Alarma, n.º 12, mayo-junio 1969 (págs. 23-24). PDF del número completo
Los choques entre los estudiantes de diversas universidades y la policía siguen menudeando y frecuentemente son violentísimos, sobretodo en la de Berkeley, siempre en delantera (varios muertos y numerosos heridos recientemente). Pero el movimiento estudiantil, así como el conjunto de la llamada nueva izquierda (New Left) de la cual es parte, no hace progresos. Parece estancado en su propia práctica motinera, y tan incapaz de ensancharse en lo orgánico como de enriquecerse en concepciones y estrategia política.
Lo primero depende estrechamente de lo segundo, porque es necio creer que la prosperidad del capitalismo estadunidense sea blindaje que lo preserve de la revolución social y causa primera de la desafección política del proletariado. La aparición misma de la nueva izquierda, con su acompañante el movimiento de los negros, no tienen explicación sino como síntoma locales de la crisis de la civilización capitalista, en la cual van rehundiéndose todos los países sin excepción. Que los primeros síntomas de tan vasta crisis no sean de fácil identificación y más o menos bastarda la expresión de quienes quisieran darle solución revolucionaria, es casi inevitable, vista la historia anterior. Pero no podrá hacerse un sólo progreso serio en el camino de dicha solución sin tener idea clara de lo que hacer, de cómo y con quien hacerlo. Lejos de tenerla, la "confrontation politics" de la nueva izquierda, hermana de leche de la "contestation" europea, está enmarañada en ideas, luchas y alianzas pertenecientes al mundo del capital, y salvo por su presencia orgánica es supérfluo buscar en ella algo nuevo.
Tras un largo perído reaccionario como el que vive todo el mundo desde el final de la revolución española, es frecuente que reaparezcan como nuevas ideas las que fueron piltrafas del mundo enemigo durante el período revolucionario anterior. En ese caso caen las novedades de la "nueva izquierda" estadunidense.
Sus principales ideas motrices, helas aquí: 1) violencia a ultranza y en cualquier momento, creyendo sacudir por tal modo el torpor de la sociedad americana; 2) defensa del Black Power (poder negro) en los Estados Unidos; 3) defensa de Vietnam, Cuba y secuelas militaristas en América Latina, socapa guerrillera; 4) negación más o menos expresa de la incumbencia revolucionaria del proletariado.
La violencia de grupos osados como despertador de consciencias procede de Baboeuf y sobretodo de Auguste Blanqui, quien en balde la puso en juego reiteradamente, aun teniendo perspectivas y saber social del que carece la nueva izquierda. Despues, recogió esa idea el anarquismo, también en balde, a pesar de estar muy ligado orgánica y moralmente a la clase obrera. La práctica de esa idea, remanente del perído de nociones utópicas, resulta siempre contraproducente para la revolución.
El poder negro existe en numerosos Estados de Africa, casi todos reaccionarios y dictatoriales, todos explotadores de los trabajadores negros y de un racismo tan primitivo como el de cualquier negrero de Luisiana. Digan lo que digan para conciliarse aliados los líderes del Poder Negro, Panteras Negras y gatos blancos comprendidos, su reivindicación no podría alcanzar otra realidad que la de un poder racial, anti-blanco, en el mejor de los casos, un poder racial como el que actualmente padecen los Estados Unidos. Esa la más contundente de las ideas de la nueva izquierda es tan vieja como la existencia de las razas, y en la etapa actual en que la humanidad puede, aunada al fin, emprender su emancipación, es una rémora reaccionaria, en deservicio de los negros tanto como de los blancos. La nueva izquierda se veda así el acceso a la clase obrera blanca... y también a la negra, para ella confundida con la población negra a barrisco. La revolución es el arco iris; no conoce blanco ni negro.
En cuanto a su defensa de Vietnam, Cuba, etc., la nueva izquierda --y la vieja, dicho sea de pasada-- se coloca de grado dentro de las contradicciones inter-imperialistas y tributa en ideas y actos a la contrarrevolución stalinista. Arrimando el hombro a la victoria de Vietnam del Norte y Vietcong, se puede, a lo sumo, restarle beneficios al capitalismo americano (y mandarlos a otro), pero derribarlo, eso hay que hacerlo en Estados Unidos, y resulta imposible sin sublevar al proletariado contra el sistema, que es mundial y abarca a aquellos mismos que hacen la guerra a Estados Unidos. El proletariado americano ve en la nueva izquierda, no sin razón, un aliado gratuito de los explotadores y opresores del proletariado ruso, chino, vietnamita, etc. De ahí que la nueva y la vieja izquierda se desgasten sin obtener eco amplio en el país.
Una y otra están perdiendo energías que empleadas de otra manera y cara al proletariado, socavarían las bases del capitalismo en Estados Unidos, y mucho más hallá, las del bloque económico-militar adverso como consecuencia directa. La regla general de una política revolucionaria es: organización de acciones contra el capitalismo nacional, susceptibles de repercutir en acciones similares por parte del proletariado del otro Bloque, comprendido el de Vietnam en el Norte y en Sur; puesta en práctica del derecho a organizarse junto con el proletariado de todos los países, en primer término el de Rusia y China, a fin de concertar la lucha contra sus respectivos dominadores internos.
Aduzcamos, para terminar, que de los mismos o similares defectos adolecen los movimientos juveniles "anti-imperialistas" de América Latina, Japón, Alemania, Inglaterra, Francia misma.