Alarma, nueva serie, n.º 6, diciembre 1964 (pág. 18). PDF del número completo

El caso más importante juzgado por el tribunal de Orden público, el mes pasado, merece ser destacado como significativo de muchos otros. Se trata de los 38 mineros (más la mujer de uno de ellos) detenidos durante la huelga del año pasado y bestialmente torturados. La policía y la propaganda oficial los acusó de comunismo, como hace con casi todo el mundo. Por su lado, la propaganda del partido pseudo-comunista español hizo cuanto pudo para convencer al mundo entero de que esos hombres eran suyos. Pero en la vista de la causa todo ellos han negado concomitancia alguna con el tal partido. En cambio, se vió allí mismo a la Iglesia intentar asimilarse los acusados. Un cura de Mieres testimonió a favor de ellos, y otro cura, militar éste, se presentó a decir que algunos de los sentados en el banquillo eran conocidos suyos y "perfectos cristianos". En una palabra, los representantes pseudo-demócratas de la Iglesia procuran a porfía con los pseudo-comunistas, catequizar a los acusados y sacar partido de la enorme simpatía con que han sido vistos tanto en España como en el extranjero. Catequizar es la palabra adecuada para dèsignar la inculcación de un catecismo, una prédica y una conducta sacerdotales, que desvían al hombre de sí mismo, en este caso de su propia lucha. Y los funcionarios pseudo-comunistas no son sino sacerdotes de otra religión, el aspecto laico de la burocracia religiosa.

Por nuestra parte, deseamos a los 39 ser tan malos cristianos como auténticos comunistas. Su afirmación de no pertenecer al partido de Moscú cobraría así un alto valor y representaría una espléndida promesa para los explotados de la península.

El tribunal impidió a los abogados hablar de las torturas, pero uno de ellos logró decir que no había habido instrucción judicial, basándose el fiscal sólo en declaraciones arrancadas por la violencia. El presidente dijo no creer que las fuerzas del orden fuesen capaces de brutalidades. Un vivo rumor agitó al público. El presidente amenazó detener a los culpables del escándalo y hacer evacuar la sala.