Alarma, n.º 8, diciembre 1965 (págs. 17-18). PDF del número completo
Sabido es, al menos por las minorías revolucionarias, que las dos grandes formaciones sindicales internacionales hoy existentes ocupan en el Mapamundi las mismas posiciones, sobre poco más o menos, que los dos Bloques imperialistas. La movilización del proletariado por encima de las patrias, y con mayor razón por encima de las querellas interbloque, les es totalmente ajena, pues la organización sindical se ha convertido en parte adyacente de cada capitalismo nacional, al cual está reciamente amarrada por intereses y por la mentalidad de sus direcciones.
No tiene nada de extraño, en consecuencia, que dentro de cada Bloque la central sindical respectiva refleje las contradicciones internas del mismo y se resquebraje o se jaspee con camaleónico mimetismo, siempre a merced de aquellas. Así, dentro de la Confederación Internacional de Sindicatos libres, la AFL-CIO, sombra del imperialismo yankee, se comporta como primera potencia y actua en consecuencia, sin contar con los organismos internacionales, mientras otras centrales nacionales procuran servirse de los fondos de la C.I.S.L. de la manera más útil a su propio gobierno o imperialismo subsidiario. Cada uno está atento a la voz de su amo. En consecuencia, la AFL-CIO, por boca de su primer burócrata, Meany, amenaza cerrar el portamonedas y hacer ella de sus dólares lo que le pete. Se trata, para la AFL-CIO, de gastar conforme a la política de Washington el tesora de la C.I.S.L. al cual ella ha contribuido con tres milloncejos de dólares en dos años. Son las maniobras y golpes bajos de la OTAN, a nivel de rastacueros.
Sin dar cuenta a nadie más que a Washington, la AFL-CIO gasta muchos millones anuales en promover sindicalmente los intereses de su imperialismo en cuantos países puede. Más de un fajo de billetes se ha perdido tras los pirineos y seguirán "perdiéndose" otros para servir de argamasa de futuros "sindicatos libres". Pero España es minúscula parte comparada a los manejos sindicales estadunidenses en otras zonas del mundo, particularmente en América Latina y Africa. La AFL-CIO tiene su "State Department" privado, que dirige un experto en manejos ocultos, Jay Lovestone, furibundo stalinista hace años. En colaboración directa con representantes de su gobierno, ese departamento despliega en América Latina y Africa una doble actividad: cerca de los líderes sindicales, maleables como la arcilla, y también fundando establecimientos de enseñanza profesional, no sin catecismo de barras y estrellas.
La Federación Sindical Mundial (FSM), por su parte, vive días aciagos. Son sus sindicatos nacionales más importantes, los de los países en que gobierna el stalinismo, donde la filiación es obligatoria y el papel de los sindicatos forzar al máximo la productividad de los obreros. La lucha de intereses entre Rusia y China, incesante aunque por momentos sea silenciosa, repercute en la FSM con la brutalidad característica del stalinismo. Cada reunión es un altercado entre rusos y chinos, espectáculo poco edificante para las clientelas tan cortejadas del "Tercer Mundo". Sin más, China ha dejado de cotizar al fondo internacional y opera por su cuenta, de manera que los líderes sindicales más o menos abocados con su Federación mundial, en Asia y Africa sobretodo, se ven agasajados o subvencionados a porfía desde Moscú y desde Pekín. Por añadidura, y aprochando la trifulca, Rumania y Cuba hacen pinitos de independencia, mientras las centrales stalinistas italiana y francesa se esfuerzan en obtener permiso para unirse a las otras centrales sindicales de Mercado Común, lo que no va para ellas sin ventajas, incluso económicas.
Mientrastanto, en el terreno vivo de la lucha de clases los sindicatos hacen rendir armas al capitalismo en todas partes. Si en los países del Este aprueban la intensificación de las normas de producción, el alza de los precios y el encadenamiento del obrero a la fábrica, en Inglaterra un congreso de las Trade Unions ha aprobado la política de restricción de salarios para favorecer la capitalización, mientras una conferencia del Labour Party aprobaba la legislación contra las huelgas "salvages", es decir, las declaradas sin autorización sindical. En Alemania, la D.G.B. hace otro tanto sin tomarse siquiera la molestia de poner el problema a debate, al mismo tiempo que las centrales francesas e italianas, stalinistas o no, se ponen a disposición de los dirigistas gubernamentales para facilar la solución al mal paso que atraviesan los negocios capitalistas.
Ese sindicalismo pseudo libre es el que nos invitan a imitar los grandes partidos españoles que tienen constituida la Alianza Sindical. Todavía una resolución política del reciente congreso de la U.G.T. celebrado en Toulouse, propone este objetivo: "... elevar el nivel de vida del pueblo y estimular el progreso hasta colocar nuestro país, por lo menos, al nivel de los países europeos a los que necesariamente habrá de ingresarse desaparecido el régimen totalitario que lo imposibilita" ("Le Socialiste", 12-7).
Para ese viaje cualquier alforja vale, incluso la del Opus Dei. No se trata de administrar el capitalismo en sentido occidental como se proponen los partidarios de Alianza Sindical, ni menos en sentido oriental, sino de hacerle morder el polvo, como se hizo en 1936, pero rematándolo esta vez.