Alarma, n.º 18, Julio 1971 (pág. 20). PDF del número completo
El proceso de Burgos contra militantes de la ETA ha causado una crisis en el seno de esa organización que podría acarrear consecuencias positivas. Las peores declaraciones nacionalistas a que dió lugar el proceso, no sólo de parte de los acusados, han sido condenadas. La ETA, o una tendencia al parecer mayoritaria y más obrera según su decir, declara que el problema basco es el mismo que el del proletariado español y que sólo una lucha conjunta podrá resolverlo. La tendencia se declara pues revolucionaria.
A primera vista y por los informes fragmentarios de que disponemos, nada que objetar. Pero vivimos en una época de falsificación sistemática y muy deliberada de las ideas y teorías revolucionarias. Los peores enemigos del proletariado, que le han procurado ya decenas de derrotas, que lo explotan, lo reprimen y lo privan del menor derecho allí donde ejercen el poder, se dicen socialistas, revolucionarios, marxistas. Toda organización seria tiene, en consecuencia, la obligación de definirse por relación a ellos antes que nada, es decir, por relación a los falsarios de Moscú y de Pekín. En segundo término, también respecto de otras tendencias que les son exteriores, cual el centrismo político, ayer representado en España por el POUM, hoy, en todo el mundo, por las diversas organizaciones y grupos que se dicen trotzkistas, si bien no pocas de ellas están ya a la derecha del centrismo.
Sin tomar esas coordenadas políticas como puntos de referencia, definirse revolucionario es, en el mejor de los casos, demasiado vago; en el peor sería caer en la impostura, digámoslo sin ambages.
Si por el contrario, la tendencia aludida de la ETA hubiese comprendido lo que representa el stalinismo de cualquier tonalidad, y también lo que es el blanducho centrismo, el acontecimiento tendría una importancia capital para el porvenir y habría que saludarlo con alborozo.
Volveremos a tratar el asunto en el próximo número de Alarma.