Alarma, nueva serie, n.º 3, mayo de 1963 (págs. 20-21). PDF del número completo
Al mismo tiempo que Khrutchef iniciaba la tregua de puyazos públicos con su vasallo chino, la emprendió a pescozones y bofetadas contra sus intelectuales. Escritores, poetas, pintores, escultores fueron vapuleados desdeñosa, cuando no injuriosamente por haberse creido que les daban libertad, tener tendencia a pintar con trazos sombríos la "realidad soviética" y dejarse influenciar por las teorías literarias y pictóricas de Occidente. La coexistencia pacífica no se extiende al terreno ideológico, declaró Khrutchef, y haciendo de paso un elogio del notorio criminal Stalin proclamó la potestad suprema del partido en materia literaria, poética y artística en general.
Informemos a quienes lo ignoran que las teorías literarias y pictoricas modernas tan vilipendiadas por Khrutchef fueron precisamente las que abrazó la revolución rusa en su pleno apogeo, las que le ayudaron a triunfar y a defenderse en el mundo. Destacados representantes de ellas desempeñaron importantes funciones en los comisariados culturales, formando parte del gobierno revolucionario con Lenin y Trotzky. El stalinismo las rechazó de igual manera y al mismo tiempo que rechazaba la actividad y las aspiraciones del proletariado en los soviets y en las fábricas. En lo intelectual como en la económico el stalinismo era contrarrevolucionario.
Tras un breve interludio de pretensa libertad intelectual, en realidad dirigida, a la medida de las necesidades de la dictadura colegial, Khrutchef restaura los procedimientos terroristas de Stalin, allí llamados hipócritamente "de la época del culto de la personalidad". Y de igual forma que la libertad había sido dirigida, a voz de mando, a la misma voz de mando escritores, poetas, artistas se han sometido aceptando como merecidas las mofas y bofetones de Khrutchef. Las excepciones son raras, pero tanto más merecedoras de encomio y solidaridad.
Las asambleas de la Asociación de escritores y artistas en que las nuevas órdenes de Khrutchef fueron cursadas recuerdan por la vileza de los acusadores y la indignidad de la gran mayoría de los acusados la atmósfera repulsiva de las grandes falsificaciones judiciales del decenio 30. Los propios poetas jóvenes que, como Evtuchenko y Voznesensky nos eran presentados por la propaganda cual prototipo de un superior calidad de hombre allí en cria, se comportaron de manera más bajuna e interesada que los peores intelectuales de por estos mundos.
El famoso "¡Muera la inteligencia!" de los militarotes españoles es practica cotidiana del stalinismo, colegial o no, el pan con que nutre a todos sus servidores. Esa actitud respecto de la cultura es característica de los regímenes mas reaccionarios. Sólo la dictadura de Metternich en el siglo XIX es en eso comparable al stalinismo, y en el siglo XX la dictadura clerigo-militar española y la del fascismo germano.
A tiempo que reincensaba a Stalin, Khrutchef puso buén cuidado en recalcar que el trotzkismo continuaría siendo tratado como "el enemigo de clase". Declaración neta para todo entendedor revolucionario. Burócratas y tecnócratas, sacios de llevar la gran vida, detentadores del capital y beneficiarios de la explotación de los trabajadores, ven en el trotzkismo la ideología revolucionaria, y trotzkismo en cualquier acción o pensamiento insurgente de los obreros o de los intelectuales. Vergüenza que la mayoría de los llamados hoy trotzkistas sean incapaces de afrontar a los tecnócratas explotadores sino en su propio terreno, co- mo el antiguo reformismo hacía con la burguesía. Quienquiera no vea en los gobernantes rusos con todas sus instituciones, comprendiendo la propiedad estatal y los planes de explotación, el enemigo capitalista, entorpece la lucha por la revolución comunista mundial. Por eso el proletariado debe responder con nosotros a Khrutchef y los suyos: somos, sí, vuestro enemigo de clase y como tal nos esforzaremos en organizar la futura insurrección del proletariado ruso.