Alarma, nueva serie, n.º 3, mayo de 1963 (pág. 17). PDF del número completo
Los trabajadores del campo de la zona de Jerez de la Frontera, que el año pasado fueron los primeros de su categoría en ponerse en movimiento durante la oleada de luchas iniciada en Asturias, emprendieron el mes de abril una nueva acción reivindicativa. Según noticias recogidas en el lugar, mas de 5.000 asalariados, ocupados en la vid la mayoría, declararon la huelga por un aumento de salario y determinadas condiciones de empleo. Los patronos, al cabo de varios días, consintieron 135 pesetas de jornal diario, pero los huelguistas exigían también un compromiso patronal de dar trabajo a todos los obreros sin excepción. La huelga había terminado el 17 de abril, pero "según un propietario de Sanlucar era una solución provisional" (Le Monde 18-4-63) que presagiaba futuras y más graves luchas.
Digamos en honor de esos proletarios del campo que su reivindicación de "trabajo para todos", a más de expresar un gran sentido de solidaridad de clase, tiene vasto alcance económico y político. Patronos, sindicatos y autoridades alegarán que es imposible contratar más hombres que los estrictamente necesarios en cada labor. Es totalmente incierto y los trabajadores deben saber responder por qué. Las horas de trabajo pueden ser disminuidas proporcionalmente al número de obreros disponible, y sin que aumente para el público el precio de los productos los patronos seguirán realizando beneficios altos, pues el porcentaje de éstos es siempre elevadísimo, salvo calamidad natural.
Por otra parte, el objetivo social inmediato de todos los explotados es suprimir por completo los dichos beneficios, de manera que la producción entera tenga por razón y objetivo único aumentar el consumo, la cultura y la libertad de la población. Por eso los trabajadores del campo, tanto como los de la industria, deben reclamar constantemente MENOS TRABAJO Y MAS PAGA. En primer lugar deben ser empleados todos los hombres parados y los jóvenes, disminuyendo las horas de labor en la proporción correspondiente. La utilización de maquinaria ha de servir también para aliviar fatigas al trabajador, elevar su nivel de vida y consentirle el tiempo libre indispensable para cultivarse o hacer lo que le de su real gana. De lo contrario la máquina se convierte en el peor enemigo del hombre, pues sólo sirve para embrutecerlo como trabajador y esclavizarlo como individuo. Por consecuencia, además de trabajo para todos, hay que reclamar un horario en disminución progresiva, según la introducción de maquinaria y la organización de la producción, pero sin que disminuya en ningún caso la paga de cada hombre. Ello supone tener también como mira próxima la incorporación a funciones productivas los dos o tres millones de individuos que viven parasitariamente realizando trabajos socialmente inútiles y en muchos casos perjudiciales: policía, ejército profesional, burguesía, gran parte de la burocracia, etc.
Para organizar la lucha en tal sentido, los trabajadores deben crear comités democráticamente elegidos en cuanto sea posible, pero siempre independientes de los patronos, los sindicatos, los curas y el Estado.
De Jerez de la Frontera salieron el dictador Primo de Rivera y su hijo el falangista, ambos celebradísimos por la reacción española. La iniciativa que ahora viene de los trabajadores agrícolas del mismo lugar, que tiene en germen el más elevado contenido humano y revolucionario, será, en cambio, combatida por aquella. Pero el dinamismo y toda idea fecunda para el porvenir proceden de las necesidades históricas de los de abajo. Reaccionarios cuantos obstruyan su completamiento.