Alarma, n.º 18, Julio 1971 (pág. 19). PDF del número completo
La asamblea "popular" que delibera en La Paz está lejos de ser un organismo de poder de los trabajadores, como fueron los soviets rusos del 17 o los comités españoles del 36. No representa a las masas en lucha sino a las organizaciones existentes, en particular trotzkistas, stalinistas pro-rusos y pro-chinos. Tampoco es un organismo de dualidad de poderes, cual afirman, pervirtiendo el concepto, la Ligue Communiste en Francia y sus semejantes en otros países. Representa, por el contrario, un apoyo "izquierdista" del gobierno en funciones, el del general Torres. Ella misma no aspira a ser otra cosa que "una dirección política y militar de las masas" en oposición "al fascismo y al imperialismo", precisamente lo mismo que pretende ser el gobierno de Torres. Hay entre aquella y éste complementaridad, no contraposición. Sus acuerdos son simplemente indicativos, son consejos dados al Estado y la naturaleza de los mismos abunda en igual sentido, es decir, que no atentan al sistema social existente. La mejor prueba es el acuerdo de la Asamblea recomendando la "cogestión obrera de las minas". El otro gestionante sería el Estado, que ya tiene las minas nacionalizadas. Se trata de una versión atenuada del control obrero de la producción capitalista; atenuada, porque en la forma original del mismo la representación obrera era democráticamente designada por el conjunto de los trabajadores de cada unidad, mientras que en Bolivia representaría, al igual que la asamblea, a las organizaciones sindicales y políticas. Ahora bien, la clase trabajadora, sea de la industria, de las minas o del campo, no puede compartir con organismo alguno la gestión de la economía, desde el acto de la producción hasta el de la distribución, sin someterse voluntariamente a la explotación.
Aun en el supuesto de que la Asamblea Boliviana derrocase al gobierno Torres, como han propuesto al parecer los pro-chinos, y pusiese en ejecución sus recomendaciones, no habría consumado la revolución social, ni suerte alguna de revolución permanente a la Octubre de 1917; lo que consumaría es la concentración del sistema existente en capitalismo de Estado.
El modelo de la Asamblea dicha popular, engendro de la burocracia de las organizaciones políticas y sindicales, no es el de la revolución rusa, ni el de ninguna otra tentativa revolucionaria que merezca tal nombre. Es el que ha aplicado en China el stalinismo estando ya transformado en contrarrevolución dentro de Rusia. Rusófilos y chinófilos no pueden sino practicar la misma estafa a los trabajadores bolivianos. Pero ahora se suman a ella los trotzkistas de la asamblea y cuantos los aprueben.