Alarma, nueva serie, n.º 3, mayo de 1963 (pág. 19). PDF del número completo
Las verdaderas razones de la tregua convenida por Mao Tse-tun y Khrutchef han pasado desapercibidas para la gran prensa mundial y sus pretendidos expertos en política rusa. El prestigio del "campo socialista", mejor dicho de su capacidad de engaño ya harto comprometida, ha contado en parte, pero las causas determinantes del hecho son otras.
Para China se trata de contener el aflujo de armas, rublos y expertos rusos a la India, su rival inmediato, y sobretodo la construción de dos fábricas de aviones Mig 21, sobre la cual trata con Nehru una comisión de expertos moscovitas. Indicio de que el gobierno ruso se siente cada vez mas solidario de la India, pues las primeras noticias hablaban sólo de una fábrica. Por su parte, Pekín no carece de elementos de presión sobre Moscú, y de los que más impresionan allí. Por ejemplo, en uno de sus plúmbeos documentos "teóricos" el órgano central chino deslizaba un párrafo sobre unas negociaciones, por todos ignoradas hasta entonces, referentes al abandono de la garantía americana a Formosa y demás islas dominadas por Chang Kai-chek. Lograda, esa negociación directa entre China y Estados Unidos bastaría para iniciar un giro completo de las alianzas económicas y políticas de Mao Tse-tun. Este, que hasta ahora ha jugado sobretodo la carta de substitución de Khrutchef por otros clanes burocráticos, se verá empujado, caso de decepción, a buscar su propia "convivencia pacífica" con Washington. Para Moscú sería esa una derrota diplomática y política gravísima. Por ello el propio Khrutchef ha tenido que contemporizar.
El primer paso de la tregua ha sido el envio de una misión comercial china a Moscú, pues la ideología de esa gente empieza y termina en la mercancia. El segundo será la reunión, en julio y también en la capital metropolitana de altas representaciones de los dos partidos dictatoriales. Y sólo en caso de compromiso entre éstas se reunirá la conferencia de todos los partidos stalinistas del mundo. Moscú y Pekín la han aceptado en principio, pero ni uno ni otro pueden consentir discutir sus problemas a los partidos "hermanos", menos aun a los que no están en el poder. La conferencia no se reunirá sino para ser informada de las partes públicas del posible acuerdo y jalearlo como es costumbre. Las clausulas secretas quedarán reservadas a las dos partes contratantes.
Nuestra opinión es que no conseguirán llegar hasta ahí. Poderosas razones económicas y estratégicas militan en contra. Trataremos de ello con precisión en nuestro próximo número, reanudando el tema general: La crisis de la contrarrevolución rusa.