Alarma, n.º 15, octubre 1970 (págs. 2-3). PDF del número completo
...tiene un doble aspecto, económico y político. En el primer aspecto consiste en aumentar el volumen de la explotación e intensificar al mismo tiempo la ya existente. Es lo que él llama industrializar y crear nuevos empleos; en lenguaje crudo: robustecer su poderío y poner más personal a trabajar para el capital, o sea, aumentar el número de esclavos del salario y la plusvalía que cada uno rinde.
Puesto a la escuela del capitalismo occidental, favorecida por su crecimiento y en gran parte financiada por él, la economía bajo Franco ha conocido cierta expansión durante los últimos diez años. No obstante, el plan de desarrollo a largo plazo está lejos de acercarse a las previsiones, mientras que los desequilibrios entre los diversos sectores del capital no han sido enjugados o bien se acentuan en determinados casos. Aun más importante es que la afluencia de capitales extranjeros haya ido cejando desde 1967. Fué en dicho año, limitándonos a las inversiones en que participa con más de 50 por ciento, de 8.100 pesetas en cifras redondas; en 1969 sólo de 4.300 millones. En fin la incertidumbre mayor para el capital español (considerando, no el origen nacional sólo, sino todo el que allí está invertido o depositado, puesto que el proletariado no debe hacer distingos de ese género) consiste en una lasitud de la economía mundial, cuyo ritmo de crecimiento lentece y sobre la cual se ciernen amenazas imponderables e incontrolables para los milagreros del dirigismo, que tan orondos de la última expansión se sentían.
Así pués, no sólo están en mengua, por relación a lo previsto, los beneficios del capital, sino que en el futuro inmediato y mediato aparecen todavía más comprometidos. Empero, el motivo integral de todo ello, además de económico, es también político, mal que pese a los autómatas del economismo. Igual si no más que en el resto del mundo, asistimos en España a un renacimiento de la rebeldía contra el sistema social existente. Es vaga y a menudo mal orientada, pero su generalización impedirá una verdadera recuperación del capital, y por añadidura, su desarrollo según lineamientos de clase netos conducirá a la revolución comunista que tan combatida es por unos, tan temida por otros que recatan, alevés, decirlo, tan esperada por la mayoría, tan cuidadosamente traicionada por los pretensos marxistas-leninistas. Tal es el aspecto político del problema del capitalismo hispano.
Ante semejante tesitura, los partidos de la gama conocida, desde Franco hasta los pro-chinos, divergen en la clase de remedio a aportar para proseguir el crecimiento del capital, y también en la postura a adoptar frente a los bloques imperialistas, pero no en más.
Franco propone y prepara la continuación de su régimen dictatorial, rey en cabeza; otros franquistas en contrición quisieran una dictadura atenuada; "socialistas" y liberales burgueses se pronuncian por la república o la monarquía constitucional; la gente a la escucha de Pekín jijea: "democracia popular"; en fin, esta última es también el remedio y la meta del stalinismo ligado a Moscú, aunque por ahora lo oculte y se contorsione hasta darse trazas de demócrata. Y bien, cualquiera de esa formas de organización servirá, a lo sumo, de recurso de salvación al capital, según las dificultades en que se encuentre y el grado de desorientación del proletariado; éste, por el contrario, no hallará emancipación, o quiera plena libertad política, ni por medio de la república más liberal. Tocante a la "democracia popular", véase más adelante en este mismo boletín, su contenido archi-capitalista y tiránico.
Debe notarse también que existen en España bastantes grupos, por lo general de jóvenes, sin conexión orgánica con ninguna de las tendencias anteriores. Quieren ser independientes, hecho en sí muy positivo, pues indica, por lo menos, recelo respecto de las antiguas organizaciones. En cuanto a la verdadera independencia, a aquello que ha de dar carácter y aptitud revolucionarios, no conocemos grupo alguno que la posea. A sabiendas o ignorándolo, todos reciben aires deletéreos del stalinismo moscovita o pekinés, de la social-democracia o del regionalismo vasco, catalán y gallego.
En una palabra, para resolver el problema del proletariado, consistente en sacar avante la revolución comunista, no se puede contar con las primeras organizaciones mencionadas, sino como enemigas, enemigas de clase del proletariado. Y para contar con los grupos independientes es preciso, primero, que ellos mismos o parte de sus hombres se desprendan de influencias nocivas y acudan a trabajar con nosotros en la preparación de la toma del poder, de las armas y de la economía por las masas trabajadoras, en España y en el mundo. No puede eludirse ese dilema sin aniquilarse como hombre y contribuir, al mismo tiempo, al aniquilamiento de la próxima revolución.