Alarma, n.º 17, Abril 1971 (págs. 9-13). PDF del número completo

Como en todas partes, el trotzkismo en América Latina es hoy la tabla de salvación para muchos que quieren romper con los partidos stalinistas, pero no con el stalinismo. Conscientes de ello, los trotzkistas llaman "parte del movimiento revolucionario" al stalinismo, cuando en verdad es su negación más profunda. La solución al enigma es que actualmente casi todos los trotzkistas son en el fondo stalinistas; abiertos a la continuidad, están siempre dispuestos a servir como el último obstáculo entre la contrarrevolución y el campo revolucionario.

La esencia del pensar de esos trotzkistas es tecnocrática. La mayoría de ellos son admiradores fieles de la "progresividad económica", cuando ya desde 1914 el movimiento marxista echó por los suelos esa concepción. Su admiración por los niveles económicos "óptimos", la industrialización y la planificación, los hacen adorar la base material de la contrarrevolución rusa: la propiedad nacionalizada y la planificación capitalista estatal. Fundan su adoración no en una táctica explorativa y motivada esencialmente por principios de verdaderos revolucionarios, como fueron los de Trotzky y los de muchos de los viejos trotzkistas, sino en tasas de productividad, en la acumulación del capital. Se ven a sí mismos como directores del futuro "Estado obrero", cuando en realidad, por razones incomprensibles a ellos, podrían ser sus verdugos.

Los stalinistas existen para asegurar la continuidad del capitalismo estatal. Por eso defienden "la patria socialista" rusa. Sus hermanos chinos, claro está, sienten esa misma admiración por el reinado asiático de Mao. Para no quedarse atrás, los trotzkistas defienden con más celo aún, la base material de la contrarrevolución, dicha por ellos de la revolución, o sea la propiedad estatificada y dirigida. Su tal "revolución política" (si es que hablan de ella), se limitará a un purgamiento superficial del aparato stalinista, lo que permitirá que la contrarrevolución alce su manota cuando le convenga y decapite a los obreros. Pese a su historia dizque revolucionaria, que en realidad es la de otros, no la de ellos, la mayoría de los grupos trotzkistas acabarán, de una manera u otra, en las filas del stalinismo, salvo ruptura con sus concepciones. Sus lamentos bovinos sobre las innumerables traiciones del stalinismo (o sea, cuando éste falló en inaugurar otro capitalismo de Estado en algún país) no explican nada al proletariado, y lo que es peor, lo confunden y lo paralizan con una mistificación de lo que es el stalinismo.

La historia del trotzkismo en América Latina durante los 30 años últimos es una historia de capitulación y de vergonzosas intentonas de ser más stalinistas que los stalinistas. Gran responsabilidad de ese fracaso la tiene el partido trotzkista norteamericano SWP (Socialist Workers Party). Durante la segunda guerra mundial, el SWP se volvió solapadamente social-patriota y pedía al gobierno imperialista de Roosevelt "una verdadera guerra contra Hitler", a cuyo fin reclamaban que los sindicatos yanquis controlasen el ejército imperial norteamericano. Esa actitud patriotera se filtró a los grupos latinoamericanos más débiles ideológicamente, porque ellos dependían del SWP muchas veces en materia de información teórica, etc. Por lo tanto, los grupos latinoamericanos trotzkistas ayudaron, débilmente, claro está, a la lucha "antifascista". El centrismo y la claudicación hicieron presa en la mayoría de ellos. Las raíces de la destrucción de la IV Internacional aparecieron durante la segunda guerra mundial, no en 1952 como pretenden los tergiversadores del tal "Comité Internacional" (Lambert-Healy) que han inventado el cuco del "pablismo". En el sentido dicho, todos los grupos trotzkistas de hoy son "pablistas"1.

Las posiciones burguesas, o más bien dicho, de capitalismo estatal, de los grupos trotzkizantes de América Latina se expresan cristalinamente en la cuestión de los sindicatos2. Aplican aquí de forma derechista el caduco Programa de Transición. O sea, que luchan por sindicatos "revolucionarios" o "independientes", y mientrastanto —por qué no— tratan de que los elijan a puestos burocráticos dirigentes y apoyan la política de los líderes actuales. Los sindicatos, claro, los absorben a ellos. En América Latina el Estado ha integrado los sindicatos de manera bastante completa y eficiente. Muchas veces es el Estado mismo el que los ha formado, como complementos necesarios para la acumulación dirigida del capital. Es una tendencia y realidad innegable en todo el mundo y muy acentuada en América Latina. Pese a esto, trotzkizantes y algunos stalinistas "de izquierda" (pekineses) piden como reivindicación el "control sindical de la producción" o de lo que sea. Tal demanda no contradice las necesidades del capitalismo de Estado; al contrario, las refuerza. Llegado el momento, los sindicatos se ocuparán de ayudar a planificar la economía, si es que son fuertes, o se dedicarán únicamente a disciplinar a los obreros si es sólo socio pobretón del Estado. En este caso, las subvenciones no tardan en llegar. Y, en cualquier caso, no se trata de ninguna reivindicación obrera.

