generación de hombres nuevos habría sido educada en las ideas y en la acción revolucionarias. La confianza en una victoria próxima realzaría la moral combativa del proletariado, en lugar de haberse sentido, con entera razón, abandonado a merced del aparato represivo gubernamental.3 Es indudable que en tal caso la dictadura habría desaparecido hace bastantes años. Para favorecer esa actividad, debe añadirse, Rusia no tenía necesidad de gastar un sólo céntimo de su propio presupuesto. Habría bastado holgadamente consagrar a tal finalidad siquiera los interesas del tesoro del banco de España enviado a Rusia por Negrín, mas de 1.500 millones de pesetas oro. En moneda de hoy habría que multiplicar por 20 o 30.

Muy deliberadamente, el gobierno moscovita se ha abstenido de hacer tal cosa. Larga, sí, subsidios personales y propagandísticos a sus funcionarios españoles. Pero todo ese dinero, como el que por otra parte dedica a la merca y captura de conciencias franquistas o de intelectuales trepadores, hace apenas daño a la persona del dictador, y ninguno al capitalismo. Inútilmente se buscarán las palabras revolución social o insurrección proletaria en la propaganda stalinista. Su táctica y su estrategia apuntan a la reconciliación nacional en lo inmediato, y en lontananza al capitalismo de Estado. La táctica se ajusta perfectamente al objetivo final. Ahora, en el instante preciso en que el proletariado empieza a levantar cabeza y a reanudar la ofensiva contra sus enemigos, los fieles de Moscú vienen a recomendarle reconciliarse con ellos, es decir, con la burguesía, la iglesia, el ejército, la policía, y los falangistas si no Falange misma. Eso es una nueva puñalada trapera al proletariado en lucha.4

No es de extrañar que, durante la oleada de huelgas de abril y mayo, el partido español de Moscú ofreciese su "colaboración leal" a las tendencias pro-americanas, a fin de asegurar la sucesión pacífica (léase reaccionaria), de Franco. Con el mismo motivo, el flamante secretario general del tal partido, Santiago Carrillo, coadjutor de Pasionaria, se expresaba así en una interviú publicada en l'Humanité del 22 de mayo:

"El Partido comunista ha propuesto a todos los partidos de oposición, monárquicos comprendidos, un plan de acción por via pacífica, para ampliar la lucha, para formar un gobierno de amplia concentración nacional, sin discriminación, que tome el poder provisionalmente hasta que tengan lugar elecciones por las cuales decidan los españoles libremente el destino del país. Si se llegase a una fórmula de ese género, que dé garantías a los trabajadores, a las masas populares, a amplios sectores sociales, a ciertas instituciones (como la iglesia y el ejército) alejándolas de Franco, se aceleraría el aislamiento del régimen, el franquismo estaría en la imposibilidad de continuar usurpando el poder. Así se abriría la posibilidad de un desarrollo pacífico de la democracia".5

¿Quién se movería en España para derrocar la dictadura si ha de ser ofreciendo garantías al ejército y la iglesia, las dos bases principales del franquismo y del capitalismo español en general? Evidentemente, ningún obrero con un poco de conciencia de clase, ningún revolucionario. Carrillo no habla en realidad para unos ni para otros; habla para los jerarcas franquistas que quiere y necesita atraerse. Esa política no tiene nada que ver con la de una organización revolucionaria. Se trata, por el contrario, de una redomada política anti-comunista, puesta en ejecución por un partido a quién la denominación "comunista", ha servido ya en numerosos países para destruir la revolución y someter la clase trabajadora a la dictadura omnímoda del capitalismo de Estado. Igual que todos los partidos ligados por intereses e ideología a la contrarrevolución stalinista rusa, el partido "comunista" español tiene una meta reaccionaria propia. No lucha contra el régimen actual sino en la medida en que puede favorecer los intereses de su bloque militar, y perfilarse como futuro propietario de todo el capital español, a más de la plusvalía arrancada a los trabajadores; en una palabra, como capitalista en jefe. Por eso se presenta desde ahora como amigo y salvador de los capitalistas individuales, de la iglesia, del ejército, de los sindicatos.

Así pués, al contrario de lo que afirma Franco, propaganda, dinero y maniobras del partido stalinista español contribuyen a conservarle el poder tanto y mas que la represión policíaca, puesto que reducen al mínimo la capacidad de acción de las masas y la orienta contra los propios intereses de éstas. Pero los servicios son recíprocos. Si el partido español de Moscú hace en tal forma el juego de Franco, éste le devuelve el favor con creces achacándole todas las huelgas y acciones de protesta que se producen. El prestigio falso que le confiere, la enorme propaganda gratis que le hace (a menos que también Franco esté pagado por Moscú) redunda, en fin de cuentas, en beneficio del sistema capitalista. Por encima de bloques militares y de demagogias, entre reaccionarios anda el juego. Con ligeros cambios terminológicos, el discurso del Garabitas podría haber sido pronunciado en el XXII congreso, achacando las actividades huelguísticas —que también se producen en Rusia y con igual y mayor represión— a agentes del imperialismo americano o de Franco, tanto vale.

(Continuación en el próximo número, octubre)

G. Munis

Continúa en la segunda parte, publicada en el n.º 2 de la nueva serie (enero de 1963).

  1. Tal cual: desde la leyenda negra (siglo XVI) la Rusia "de los soviets" lo maquina todo. La Providencia divina que nos ha dado a Franco por dictador, no tenía, evidentemente, por qué examinarlo antes de gramática. Su saber es todavía inferior en otras materias. ↩

  2. Khrutchef era entonces colaborador muy cercano de Stalin, ejecutor de los asesinatos y falsificaciones judiciales por éste ordenados en Ukrania. ↩

  3. Mundo Obrero, el periódico stalinista, está fechado en Madrid, pero se escribe e imprime en el extranjero, de igual manera que la estación emisora llamada "Pirenaica" (después Radio españa independiente), se halla en país satélite de Rusia. La calidad antirrevolucionaria de la propaganda de uno y otra es evidente para quienquiera conozca el ABC del marxismo. ↩

  4. Crítica completa del programa stalinista, en mi folleto Cuatro mentiras y dos verdades. Política rusa en España. ↩

  5. Subrayados mios. ↩