Alarma, n.º 8, diciembre 1965 (pág. 16). PDF del número completo

El asesinato del general Delgado es uno de esos asuntos "de Estado" de los cuales puede decirse que todo el mundo sabe o sospecha la verdad sin que nadie se atreva a decirla, y menos a presentar pruebas quienes las tienen. Este último es el caso del gobierno español, que conoce las idas y venidas de varios portugueses en Badajoz y contornos por los días de la desaparición y asesinato de Delgado y su secretaria. La lentitud de sus investigaciones y la cautela de sus declaraciones más bien forzadas por la necesidad de justificarse, parecen premeditadas para dar tiempo a Salazar de preparar sus coartadas, y a la prensa de hacer olvidar el asunto con sus sensacionalismos cotidianos. Por eso, cuando, meses después del crimen Madrid declaró estar dispuesto a admitir una comisión internacional y la intervención de la Interpol, Salazar pudo aceptarla sin miedo. De forma, que aunque llegue a reconocerse que el o los asesinos procedían de Portugal, nunca se les podrá poner la mano encima, ni menos puestas en claro las responsabilidades gubernamentales. Crimen de Estado es siempre crimen impune, en cualquier país que sea. Si por acaso alguien va a la cárcel, se trata de mercenarios de baja estofa. Abundan los casos similares anteriores y posteriores al aquí referido.