Esta política estéril de tratar de "limpiar" los sindicatos cuando éstos fueron, aun limpios, organizaciones netamente reformistas pertenecientes a una época de librecambio capitalista durante la cual los recien formados obreros acudían en tropel a los sindicatos (¿acaso ocurre eso ahora?), es una actividad que desmoraliza y destruye a los cuadros revolucionarios. En el mejor de los casos esos militantes se retiran, asqueados, de la política, y en el peor se transforman en "exitosos" líderes burocráticos. El mismo Guillermo Lora, del POR boliviano (Partido Obrero Revolucionario), es más conocido en el ámbito sindical que en el revolucionario. Es el correveidile del movimiento sindical boliviano, el druida de la COB (Central Obrera Boliviana). Lo que anima a estas momias no es ya una política bolchevique, es una política netamente tradeunionista3.

El trabajo de los trotzkistas es supérfluo, porque el automatismo de las economías semicoloniales, y la intervención cada vez más desesperada del Estado para preservar su achicada porción de la plusvalía nacional, termina por hacer cisco la tal autonomía de los sindicatos.

En Argentina, los grupos trotzkizantes de las publicaciones Política Obrera, La Verdad y El Combatiente se encuentran en crónico estado de postración ideológica. Como siempre se trata de claudicar, su objetivo más inmediato es el peronismo, especialmente para el primer grupo. El segundo ya es parte del peronismo (Moreno-Molinier y otros) y el tercero se las da de tupamarista, guevarista y otras bascosidades.

Política Obrera tiene la clásica política de "desenmascaramiento" del liderato peronista en los sindicatos a través del tal Programa de Transición, del "frente único" con stalinistas, pekineses y peronistas, etc. Lo que sucede siempre es lo inverso: el aparato sindical peronista se los "gana" a ellos. En otras palabras, se los zampa como Frankenstein a los niñitos. Moreno, que políticamente es un niñito retardado —un cretino— puede atestiguarlo.

En mayor o menor grado, todos esos grupos argentinos son castristas. La casta archireaccionaria de La Habana es para ellos "socialista" y se refieren al tiranuelo Castro como "compañero". Pese a este efluvio de cordialidad bizantina, la canalla castrista no desperdicia oportunidad para conectar, abierta o solapadamente, al trotzkismo con el imperialismo yanqui. Preguntadle al peronista-trotzkista Jorge Abelardo Ramos qué dijeron de él los escritorzuelos a sueldo de La Habana, cuando se atrevió a criticar la "teoría" del "foco". ¿Es necesario recordar también las puercas insinuaciones del "compañero Ché" sobre el trotzkismo cubano hechas al periódico chileno Ultima Hora? ¿Hacen falta más ejemplos?

Con fines puramente falsos, deshonestos, las claques internacionales trotzquizantes, como el "Secretariado Unificado" (Frank-Mandel) y el tal "Comité Internacional", se disputan constantemente esos grupos. El CI tratará, a toda costa, de conquistarse los favores de Política Obrera, y el SU ya se ha ganado —cosa fácil— a El Combatiente. Con listas de grupos a la mano, cada uno de esos "centros" de la IV Internacional chilla a los cuatro vientos su supuesta superioridad numérica en América Latina. Da asco ver a estos hoscos cabecillas disputarse lascivamente, en París o Londres, el oportunismo que ellos mismos han creado y al que dan pauta. Son los aprovechadores de la indigencia teórica del proletariado latinoamericano.

En Chile, donde nada queda ya de la influencia de Recaberren o de Aguirre Gainsborg, los trotzkizantes hacen también de las suyas. El grupo de "profesores y estudiantes marxistas" (¡sic!) de la universidad de Concepción, a través del trotzkizante Luis Vitale ha dado todo su apoyo al recién electo gandul Salvador Allende. El tal Vitale tiene concordancias ideológicas con el Secretariado Unificado, lo que le da ocasión de colaborar también con la revista Pensamiento Crítico, editada en La Habana por sus colegas castristas. Vitale ha sido uno de los arquitectos del apoyo trozkizante al Noske-Negrín Allende, el próximo verdugo de los obreros chilenos. En su folleto, "Después del 4 de septiembre, ¿qué?" Vitale asegura a los obreros chilenos que la victoria allendista es un triunfo de ellos. Igualmente, una declaración política salida de las aulas de la universidad de Concepción, obra de Vitale y sus intelectuales, dice a los obreros chilenos: "Los trabajadores, con la victoria de Salvador Allende, han obtenido un importante triunfo político-electoral".

