Alarma, n.º 15, octubre 1970 (págs. 10). PDF del número completo
Amadeo Bordiga ha muerto a principios del verano, apenas publicado el número anterior de Alarma. Aunque con retraso, queremos pararnos un instante a recordarle. Internacionalista desde la guerra de 1914-18, fundador del Partido Comunista de Italia (otras versiones son leyendas fabricadas y pagadas) Bordiga habría podido convertirse, como los Togliatti, los Pasionaria, los Thorez de por esos mundos, en importante funcionario al servicio del Kremlin, lo que siempre ha ido de par con un tren de vida de marajá, a más de la fama, a cambio, claro está, de la traición al comunismo. Bordiga prefirió la pobreza y la fidelidad a la revolución; la obscuridad personal y el pequeño grupo de revolucionarios, antes que la nombradía con el gran partido servidor de Rusia y del capitalismo mundial.
Nosotros tenemos importantes divergencias con sus posiciones, en particular sobre la relativa al partido proletario, a nuestro entender más naturalista que dialéctica. Ello no nos impide ver en el ejemplo de su vida el de un auténtico revolucionario, por entero consagrado a la tarea histórica de nuestra época.
En las condiciones reaccionarias de hoy, la muerte de un Bordiga pasa desapercibida, salvo para círculos restringidos. Contrasta, ¡y con qué ventaja!, con la de cualquiera de los "grandes hombres inventados" (Marx) a quienes la reacción mundial, desde Washington a Pekín, celebra y unge con todas sus grasas sacrosantas y profanas. Comparados con Bordiga se trata de pigmeos y de rufianes.
¡Salud, Amadeo Bordiga!