Alarma, nueva serie, n.º 7, mayo 1965 (págs. 15-16). PDF del número completo
Pocos días antes de la anterior, se había producido en Bilbao una demostración de obreros y estudiantes, de 4 a 5 mil, según la prensa extranjera seria. El 7 y 8 del mismo mes, de 2.000 a 2.500 trabajadores manifestaban en Madrid. Al decir del New York Times del día 8, los manifestantes se negaron a obedecer a la intimación de disolverse hecha por la consabida policía, cargando ésta sobre los manifestantes a golpes de porra. La escena se repetía el mismo día en Baracaldo. En ambos casos hubo un número de heridos indeterminado, puesto que ningún herido, si puede escapar, se presenta luego para que lo cuenten. Las manifestaciones en que los obreros constituyen el elemento dominante, se distinguen de las exclusivamente estudiantiles no sólo por su acometividad, sino también por sus reclamaciones sobre aumento de salarios, libertad para los detenidos y contra las represalias patronales; y en general dan a la lucha contra la dictadura un carácter de clase que desborda con creces la consigna válvula de escape: "sindicatos independientes".
En las llamadas "asambleas libres" de estudiantes y profesores, así como en las diversas manifestaciones que las sucedieron en febrero y marzo, salta a la vista la naturaleza conservadora de la consigna de sindicatos nuevos, cual queda dicho en el primer editorial de este boletín. Los organizadores, conocidos católicos, uno de ellos falangista, y todos, por consecuencia, franquistas de ayer, se negaron a admitir la participación de los obreros en las asambleas —no tan "libres" pues— así como en las manifestaciones, so pretexto de que sólo se trataba en ellas de asuntos docentes. En fin de cuentas, aceptaron un compromiso con el gobierno que reduce la reclamación de libertad sindical a la eleción de delegados, pero quedando el sindicato dentro del "Movimiento".
El animador de tales asambleas es, como todo el mundo sabe, la Iglesia, que se dispone a redimir sus crímenes como inspiradora y principal beneficiaria del régimen confinando "la libertad" al derecho de huelga regulado por sindicatos católicos o pseudo-comunistas bien idenficados "las necesidades de expansión de la economía nacional". No hay más que ver cómo los falangistas del "Círculo José Antonio" se ponen también a tono con tal libertad y hasta se jactan de infundir miedo al gobierno. No obstante, los estudiantes sobrepasan a menudo las recomendaciones de moderación y los objetivos del quite sindicalizador. Iglesia y catedráticos han tenido miedo; lo que explica el compromiso.
En el fondo, y en la superficie también, todos esos novísimos amantes que le han salido a la libertad cuentan con los entorchados para sacarles del mal trance en que la historia, y su propia idiosincrasia reaccionaria los ha metido. En un boletín informativo de los monárquicos juanista del que la prensa europea ha divulgado párrafos, se dice que el árbitro de la sucesión ha de ser el ejército. En ello piensa la Iglesia y también algunos partidos del 36, si es que no lo tienen ya tratado.