Alarma, n.º 8, diciembre 1965 (págs. 20-21). PDF del número completo

Está demasiado claro para algunos que el período de transición al socialismo "se extenderá probablemente durante varios siglos y no durante decenios (...) que hay que compatibilizar con la economía mercantil y monetaria (...) que las raices reales de la burocratización y de la burocracia están plantadas en el substrato espeso del bajo nivel económico y cultural".

¿Quién habla así, Khrutchof, Stalin, Brejnef, Mao Tse-tung? No, una publicación que se dice de la "Comisión africana de la IV Internacional", en transparencia, Raptis o Miguel Pablo. Este en persona, se exalta en párrafos del siguiente jaez: "Es puro idealismo burocrático creer que se puede hacer trabajar las masas productivamente durante todo un período apelando exclusiva o principalmente a 'motivaciones ideológicas' y no a los 'estímulos materiales'". En materialista de su escalafón, el Pablo ha elegido: "la paga según el trabajo de cada uno, por equipo y por el conjunto de cada unidad económica, dentro del marco de la autogestión".

Nótense bién las palabras: hacer trabajar las masas, durante siglos, dignas de un patrón de choque, que no desaprobaría el burguesísimo economista Rueff, ni ningún organismo dirigista, sea del mundo occidental u oriental. Pero no son de extrañar en la pluma de quienes sienten todavía en las posaderas el mullido calor de las poltronas ministeriales argelinas, lugar de traición para quienquiera se haya dicho revolucionario. Lo único claro en la "comisión" de Raptis es su arquitectura psíquica de funcionario bien plantado en el espeso substrato, no del bajo nivel económico y cultural de las masas, sino de la jerarquía burocrático-patronal que ha estrangulado la revolución.

Desde que Raptis hizo aparición como secretario de la IV Internacional, en extraño pase de prestidigitación a raiz de "la liberación", dijérase que su conducta y sus teorizaciones iban encaminadas a destruir esa organización o a desconsiderarla incapacitándola para desempeñar un papel revolucionario. Ahora es más que tiempo de preguntar: ¿Misión cumplida, funcionario Raptis? En gran parte, respondamos. Si bien la IV Internacional ya sólo risa o desprecio inspira, todavía le queda al comisionista la tarea de recoger, en nombre del trotzkismo, a los hombres de espíritu revolucionario crítico que se le acerquen, despumarlos de nociones revolucionarias, reconciliarlos con la supervivencia del jornal durante siglos y en última instancia con lo que ha sido la obra más nefasta del stalinismo: el capitalismo de Estado.