Alarma, n.º 8, diciembre 1965 (págs. 19-20). PDF del número completo
La desaparición Guevara, "El Che", segundo de Castro y su teórico titular está lejos de ser un acontecimiento extraordinario. En regímenes stalinistas es es suceso, sino cotidiano, de cada crisis y la crisis punto menos que permanente. De tal manera han acostumbrado el mundo a esa clase de escamoteos de personajes --por asesinato, por encarcelamiento, por retiro forzoso o "en acto de servicio"-- que ya apenas causan sensación. La supuesta carta de Guevara leída por Castro el 4 de septiembre, despues de muchos meses de silencio, es más que sospechosa. Parece escrita a posta para poder anunciar un día u otro la "muerte heróica" del interfecto en cualquier encrucijada "anti-imperialista". Los elogios discernidos en ella a Castro personalmente ("defenderé lo que tu me has enseñado") y al Estado ("velará la crianza y la educación de mis hijos") apestan a sahumerio policíaco y traen a la memoria las declaraciones de los procesos de Moscú. Apenas puede dudarse de que Guevara está muerto. A la inversa del dicho donjuanesco: "los muertos que vos matais gozan de buena salud", cabe decir a Castro: los muertos que vos resucitais honda sepultura tienen.
Como revolucionarios, nosotros no podemos defender a Guevara, pero eso no nos impide denunciar el crimen de Castro, prueba por sí sólo de muchísimos otros desconocidos en los cuales ha participado Guevara. Haríamos igual si el desaparecido fuese Castro y Guevara quien leyese esa especie de auto-ditirambo. Los crímenes entre stalinistas, falsarios de la revolución y estafadores del proletariado mundial son consecuencia de sus peculiares características reaccionarias y revelan hasta la saciedad la catadura moral de esa gente. Entre la víctima y el victimario no hay manera de decir cual es peor. Las divergencias que puede haber entre ellos conciernen a problemas del capitalismo de Estado stalinista y de su porvenir frente al bloque occidental, y al proletariado mundial le importan un bledo, juntos o separadamente, los intereses rusos y los chinos, motivo fundamental hoy de disputa entre falsarios.
Importa, sin embargo, señalar que una publicación yugoslava cuyo texto conocemos sólo de segunda mano y mal, ha dicho al parecer, criticando al desaparecido antes de que Castro leyese la carta de marras, que Guevara había caído en el error de afirmar que sin suprimir la ley del valor no había socialismo posible sino capitalismo de Estado. En un hombre que ha puesto en términos cubanos la obra contrarrevolucionaria del stalinismo en Rusia, esa idea es sobrado inverosímil. Verdad, es mucho más de lo necesario para hacerse asesinar en país pseudo socialista. Si que nada rescate la obra stalinista de Guevara, dejemos abierto el interrogante.