Alarma, n.º 18, Julio 1971 (págs. 16-17). PDF del número completo

La horrenda y cobarde matanza de la plaza de las Tres Culturas, en la ciudad de Méjico, el 2 de Octubre de 1968, develó bruscamente ante el mundo la naturaleza real de un régimen que la gente mal informada, es decir la mayoría, tenían por revolucionario, o cuando menos por democrático. Ahora ya no causa sorpresa una noticia como la del brusco ataque (Le Monde 12-6) a una manifestación estudiantil que pedía la libertad de los presos políticos. "Centenares de civiles armados" dispararon por sorpresa contra los manifestantes, causando 10 muertos (estimación oficiosa). Los responsables de la manifestación han hablado de 40. En todo caso, la vesania de los energúmenos atacantes les llevó a ejecutar heridos en los hospitales, a impedir la intervención de los médicos y a arrancar los vendajes de los heridos. Un portavoz del hospital Ruben Lenero que suministró esos informes añadió, escandalizado, que la policía no hizo nada para impedir tales atrocidades. Tampoco intervino durante la premeditada matanza de manifestantes.

Después se ha hablado de una organización de extrema derecha llamada "Los Halcones" o de policía paralela, es decir, extra-oficial, mientras el gobierno, que niega responsabilidad en los hechos, ha prometido hacer una encuesta. Pero, después del ametrallamiento de Tlatelolco, siendo secretario de Gobernación (ministro de la policía) el actual presidente de la República, sus palabras no merecen el más ligero crédito. Incluso un burgués que se respetase a sí mismo se habría negado a ser candidato del partido oficial. Puede tenerse por cierto sin miedo a equivocarse que de la encuesta gubernamental nada saldrá en claro, si es que no embrolla la verdad, porque, cuando centenares de sujetos armados y previamente parapetados pueden realizar impunemente una carnicería, el gobierno es necesariamente cómplice, cuando no organizador secreto de los criminales. La encuesta está dada, completa y transparente, por los hechos mismos. Desde el asesinato de Jaramillo con toda su familia, hasta la hecatombe de Tlatelolco y la salvaje caza al aguardo del manifestante, el 10 de junio, la evidencia salta a los ojos: los asesinos están en el poder.

El gobierno mejicano no se había enfrentado hasta el presente sino con una oposición situada, formalmente al menos, a su derecha, oposición clerical y casi porfirista1, por ello sin porvenir. A esa la trató más bien con guante blanco. La oposición encabezada por el movimiento estudiantil, contra la cual emplea los métodos más bajos y crueles, es, en potencia, una oposición revolucionaria. No, cierto, por sus consignas, meramente democrático-burguesas, aún menos por su orientación general castro-guevaro-china (stalinismo de segunda mano) sino porque refleja, a pesar suyo, un amplísimo descontento acumulado durante decenios, una hartura de la población trabajadora que terminará inevitablemente por estallar. El régimen mismo, por su corrupción constante, por su bestialidad asesina, ha hecho ya lo necesario para ahincar en la mente y en el corazón de las multitudes la simpatía por la nueva oposición. Y la simpatía no es otra cosa que un momento de la reflexión, la latencia de una futura acción revolucionaria en gran escala. De todos los movimientos estudiantiles, el de México parece el de mayor porvenir próximo, pese su confusionismo ideológico y la intervención en él de tendencias cubanas y chinas, deliberadamente mistificadoras.

El régimen de los mordelones2 está condenado, haga lo que haga. El problema reside en saber adónde lleva la nueva oposición. Sin poder tratar de ello en esta noticia, dejemos asentado que a menos de orientar por lo claro y derechamente a la toma del poder, de las armas y de la economía por los trabajadores desligados de cualquier potencia exterior, no sacará al país de la opresión capitalista, aunque la modificare en capitalista estatal, ni del vasallaje respecto del imperialismo; lo más que podría hacer es infeudarlo al imperialismo de Moscú o de Pekín. Por el contrario, una revolución realmente socialista en Méjico sería una potentísima palanca para promover la muerte del capitalismo en Estados Unidos, a condición de saber sublevar al proletariado americano. No puede existir otra proyección revolucionaria. Lo demás es enanismo.

  1. Porfirio Díaz, dictador derrocado por el movimiento revolucionario democrático-burgués iniciado en 1910. ↩

  2. Designación popular dada en Méjico a la persona concusionada, en particular a los funcionarios gubernamentales, desde el más pequeño hasta el más alto. ↩