Alarma, n.º 12, mayo-junio 1969 (págs. 25). PDF del número completo
Al principio de la vasta operación policíaca llamada "revolución cultural", el dictador adjunto del país, Lin Piao, decía con indignación de tartufo: "El ejército debe obedecer al Partido y al pueblo, no al contrario". La operación ha sido clausurada (al parecer todo el mundo reculturizado por el librito: la letra con sangre entra) con el reciente congreso del partido de los dominadores. Pero él está aún más dominado por los militares que los anteriores. Propiamente hablando, desde la revolución de 1926-27, destruida gracias a Mao Tse-tung, Chu En-lai y Stalin, no ha existido partido, sino ejército. Ese ejército ha sido y continuará siendo hasta su aniquilamiento por las masas, la principal fuerza policíaca y el puntal más sólido del régimen. Ahora caen en cuenta "los observadores" de oficio de que el trajín y la vociferación de los estudiantes fué organizada y estrechamente vigilada por el ejército, mejor dicho, por su mayor parte obediente al alter ego de Mao Tse-tung (1). No obstante, la victoria sobre "el Khrutchef chino" y sus secuaces es más aparente que definitiva. En todos los nuevos comités (designados por negociación entre los dos bando) figuran amigos de aquel, así como en el nuevo Comité Central.
Lo que Liu Chao-chi perseguía, era abrigar los intereses nacionales e internacionales de China, al menos durante la etapa actual en que los imperialismos más fuertes son Rusia y Estados Unidos, tras los del primero. De ahí que su retroceso, si no derrota, se haya señalado por incidentes sangrientos en la frontera chino-rusa, incidentes simultáneos a la proposición hecha a los Estados Unidos de estudiar las modalidades de la "convivencia pacífica". Mao Tse-tung, que acaba de descubrir que el régimen ruso (calcado por él para China) es un imperialismo rapaz, va a procurar explotar las contradicciones entre ese y el otro imperialismo. De hecho dice a Brejnef y compañía: si vosotros haceis componendas y distribución de zonas de influencia con Washington, yo prefiero hacer las mias directamente, sin pasar por vuestros ukasos como un Gomulka cualquiera.
La geografía asiática y la historia de sus diversos capitalismos han hecho que los intereses del chino choquen de frente con el capitalismo ruso, y no sólo en la frontera; también en Corea, en el Sudeste asiático, en Pakistán, en la India, en Birmania e Indonesia. En cuanto a los territorios en disputa, pertenecen a China tan poco como a Rusia. En resumen, la "revolución cultural" no ha hecho otra cosa que sacar avante una política exterior hostil a Rusia y agravar las condiciones de vida, ya muy precarias, de los trabajadores. Todo para satisfacer las exigencias militares y los pujos imperiales de los dictadores.
Pero, eso sí, nos ha dado su puro efluvio cultural: El Libro de Mao Tse-tung, manual para bienaventurados deficientes mentales y otros hombres-torpedo.
(1) Véase: "¿Qué pasa en China?". Alarma nº 10.