Alarma, nueva serie, n.º 5, junio 1964 (pág. 29). PDF del número completo
[…] bativa. Para revolucionarios es siempre mezquino argumento explicar una derrota por la fuerza del enemigo o por sus complicidades internacionales. Ni siquiera se debe culpar a Goulart y los suyos por hacer cedido sin lucha, como Quadros hiciera no mucho antes.
No, la responsabilidad de lo sucedido, del triunfo de Lacerda y su puñado de oligarcas recae sobre cuantos se dicen revolucionarios: los falsarios que se presentan como comunistas, los líderes sindicalistas, los remedadores de Castro, y esos "trotzkistas" que sólo saben repetir letanías hueras y dar sombrerazo a los enemigos más pérfidos del proletariado. Sin duda los hombres de esta tendencia cuentan entre los más sinceros y desinteresados, pero las ideas de su tendencia, anticuadas debido a la situación mundial, muy a la derecha de las de Trotzky, por añadidura, los rebaja al grado de anti-imperialistas pequeño-burgueses, ineficaces frente a las fuerzas burgueses y stalinistas que hacen anti-imperialismo de guerra fría. Hacía falta una política de revolución proletaria capaz de soldar la alianza de todos los explotados de América, comprendiendo el proletariado de Estados Unidos, no ese barrisco de ratones del anti-imperialismo al servicio de otras potencias, que tan vergonzosamente se desbandan. El seguidismo castrista no podía conducir mas que a esa derrota sin lucha. El propio Castro está hoy más preocupado de entenderse con Washington que de encontrar imitadores. Si el stalinismo y los partidarios de Castro están movidos por intereses o por ideas burguesas, los llamados trotzkistas incapaces de ponerlos en evidencia y de señalar como una estafa a la conciencia de las masas toda actitud castrista, pro-rusa o pro-china, desorientan también a las masas, se incapacitan para crear una organización revolucionaria y hacen el juego de los intereses no proletarios que han capitulado a la primera conminación.
El Brasil no podrá salir del atolladero en que se encuentra sin pasar directamente a la toma del poder político por el proletariado para poner en práctica, no la revolución democrática, sino las medidas primeras de la revolución social. Imitar la revolución rusa en ese aspecto, aun suponiendo que la imitación fuere en todo perfecta, llevará al fracaso. La revolución permanente ha de empezar hoy con la etapa socialista, inspirada en lo propuesto por Marx en la Crítica del Programa de Gotha. De otra manera imposible hacer partido y revolución.
Apenas iniciada la actividad del Buró Latino-americano de la IV Internacional, previmos nosotros que iría al fracaso despues de ciertos éxitos [ilegible]. Ya no se trata de predicción sino de un hecho. Cuanto Posada, el dirigente de ese Buró, pronosticó o creyó como inminente, sobre Castro, la guerra [ilegible] Khrutchef, etc. no se ha realizado sino en el sentido inverso de sus augurios. Posada no ha hecho mas que invitar al proletariado a depositar confianza en quienes lo han traicionado centenares de veces.