Alarma, nueva serie, n.º 3, mayo de 1963 (págs. 18-19). PDF del número completo

Hemos recibido de corresponsales desconocidos varios comunicados sobre la delación policíaca en las fábricas, reveladores del miedo creciente de las autoridades a la actividad política de la clase obrera. Desde las huelgas del año pasado el gobierno está al quién vive, temiendo que en cualquier instante se inicie en alguna comarca industrial una huelga que se generalice a todo el país. Y para tomar medidas preventivas contra los obreros mas conscientes y osados en primer lugar, procura situar chivatos en determinados lugares de trabajo. Pero como introducir en las fabricas policías profesionales disfrazados de obreros es poco útil, porque los trabajadores no tardan en darse cuenta de la calidad del hombre, son requeridos para esos bajos servicios de fisga y escucha obreros de profesión que no pueden inspirar sospecha. He aquí un breve relato procedente de la zona industrial de Bilbao:

"Juán trabaja en un empresa mediana, mal pagado como todos y sujeto a un reglamento interior insoportable. Un conocido le ofreció mejor trabajo en una de las mayores empresas del contorno, donde no se le exigirían horas extraordinarias, y le puso en relación con "una persona de influencia". A la primer conversación adivinó que el influyente sujeto era policía, y a la segunda le ofreció descaradamente trabajo como fresador en la empresa X, con sueldo de 11.000 pesetas, de las cuales sólo una parte le sería pagada por el patrono, y sin otra obligación que hacer sus ocho horas y cuando conviniese conversar amistosamente con el sujeto sobre lo visto y oido entre los trabajadores. Se le proporcionaría gratis un buén apartamento, un automóvil a emplear con discreción para su solaz y vacaciones de un mes donde le cuadrase, con todos los gastos pagados.

—Demasiada paga por un trabajo que no conozco ni quiero aprender, contestó Juán volviendo la espalda a pesar de las amenazas que le dirigía el esbirro".

Aunque sin detalles, tenemos noticias de casos semejantes en Barcelona y Sevilla, donde la policía se esfuerza en poner a su servicio padres de familia que ven a sus hijos mal nutridos y peor vestidos. Naturalmente, no podemos conocer sino algunos de los casos en que el trabajador se niega a envilecerse traicionando a los suyos a cambio de la satisfacción económica. Pero es indudable que algunos obreros aceptan. Para cerciorarse de quienes son, nada mejor que observar si el tren de vida de un sospechoso corresponde o no al de sus camaradas, en particular fuera de las relaciones del trabajo.