Alarma, n.º 18, Julio 1971 (págs. 17-18). PDF del número completo

Un complot más que dudoso en Egipto, otro complot abortado en Marruecos, un golpe de Estado en Sudán seguido de un contra golpe con ayuda de Libia, la liquidación de la "resistencia" palestina en Jordania, son acontecimientos ligados entre sí y muy explícitos sobre lo que en verdad es el "mundo árabe".

El Sadate, sucesor de Nasser como "führer" designado con el beneplácito de Rusia, descubre bruscamente un complot en el cual implica a los colaboradores y amigos más cercanos de su antecesor. Ni pruebas ni verosimilitud; sólo supuestas cintas magnetofónicas cuyo contenido nadie conoce, sin hablar de su autenticidad. Incluso la prensa occidental, siempre parcial respecto del poder existente, ha puesto en duda la existencia de un complot. La prensa oriental, por su parte, se guarda de insinuar nada y deja hacer a la diplomacia suya. Lo evidente es que si complot ha habido tiene que haber sido fraguado por Rusia misma, lo que pondría a Sadate en situación insostenible. Pero no hace falta indagar demasiado. Bajo poderes tan absolutistas y arcaicos como son los de los países árabes, aún diciéndose modernos y socialistas, cualquier oposición, la menor tendencia hacia el poder, éste la convierte en "complot contra la seguridad del Estado". Y en transparencia de la lucha por el poder en cada país árabe se vislumbra la lucha por la hegemonía panárabe.

En la última categoría entra netamente la tentativa putshista de Marruecos. Los "revolucionarios" eran altos jefes del ejército y sirvientes de alcoba del reyezuelo Hassan. No obstante, el bárbaro ataque al holgorio real, que costó la vida a no pocos invitados de marca, fué perpetrado en forma que despierta la sospecha de que el gobierno no ignoraba por completo la trama. Hasan, misteriosamente indemne en medio de un tiroteo cerrado destinado a matarlo, declaraba satisfecho inmediatamente después: "Ahora soy más rey que nunca". Y a continuación entregó a Ufkir, caso patológico de asesino, todos los poderes. Los militares putschistas tenían el apoyo declarado de Libia, donde otro militar musulmán y semifascista, Kadhafi, se agita preparando su liderato del mundo árabe. En fin, importa recordar que entre las felicitaciones recibidas por Hassan, figuran la de otro reyezuelo, Hussein de Jordania, y la del "socialista humanista" Sekú Turé.

En Marruecos fracasó Kadhafi, pero no en Sudán. Lo más interesante aquí es que el golpe de Estado de El Nur y El Atta fué inmediatamente saludado por Moscú. Los putschistas se declaraban partidarios de un "socialismo científico", falsificación ideológica oficial con que el Kremlin encubre su capitalismo de Estado. Sinembargo, el partido sudanés filial de Moscú no intervino sino después de la aprobación pública dada por el Kremlin. El contra golpe de Estado ha sido principalmente obra de Libia en colaboración con Egipto. Kadhafi interceptó el avión en que viajaba El Nur, lo detiene a traición y lo entrega para hacerlo fusilar por el general Nemeiry restablecido en el poder. Las ejecuciones cuentan por centenares, por miles. Un amigo de Nemeiry promete la muerte a todos los afiliados del partido comunista, mientras Nemeiry en persona declara que sus relaciones con Moscú continuarán siendo tan amistosas como antes. Y así será, pues para Moscú sólo cuentan ventajas económicas y posiciones estratégicas. Los afiliados a sus partidos en cualquier país, son para él tropas a sacrificar según conveniencia.

La emoción y el barullo de todos esos acontecimientos han sido aprovechados por el matrero e implacable rey de Jordania para lanzar a sus beduinos contra las tropas palestinas, de modo que la resistencia a Israel quedará sacrificada por los propios árabes, que en realidad no la utilizan sino como banderola demagógica y factor de maniobra entre sus diversos Estados. Digamos de pasada que Israel ha perdido una oportunidad rara de ofrecer a los palestinos, en Palestina, mejores condiciones de vida y de libertad que sus pretensos hermanos ismaelitas, poca cosa en verdad. Es la más reciente de las confirmaciones de que cualquier capitalismo es hoy incompatible con la libre disposición de los pueblos.

Todo lo anterior ha ocurrido enteramente a espaldas del proletariado y de las masas miserables de los países árabes. Históricamente, cuando no en lo inmediato, va dirigido contra ellas. El acontecimiento revolucionario en tales medios será aparición de una organización en ruptura con el Islam, con todos los objetivos e ideas árabes, con sus representantes y los aliados de sus representantes. La negación de la religión, de la raza y de la nación, son la condición preliminar del ser revolucionario. Lo que se llama "mundo árabe" no es otra cosa que la alta canalla continuadora del antiguo despotismo asiático, mediante los recursos técnicos, represivos y destructores del Hombre, de la civilización capitalista en decadencia.