Alarma, n.º 14, julio 1970 (págs. 12). PDF del número completo

Como todos los mamarrachos que al favor de esta época reaccionaria se han encaramado al poder, Castro lo ejerce según la regla confesada por Salazar: "Gobernar es salvar a la gente a despechos de ellos mismos". Es la regla cuya aplicación sirvió a la iglesia para salvar noblemente el alma de los herejes quemándolos vivos.

La gloria gracias al sufrimiento. Castro no propone más ni gobierna con mayor lenidad, y por añadidura su gloria es despreciable. Cualquier mediana democracia burguesa es sin lugar a dudas superior a su despotismo, menos maléfica para los explotados. Un prospecto publicitario suyo muy difundido hace ocho o diez años, presentaba la fotografía de un niño pobre, descalzo y sonriente, a quien se le hacía decir: "Cuando yo sea grande seré ¡lo que yo quiera ser!" Después de once años de poder absoluto, Castro, siempre en su estilo pasmarote, se da golpes de pecho en público, confiesa su culpa, se absuelve él mismo, y condena otra vez a la multitud de niños de entonces, ya hombres que ha traído a escucharle: Ahora sí voy a salvaros, pero tendreis que aguantar un sufrimiento mayor durante los próximos cinco años. Mientrastanto, nadie es sino lo que Castro quiere y nadie come ni viste a satisfacción sino los "salvadores" y sus sirvientes, bien regostados.

La militarización de la isla y las sevicias policíacas con su cortejo de delaciones, como medio para alcanzar el desarrollo económico decidido arriba, se han revelado ineficaces. No sólo es un fracaso la famosa zafra de 10 millones de toneladas; la producción industrial registra bajas (oficiales) de 20 a 50 por ciento, incluso en el ramo de las subsistencias cotidianas: la leche y el pan. Castro no encontrará otro remedio que reforzar aún las acitividades policíacas; ni puede encontrarlo, pues para ello hace falta hundir la estructura económica y política que él ha dado a Cuba imitando a sus ayos rusos.

Al final de su discurso, el 19 de julio, Castro recurrió a la más macabra de sus frecuentes truculencias discurseriles: anunció estar en posesión de la careta mortuoria de Guevara "moldeada inmediatamente después de morir", y además, de las manos del mismo "perfectamente conservadas". Necesita, evidentemente, amuletos que dejen lela a la multitud y lo protejan a él. Es incapaz de avergonzarse de semejante recurso. Pero su taumatúrgica imposición de manos muertas suscitará la incredulidad. O es mentira, o careta y manos no fueron tomada y cortadas en Bolivia.