Alarma, n.º 16, enero 1971 (págs. 13-15). PDF del número completo
La ciencia y la técnica se han superado a un ritmo insospechado. Sabido es que con la automación (cibernética, energía atómica, cerebro electrónico, etc.) la maquinaria puede reemplazar al hombre tanto en el esfuerzo muscular como, en parte, en el cerebral. Con todo, nunca el hombre ha estado en condiciones sociales que lo priven tanto de tener consciencia de su propio yo y nunca el hombre ha sido tan esclavo y tan reducido a la categoría de ser inferior, no pensante. La educación, la cultura, la información, están determinadas a condicionar al hombre tanto física como intelectualmente, haciendo de él un robot más, incapaz de razonar y juzgar por sí mismo. La técnica, la ciencia y las letras, mangoneadas por las minorías propietarias de la cultura y de los instrumentos de producción --individuales o de Estado-- no tienen latitud de poner sus conocimientos al alcance todos, porque ello presupondría la desaparición de aquellas minorías, clase o casta privilegiadas.
No incurrimos en contradicción los revolucionarios cuando afirmamos que es falso creer que la ciencia y la técnica puedan, por sí sólas, jugar un papel progresivo y emancipar al hombre. Creemos, sí, que partiendo del hombre la ciencia y la técnica son imprescindibles para facilitar dicha emancipación. Todo depende pues de la orientación, de la forma de servirse de los conocimientos. Se les podrá entonces dar o negar contenido progresista. Para los cantores del progreso, haremos una simple panorámica de la realidad social en los países que disponen de mayores medios técnicos y diremos que es precisamente en ellos (espejo de los débiles) donde la alienación del hombre es más aguda. Donde, insistamos, a pesar de los instrumentos perfeccionados de que disponen para la producción, la jornada de trabajo, en lugar de ser reducida como sería lógico, ha sido aumentada, y "voluntariamente" doblada casi con la horas extraordinarias. Las cadencias o ritmo de trabajo aumentan por hora. Han sido impuestos y aumentados tambien el número de cabos de vara, las cronometraciones, los controladores, jefes y capataces. El arrivismo, la hipocresía, los chivatos de la peor laña son moneda corriente, mientras son ensalzados y glorificados los sentimientos más mezquinos, como los de razismo y patria. Por otra parte, en esos países ha aumentado, a veces hasta el doble o más, los efectivos del ejército, de la policía y la burocracia. De esa moral y ese estado de cosas no están exentos ninguno de los "grandes", americanos y rusos con todos sus subordinados. No obstante, se sigue especulando con el progreso, se habla de él tan obstinada como tendenciosamente. No de manera parcial, sino generalizando.
Que reaccionarios antiguos y stalinistas traten de darle ese contenido general a los avances técnicos y científicos, entra dentro de su papel de defensores del sistema capitalista. Lo que no es tan justificable es que caigan en lo mismo y les hagan el caldo gordo, no sólo los socialistas, sino también tendencias que se pretenden revolucionarias, olvidando criminalmente que el descompás de dichos adelantos, ciencia y técnica, con la intervención del hombre en los mismos (intervención nula en oriente y Occidente con sus grandes y pequeñas patrias) hará de todo ese progreso un Hiroshima universal, a menos que se realice la revolución social.
No, la sociedad actual no puede adaptar y poner la técnica al servicio del hombre. Es más, no puede utilizarla sino en medida limitada. Su base económica no le permite producir para las necesidades de consumo, sino para el beneficio. Todo se opone a una utilización humana de los medios de que dispone. Los progresos técnicos realizados son inaplicables en el orden social en que vivimos. Si las fábricas fuesen enteramente automizadas, computadores y robots en función, ello traería por consecuencia el desbajuste y el marasmo social. Mas de las tres cuantas partes de la mano de obra industrial y administrativa sería condenada al paro forzoso. El poder de adquisición para el consumo de la producción sería casi nulo, y sin venta no hay beneficios.
Todas las épocas han tenido sus usos, costumbres, moral y justicia, y en todas las épocas las clases dominantes han adaptado su justicia y su moral a sus intereses y necesidades. No es extraño pues que el dios de la época atómica sea la técnica. Con dios, a los explotados se les ofrecía para el futuro la felicidad eterna; con la técnica se les ofrece ahora, para el futuro, claro está, bienestar y felicidad. Mientrastanto, trabajar, producir, embrutecerse y aceptar en el presente el papel de robots y de imbéciles. Es precisamente con esa moral, en nombre de la técnica, de la industrialización y del progreso, "para crear las condiciones" como se ha impedido al socialismo ser una realidad. Es con esa moral y con esa jerga que los jefazos dirigentes de países como Cuba, Yugoslavia y demás naciones del Este, Rusia y China en cabeza, han traicionado y traicionan al socialismo. En ellos es donde más se promete al hombre y donde más explotado y esclavo es y menos derechos tiene; donde las jerarquías y privilegios son más marcados, y donde, sin duda ninguna, están más lejos de "ir hacia el socialismo" que en otro régimen político cualquiera. En realidad, todos los movimientos "emancipadores y progresistas" no han hecho más que adelantarse a la forma más decadente y despótica que le queda al capitalismo (la forma estatal) para salvar su sistema de explotación del hombre por el hombre.
Para nosotros, los revolucionarios, la noción de progreso tiene una significación más profunda y completa que el hecho de construir máquinas o plataformas espaciales. El progreso no puede disociarse del factor hombre. El progreso de la técnica debe ir indefectiblemente acompañado del progreso del hombre. Para liberarlo y no para esclavizarlo. Para ponerse íntegramente a su servicio facilitando su emancipación material y espiritual. En una palabra, para que la ciencia, las letras, las artes y máquinas nos sirvan de guía en lo humano, lo moral y lo político, hace falta cambiar la faz del mundo realizando la revolución social. Sólo con esa perspectiva de realización universal se realizará la emancipación del hombre. Y entonces sí se podrá hablar de progreso.
J. Costa