Alarma, nueva serie, n.º 4, octubre 1963 (pág. 5). PDF del número completo

¡U.H.P., U.H.P.! La entraña de la mina profirió el grito esperanzador. Impregnó el aire todo de Asturias, lo repitieron a pleno pulmón los hermanos proletarios en medio del combate, restalló gozoso en la dinamita arrojada sobre los cuarteles de la guardia civil, se inscribió en los tanques blindados hechos por encanto, fue un instante estentóreo alarido de victoria, y la sangre de la represión marcó indeleblemente el suelo astur: U.H.P. El eco de las montañas heridas repercutió en los cuatro confines de España: ¡U.H.P., U.H.P.! Los hermanos proletarios fueron aplastados una, otra vez durante la guerra civil; pero desde el fondo de la España oprimida, vencida, no rendida, se eleva aun, grave, jadeante, conminatorio, el clamor revolucionario de Asturias: ¡U.H.P., U.H.P.!

La sencilla y cálida fraternidad del U.H.P. astur no es invocación sensiblera. Arranca de la más alta sensibilidad humana, pues la idea, que siempre reclama convertirse en hecho, "no es una pasión cerebral, sino el cerebro de la pasión", cual decía Marx. La pasión revolucionaria llevó los fundadores de la Primera Internacional a la formulación lúcida: "La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos". Idéntico pensar flamea en las iniciales U.H.P. La más válida y certera de las críticas contra las condiciones sociales ambientes, la crítica de las armas, las parió entre gritos de alegría y llanto, como conjuro de lucha. El apasionamiento del proletariado que abría fuego sobre el capitalismo en Octubre de 1934, reinventó la idea forjándola de rondón en hecho.

El U.H.P. realizó en Asturias la unidad de todos los explotados porque su objetivo directo era abatir el capitalismo y poner proa a una sociedad sin clases. Esa condición hizo posible el combate y su asombroso heroismo, reconocido incluso por el enemigo. Al conjuro del U.H.P. iban cayendo en manos del proletariado las armas, el poder y la economía, manifestación suprema de la unidad de la clase trabajadora, contrapuesta a la unidad que siempre le ofrecen y a menudo le imponen las que fueron organizaciones del Frente Popular. De lo que debe ser lucha revolucionaria hasta la insurrección armada, han hecho aquellas organizaciones, el Partido ruso en primer término, rendición de armas del proletariado en aras del capitalismo. Propugnan, en términos aun más claros que ayer, la unidad en la sumisión de los obreros al trabajo explotado bajo tal o cual supervisión política. En estos momentos mismos, cuando las huelgas de Asturias despiertan la admiración general y despejan el camino a grandes acciones, van ellos murmurando a los oídos de los huelguistas el concepto de la unidad bajo nuevas cadenas: unidad anti-franquista, unidad nacional, reconciliación nacional, democracia burguesa, etc.

Antes de hacer saltar los cuarteles de la guardia civil, los hombres de 1934 habían hecho saltar las ataduras de las organizaciones que los retenían dentro del capitalismo parlamentario. Por ello, aunque vencida, la insurrección de Octubre señaló al proletariado de todo el país cómo vencer al ejército nacional, lo que, hecho dos años después, abrió de par en par las puertas a la revolución social.

En los huelguistas de 1962 y 1963 rebrota el temple de los insurrectos de Octubre del 34 y Julio del 36, que venticinco años de terror franquista no han podido domeñar. De la mina surge otra vez el grito revolucionario, rumor todavía sordo y clandestino, mañana fragor de combate en todo el país. Tras su imponente demostración de fuerzas la dictadura está herida de muerte. Y cuantos la han sostenido o le facilitaron el triunfo están esforzándose ya en impedir que el proletariado se oriente a la toma de las armas, del poder político y de la economía. ¡Cuidado con ellos! Para que el proletariado triunfe no basta un cambio de gobernantes; es preciso que en primer término el aparato militar y policíaco sea hecho añicos. Para realizar esa condición previa de emancipación, millones de hombres han de entrar de nuevo en acción al conjuro revolucionario: ¡U.H.P., U.H.P.!

Octubre 1963.