Alarma, n.º 8, diciembre 1965 (pág. 17). PDF del número completo
Los tribunales salazarescos no se dan reposo condenando a largos años de prisión a obreros y estudiantes, huelguistas o simples protestatarios que han tenido la ocurrencia de agruparse con la vaga idea de "hacer algo" contra la vetusta dictadura. Sin excepción casi, los condenados se ven colgar el sambenito de comunistas, y algunos de ellos, por añadidura, el de traidores a la patria, por oposición supuesta o real a la dominación colonial portuguesa.
Existen sobrados testimonios para creer que, a semejanza de lo que ocurre en España, la mayoría de las veces las acusaciones son enteramente falsas, inventadas para asustar a la burguesía portuguesa, que tiene la rara singularidad de sobrepasar a la española en cerrazón mental e ignorancia. Otro objeto de la falsificación, y nada secundario consiste, como en España también (por algo Franco y Salazar se loan recíprocamente de grandes hombres de Estado) en persuadir al tesorero mayor yankee de que no hay, contra la dictadura, sino gente de Moscú, y que por consecuencia la caída del régimen representaría un refuerzo estratégico del Bloque Oriental.
Muy otra es la verdad. Salvo raras excepciones, los encartados no tienen filiación política determinada, son hombres rebeldes, revolucionarios en potencia, sin duda, pero extraños a la disciplina que se les atribuye y en general a la de los antiguos partidos, como es el caso para la totalidad de la juventud en la Península Ibérica. Es precisamente esa ausencia de filiación una de las realidades más prometedoras en el porvenir cercano, puesto que consentirá a los mejores primero, a la generalidad después, emprender el camino de la revolución comunista, hoy inseparable de un enfrentamiento con los funcionarios de Moscú y con los representantes de Washington. Así también tiene la juventud posibilidad de tomar una posición revolucionaria respecto de las colonias, que no consiste en favorecer la constitución de patrias nuevos en Angola, Mozambicque etc., sino en propiciar una alianza económica y política entre los explotados de las colonias y los de Portugal, poniendo proa a la constitución de un gobierno revolucionario común. Los nacionalistas negros deparan a las masas de color nuevos sufrimientos. Pero eso decirlo ni demostrarlo sino quienes contemplan todos los problemas desde el punto de vista de la revolución mundial, el fin de todas las patrias.
La posibilidad de una revolución simultanea en Portugal y en España que convierta la Península en el primer territorio comunista del mundo (PRIMERO, puesto que los países de oriente son capitalismos de Estado) abre también horizontes nuevos a los explotados de Angola y de todas las colonias portugueses o españolas. Por eso nuestros camaradas deben esforzarse en encontrar la junción con revolucionarios portugueses de las colonias, en pro de una solución revolucionaria internacional.