Alarma, n.º 8, diciembre 1965 (pág. 16). PDF del número completo

Después de las medidas de expulsión o suspensión de los catedráticos que participaron en las asambleas de estudiantes dichas libres y en las manifestaciones subsecuentes, el gobierno ha otorgado a los rectores de universidad la facultad de expulsar a los estudiantes inductores de desorden dentro o fuera de las clases, y a los sospechosos políticamente. La facultad de dejar caer la porra sobre las cabezas de los estudiantes más rebeldes, o sea, de mayor dignidad personal y social, era hasta ahora prerrogativa dictatorial del ministro de Instrucción; delegándola a los rectores, que ya antes se habían visto obligados a jurar fidelidad al "movimiento", el gobierno trata, tanto de infundir miedo a los estudiantes, como hacer responsables a los rectores de los actos de hostilidad que se produzcan, so pena evidentemente de represión contra los rectores mismos. La perfidia máxima del terror policíaco consiste en cernir su amenaza sobre quienes han de ejercer de sicarios directos. O sicarios o víctimas, es lo que el gobierno da a escoger a los directores de las instituciones docentes, no solo de las universidades. Eso permitirá pronto ver la calidad humana de la mayoría de ellos.

Insistamos por nuestra parte en que el movimiento estudiantil como tal no tiene sino un porvenir mezquino. Para abrirse campo y tener vuelos ha de sumarse al movimiento proletario, y no de cualquier manera, sino como movimiento de clase en lucha simultánea e ininterrumpida contra el franquismo y el capitalismo.