Alarma, nueva serie, n.º 5, junio 1964 (págs. 5-6). PDF del número completo

Raro es desde hace 25 años que el primero de mayo sea una jornada con perfiles de lucha o por lo menos de afirmación proletaria. La degeneración de los que fueron partidos obreros y de los sindicatos ha desvirtuado por completo la conmemoración de ese día, con cuya significación original son hoy incompatibles. Y el dominio de dichas organizaciones sobre la clase obrera, protegido por la legalidad capitalista, ha hecho que la mayoría de los hombres de la nueva generación ignore para qué y por qué fué instituido, no viendo en él sino un día feriado cualquiera, todo lo más "la fiesta del trabajo", como el día de las madres o el de los santos inocentes.

Recordemos pues que el Primero de Mayo fué declarado día de reivindicación y de afirmación revolucionaria por la Asociación Internacional de Trabajadores, la 1ª Internacional. No tiene nada que ver con fiesta alguna, sino con una formidable manifestación obrera ocurrida en Chicago, que las fuerzas gubernamentales atacaron causando numerosos muertos y heridos. Los manifestantes reclamaban la reducción de la jornada de trabajo a 8 horas, impuesta tiempo después por la lucha proletaria en la mayoría de los países medianamente adelantados. Se trataba de 8 horas estrictas de un trabajo sin primas, destajos ni mediciones, conquista que los partidos y sindicatos han vendido al aceptar dichos procedimientos de explotación. Por eso la jornada de 8 horas es hoy una ficción legal, viéndose la mayoría de los obreros obligados a trabajar horas extra y por destajo, ya por necesidad de subsistencia, ya por forzarles a ello los contratos colectivos firmados entre sindicatos y patronos, que la ley respalda.

Mientras el proletariado no se desembarace de las organizaciones que le ligan pies y manos y le vacían el cerebro, será imposible organizar Primeros de Mayo revolucionarios. De ahí que en los países dichos democráticos transcurriese ese día sin más que alguna bullanga dominguera y discursos de sujetos mercenarios hartos de jugar malas pasadas a la clase obrera. En Rusia, la celebración oficial se vuelve contra los explotados: desfile militar y gran parada de armas terroríficas, mera afirmación del terrorismo gubernamental. En China, que todavía no está en condiciones de exhibir tales armas, fiesta patriótica y de rivalidad con Rusia. Asistencia obligatoria de trabajadores y escolares, que han de hacer reverencia a la bandera nacional y a la efigie de Mao Tse-tung. Celebraciones de tal género son aun más despreciables que la beatona del "Jesús obrero" introducida por el Vaticano.

Unicamente en Portugal y en España, donde los viejos partidos no tienen capacidad legal de coerción, ha habido luchas o conatos de lucha que merecen del proletariado. En Lisboa, una manifestación política contra Salazar congregó miles de personas. La policía disparó sobre los manifestantes. Tres de ellos fueron muertos, y un número indeterminado heridos. En Bilbao también se produjo un intento de manifestación y hubo un paro de 48 horas. Algunos obreros fueron detenidos.

Hay que señalar como signo prometedor, una manifestación de 4.000 hombres, estudiantes la mayoría, en la capital de Checoslovaquia. Gritaban contra el sistema represivo y la vida cara. Como en cualquier Lisboa, la policía atacó a los manifestantes e hizo detenciones. "Los culpables serán severamente castigados" —declaró el gobierno, sin privarse por ello de calumniarlos. La necesidad de lucha común de la clase obrera de Europa oriental y occidental irá abriéndose camino.