Alarma, n.º 16, enero 1971 (págs. 18-19). PDF del número completo
Dos de las organizaciones dichas trotzkistas, Ligue Communiste y Lutte Ouvrière, acaban de firmar un "protocolo de acuerdo" para una fusión cuyo primer paso es el protocolo mismo. El intermedio sería la publicación de un semanario común, y el final la unificación en un congreso que reconocería el derecho de fracción, la representación proporcional de las minorías en la dirección y la libertad de expresión de éstas en la prensa de la futura organización. Nada nuevo. Se trata de derechos tradicionalmente ejercidos en el movimiento obrero. La única innovación --relativa-- consiste en que el Secretariado Unificado (la dirección internacional) se comprometería, al realizarse la fusión, a no modificar la política votada por mayoría ni la dirección de la nueva organización, que tomaría el rango de Sección Francesa de la IV Internacional a despecho de que seguirían al margen otras organizaciones dichas trotzkistas, que invocan, como las fusionantes, los tres primeros congresos de la Internacional Comunista y el Programa de Transición.
Si bien la democracia interna es inseparable de una organización revolucionaria, ella sólo no confiere ese atributo, por muy escrupulosamente respetada que sea. En la socialdemocracia francesa, las minorías se han expresado y han estado representadas proporcionalmente en la dirección. Tampoco se adquiere dicho atributo mediante la "implantación en la clase obrera", amuleto que "Lutte Ouvrière" lleva supersticiosamente colgado al cuello. No le dará mejores resultados que una pata de liebre. De lo que se trata es del contenido revolucionario de implantación y democracia. Y en eso, indispensable es proclamarlo desde ahora, la organización unificada será aún menos apta que "Lutte Ouvrière" huérfana. No añadimos la "Ligue Communiste", porque ha sido y es mucho más oportunista, vergonzosamente pro-china. Quienes se consideran, cual dicen de sí mismos los dirigentes de la Ligue, educados por la guerra de Vietnam, o por la China maotsetunera, son discípulos de Stalin, no de Trotzky, y menos revolucionarios.
Cuando la tendencia representada por "Lutte Ouvrière" abandonó la IV Internacional, todavía podía decirse que ésta era una organización internacionalista, criterio supremo del ser revolucionario. Hoy no. Dejó de serlo en el curso de la guerra, contaminada por la defensa nacional (o resistencia, al principio) y dió aval a su claudicación en el congreso de 1948. Ahora, "Lutte Ouvrière" vuelve al aprisco de una IV Internacional más que averiada, carcomida por la purulencia del stalinismo mundial, y que ha abandonado, incluso formalmente, la más importante de las ideas que dieron origen a su creación. Nos referimos a la incompatibilidad entre el stalinismo y la revolución. En efecto, hablando de "países socialistas" en Europa del Este, de revolución china, vietnamita, cubana, etc., esa IV Internacional traiciona el hecho mismo de su fundación, reconoce tácita y explícitamente que su existencia no es indispensable, y que se considera --es la única realidad-- parte del movimiento stalinista mundial. En ese ambiente ya tan deletéreo, un revolucionario no puede respirar sin asfixiarse, por muy sanas que sus intenciones sean y grande su energía.
Pasando por alto toda esa involución del trotzkismo, a veces reconocido por sus hombres, aunque no denunciada, "Lutte Ouvrière" está agachando la cabeza ante capituladores. Era de prever habiéndose mostrado antes inapta a salirles al paso a los pro-chinos marcándolos al fuego como lo que son: estafadores políticos, stalinistas enemigos del proletariado. En fin de cuentas, es víctima de su propia blandicie ideológica que encubre un activismo en sí meritorio, pero sin relación profunda con las necesidades revolucionarias. Le hacía falta un poderoso impulso a izquierda; cansina, se deja resbalar a la derecha.
En fin, dentro de una organización no se puede comprometer uno con quienquiera a respetar el juego de la mayoría, porque se renuncia así a la libre expresión y a la movilización revolucionaria de minorías. "Lutte Ouvrière" cree que no renuncia a nada; el paso que da demuestra más bien que no tiene gran cosa a que renunciar. Habrá confirmación de lo dicho en las fases segunda y tercera de la unificación.