Más adelante, Vitale y los suyos llaman a un urgente "reagrupamiento de la izquierda", a través de un "Frente único anti-imperialista", que incluirá —cómo nó— a los pekineses de la revista ML, a los miristas de Punto Final (MIR) y a toda secta centrista. "Tácticamente", sinembargo, el frente abarca también a "los compañeros" de Unidad Popular allendista, el partido de Estado. A su vez, la Unidad popular —típico burdel político stalinista, incluye al P.C. chileno, a tecnócratas como Chonchol y Vuskovic, delirantes pitonisas del capitalismo estatal (Chonchol asesoró en Cuba el planeamiento económico de la reforma agraria) y otras escorias como el partido socialista. No cabe la menor duda de que Allende tratará de remar entre las acometidas del imperialismo yanqui y la ayuda del imperialismo ruso. Necesitará toda la astucia de un Nasser y por añadidura de un tendero, para sobrevivir "independientemente". La plusvalía de los obreros chilenos, empero, será extraída de manera ampliada, intensificada, absoluta. Allende intentará costear su programa de modernización del bolsillo de los obreros, valiéndose de compañías mixtas y expropiando alguna que otra industria no rentable. Chile, a lo sumo, se transformará en la Yugoslavia de América Latina, camino por el que también va Cuba con sus contuber nios Habana-Madrid-Washington o su comercio con otras potencias imperialistas de Occidente. El futuro de Chile bajo estas condiciones, depende de los arreglos existentes entre los jerarcas de Moscú y de Washington.

Claramente, cualquier componenda con la Unión Popular o con cualquiera de los grupos castristas (MIR, etc.) será fatal para los revolucionarios y los obreros chilenos. Si el MIR se opone en cierto grado a la UP, es por razones tácticas. Además, la orientación del MIR es hacia el imperio de los Mao, lo mismo que la del grupo "marxista-leninista". Tienen razón cuando dicen que sólo la lucha armada puede derrotar al imperialismo yanqui. Pero tal derrota sólo significaría la instauración rápida y violenta del capitalismo de Estado puro y con orientación neta hacia Rusia o China. Tampoco esa sería victoria proletaria. Allende no es el capitalismo de Estado, es simplemente el gobierno de la burguesía industrial chilena y del imperialismo yanqui, con un programa menos "deshonroso" para Chile. Lo único que tratará Allende es de racionalizar más la vieja economía semicolonial. Sabiéndolo, Castro lo ha felicitado; sus Amos de Moscú no desean en Chile, todavía, un capitalismo de Estado a ellos ligado. Sería desastroso para la "coexistencia pacífica" entre las esferas de influencias de los dos más grandes imperialismos.

Comprender las razones entre bastidores de los Castro, Allende y compinches, nos ayuda a ver cuán claudicante e insolvente es la política de los Vitale y demás trotzkizantes chilenos. Allende no desea su ayuda, porque ellos representan, en grado relativo, ideológicamente, a las fuerzas del capitalismo estatal ruso. El odio de Allende hacia cualquiera que intente el "desorden" se dejó traslucir en octubre de 1970, cuando su Unión Popular amenazó la ocupación de universidades por el MIR y desautorizó los llamamientos a tomar las fábricas, ocupar fundos, etc., del ala obrera del MIR (entre ellos el líder Toro). Sólo los revolucionarios que logren salir del cepo del MIR o de las aulas trotzkizantes de Vitale, podrán ayudar a los obreros chilenos a luchar contra Allende por el socialismo, no por el capitalismo de Estado que quieren el MIR y los pekineses.

