Alarma, nueva serie, n.º 2, enero de 1963 (págs. 28-29). PDF del número completo
Una "conferencia extraordinaria" convocada hace ocho meses por el Buró Latino-americano (B.L.A.) eligió un nuevo Comité Ejecutivo, probablemente el propio B.L.A., tomó la decisión de expulsar a Pablo, Frank, Germain, Maitan, y de crear nuevas secciones francesa, italiana, cingalesa, belga, más una española sacada no sabemos de donde. De sopetón, el nuevo Comité Ejecutivo revela que la sección americana (S.W.P.) y la cingalesa (Lanka Sama Samaja) "han abandonado el marxismo", que las personas expulsadas, o sea el Comité Ejecutivo depuesto, eran intelectuales pequeño-burgueses escépticos que abandonaron la posición revolucionaria frente a la guerra, y se oponían a la concepción del B.L.A.
Seríamos los primeros en congratularnos si las decisiones y adjetivaciones de la Conferencia llevasen el respaldo de ideas y actitudes consecuentes. Blasonarse de bolchevique y proletario como hace el nuevo C.E. no es mas que un pobre truco polémico del que ya abusaron hasta dar nauseas Pablo, Cannon, da Silva etc. Las ideas y los hechos no necesitan darse autobombo. ¿Hay en la nueva dirección esos hechos, esas ideas netamente distintos de los de la dirección expulsada? Nada hasta ahora autoriza a pensarlo. Las ideas principales son comunes a expulsados y expulsadores: defensa nacional de Rusia y satélites, en la consabida calidad de "Estados obreros degenerados", apoyo a los movimientos nacionalistas gratuitamente calificados de "revoluciones anti-imperialistas" o "permanentes" (lo cual, por sí sólo, es menchevismo, y da esquinazo a la revolución permanente de 1917 identificándola con los Kerensky actuales, que están muy a la derecha del de entonces), alharacas castris- tas de pura demagogia de guerra fría, cuya verdad es el apabullamiento de los trabajadores en Cuba. Y para la nueva dirección como para la expulsada, el programa de transición sigue siendo enteramente válido, cuando en realidad está más sobrepasado por las necesidades inmediatas y por la experiencia que el de los bolcheviques a la caída del zarismo.
La nueva dirección tacha de pacifismo y capitulación a la otra por haber censurado, al parecer, las experiencias nucleares rusas, mientras la nueva ve en ellas un saludable ejercicio de "la preparación de las masas para la guerra mundial atómica", la idea de cuya inevitabilidad, pretende, es la posición revolucionaria legítima. Radicalmente falso. Cualquier principiante revolucionario sabe que no es inevitable la guerra sino en caso de que el proletariado permanezca inerte y no derroque al capitalismo. Ahora bién, quienes identifican ese derrocamiento con regímenes a la Castro, Mao Tse-tung o Khrutchef juegan muy malapasada al proletariado, lo encadenan en la medida de sus fuerzas y quiéranlo que no, al juego criminal de los bloques militares.
Si Rusia se prepara para la guerra inter-Estados no sólo mediante experiencias nucleares, sino también mediante experiencias papamoscas a la Castro, la conclusión cae por su propia gravedad: se trata de una potencia capitalista más. La lucha de clases ha de ser llevada al corazón mismo del imperialismo americano por sus propios trabajadores, pero eso no pueda ser hecho en nombre del Estado ruso, que pisotea y denigra a su proletariado como ningún otro, ni, claro está, por quienes le ofrecen "apoyo crítico". Los internacionalistas tienen las mismas tareas políticas y económicas que cumplir en Rusia que en Estados Unidos. Quienes rehuyen tal responsabilidad se incapacitan para hacer nada en los países indutrializados de Occidente, y del proletariado del bloque ruso sólo recibirán el mas afrentoso y justificado de los desprecios.
Así pues, tocante a la guerra nuevos y antiguos dirigentes ocupan en lo esencial la misma posición. Acaso no se distingan, cual Mao Tse-tung y Khrutchef, sino en matiz de ahogo y desahogo momentáneos. Mas justificada parece, pero sólo a primera vista, la acusación a Pablo, Maitan, Frank de haberse comprometido hasta la capitulación con el nacionalismo argelino. Prevaricación evidente, pero que viene de lejos, de la defección del internacionalismo durante la guerra, en aras de las resistencias nacionales. Ahora bién, algunos de los nuevos dirigentes Latino-americanos, ¿no dieron por buena esa prevaricación en el congreso de 1948? De ahí arranca la degeneración de la IV Internacional, por nosotros combatida desde sus primeros síntomas. No es ahora sorprendente que su secretario general, Pablo o Raptis, haya sido acogido, tras su avatar holandés, en calidad de alto consejero económico del musulmán Benbella. Indiquemos que una de las primeras medidas de éste (¿revolución permanente, camaradas del B.L.A.?) fué impedir que los salarios de los obreros aborígenes alcanzasen el mismo nivel que el de los obreros europeos de categoría igual.
El nuevo Comité Ejecutivo da la impresión, sí, de ser mas combativo, pero por desgracia su emplazamiento ideológico le llevará a perder lamentablemente los progresos que su vigor y la situación le permiten por el momento. El está desempeñando, respecto de Castro, el mismo papel que el antiguo respecto del F.L.N. Continua dentro del oportunismo en que durante la guerra sumergieron a la IV Internacional los partidos americano, francés, inglés y cingalés. Sin subsanar las dejaciones oportunistas y errores en que se ha incurrido desde entonces, imposible preparar a la nueva generación para las arduas, pero prometedoras tareas en perspectiva. En realidad, esa rectificación no sería más que el primer paso indispensable para traer a concordancia la teoría revolucionaria y la trágica cuanto rica experiencia de los últimos cuarenta años. A "los esclavos de viejas fórmulas" (León Trotzky) lo revolucionario les pasa por las narices sin verlo, mientras señalan como revolucionario escorias del pasado.
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