En Bolivia, los trotzkistas fueron capaces, a través de enormes sacrificios, de crearse una base y un apoyo en las minas de Estaño. Sinembargo, han pervertido base y apoyo arrojándolos siempre al basurero del mangoneo sindical. El POR boliviano vive estrictamente dedicado a redactar tesis, manifiestos, declaraciones, etc., para la Federación minera y la Central Obrera Boliviana (COB). Ya que estos organismos sindicales, liderato y aparato, giran alrededor del Estado y tienden a fusionarse con él, se hace claro adónde va encaminado el POR. La historia misma de la COB y del gran líder Lechín no le ha enseñado nada al POR. Sigue con las mismas cantaletas de siempre. Los eventos del año 1970 ilustraron claramente dicha tendencia. Con la subida al poder, en octubre pasado, del gorila Torres, el POR ha demostrado una vez más la esencia de la claudicación trotzkizante. Ya se olían sus manoseos sucios en mayo de 1970, cuando la COB aprobó un largo documento redactado en parte por el POR y en parte por el PIR (Partido de Izquierda Revolucionaria, el stalinismo boliviano). El documento es esencialmente nacionalista, y típico de un sindicato dirigido. Por enésima vez llama a la nacionalización de las minas "bajo control sindical" y al "control obrero" de casi todo. Se puede decir que es un documento conjunto del POR y del PIR a través de la COB. Al subir Torres al poder, el periódico del POR, Masas, deja entender que existe un "Comando político de la clase obrera y del pueblo"4. Dicho "comando" se ha dedicado a "desenmascarar" a Torres en el lenguaje pekinés y trotzkizante. Es seguro que el POR ha entrado en "frente único" con el stalinismo pro-chino y tal vez pro-ruso, con la finalidad de buscar el apoyo de las masas en una aventura pro-capitalista estatal. En otras palabras, en pro de la toma del poder por el stalinismo, usando a los sindicatos como tropas de choque, desarmando cualquier intención propia de los obreros de expropiar y "devolver a la colectividad" la propiedad de los instrumentos de trabajo. La lógica de las posiciones políticas es inflexible y brutalmente arrolladora: el POR se verá obligado, en caso de revolución social, a pasarse a la barricada de enfrente, con las criaturas del Estado burocrático naciente. Y, de paso, también ayudará a aniquilar a los verdaderos revolucionarios y a los obreros armados. Es de esperar que los obreros bolivianos sabrán defenderse con las armas en la mano.

Casi no vale la pena examinar los otros grupos trotzkizantes en la América Latina. En general no tienen, ni les interesa conseguir, una base real revolucionaria en la clase obrera industrial, sine qua non del marxismo. Se orientan más hacia las universidades, y cuando llegan a tener base proletaria la prostituyen de manera criminal: la hacen más peronista (en Argentina), o más sindicalista (Bolivia). Al fin y al cabo la entregan al stalinismo.

En México, la Liga de Comités Obreros, al igual que la Liga Obrera Marxista (LOM) es un grupo que lucha por la "defensa de las libertades democráticas". En 1967, la LOM rogaba a La Habana que le permitiese entrar en la OLAS. En Brasil, el POR de Posadas ya no tiene a quien entregarse. Talvez, a falta de Goulart, al obispo Helder Câmara. La fracción "bolchevique-trotzkista" de Porto Alegre ha roto con Posadas, pero eso no basta para romper con todo lo que significa ahora el trotzkismo. Así, hay numerosos individuos en América Latina que tratan de orientarse hacia el marxismo revolucionario, pero por falta de otra cosa, se unen a grupos trozkizantes. Lo hacen, no porque son oportunistas, sino porque están aislados. Los que se unan al trotzkismo porque éste promete un stalinismo más "humano", son carreristas que nada ofrecen al proletariado. Los primeros son generalmente militantes de base que instintivamente eligieron al trotzkismo contra el stalinismo, o que abandonaron el partido stalinista y, al verse sólos, se hicieron trotzkistas. El segundo tipo de persona es casi siempre un intelectualoide, un trotzkizante típico, un "rábula quejumbroso" condenado irremisiblemente a desplomarse ante el stalinismo oficial. No en balde estos tipos llegan a ser los "líderes" trotzkizantes que abundan en el mundo: en Buenos Aires, París, Nueva York, Londres o Montevideo. Como ya se ha dicho antes en Alarma, sin romper con ellos es imposible pisar terreno revolucionario.

Francisco Fernández

(NOTA DE LA REDACCIÓN) Por error, la nota de la página 10 continuada en la 11 quedó trunca. He aquí las líneas que faltan:

"El grupo semi-trotzkista peruano, Vanguardia Popular, se vanagloria de crear sindicatos bajo la dictadura de Velasco. Este mismo grupo, que se dice opositor a la dictadura y al entreguismo del PC peruano, clama por la nacionalización de las minas, bajo control sindical de la producción. Ver sus ponencias políticas sobre el contrato minero de Cuajone, entre el gobierno de Velasco y la American Smelting and Refining, especialmente su quinta y última ponencia. Lima 1970".

  1. Consultar Pro Segundo Manifiesto Comunista, p. 69, nota 2. Paris 1965. ↩

  2. Para conocer la actitud de los revolucionarios ante los sindicatos, recomendamos la obra de los camaradas Péret y Munis, Les syndicats contre la révolution. Paris 1968. ↩

  3. Un dirigente del POR boliviano, Filemón Escobar, es también dirigente (secretario financiero) de la Federación minera. No hacen falta los comentarios. ↩

  4. El periódico del POUM español, La Batalla, publica información sobre esos eventos. Claro está, simpatiza con todo lo que confunde y disgrega al proletariado latinoamericano: guerrillerismo, castrismo, etc. Es siniestra la similaridad de nombre del "Comando" con la consigna falsaria del Maoismo: "proletarios de todos los países y pueblos oprimidos, uníos!" ↩