Alarma, n.º 19, Octubre 1971 (pág. 17). PDF del número completo

El relajamiento de la sociedad estadunidense que parecía tan inconmovible y tan impermeable a las ideas revolucionarias, tiene una de sus mejores manifestaciones en el ejército. Desde hace algún tiempo, aparecen buen número de periódicos clandestinos, locales y nacionales, escritos y distribuidos por los soldados. Uno de ellos, llamado ¡RAP!, no se limita a los problemas que interesan a los soldados y a la guerra de Vietnam. Desde su primer número, presentó a sus lectores el ejemplo de soldados franceses que en Mayo de 1968 empezaron a organizarse para estar en condiciones de respaldar a los diez millones de obreros huelguistas. Otro de sus números reclama una alianza de obreros y soldados, y sin cesar ataca enérgicamente al gobierno de Washington. Esas publicaciones son el origen de las denuncias que hubieron de hacer algunos grandes diarios, que forzaron el gobierno a procesar por asesinato de civiles en Vietnam a diversos oficiales y mandos del ejército.

Y lo que es mucho más importante para el porvenir, han propiciado la atmósfera, en Vietnam mismo, para que los soldados americanos se rebelen contra sus mandos. El número de veces que un pelotón o una compañía entera se niega a obedecer la orden de atacar tal o cual posición o simplemente de patrullar en torno a los reductos fortificados en que se concentran tropas americanas y sudvietnamitas, es mucho más elevado de lo que nos informa la gran prensa. En minorías cada vez más importantes, el espíritu de rebelión está ya pues instalado en el ejército estadunidense, que será también como la experiencia ha demostrado en otras partes, el recurso supremo del capitalismo frente a una revolución amenazante.

Dada la ausencia mundial de una tendencia internacionalista bien visible y fuerte, es probable que algunas de las mentadas publicaciones tomen la posición de quienes favorecen la victoria de Vietnam del Norte y del Frente en el Sur, sin que podamos asegurarlo por deficiencia de información. Su influencia perdería en tal caso significación revolucionaria, o no la tendrían sino virtualmente, es decir, en la medida en que, oponiéndose al gobierno y al Estado Mayor de su propio país, sus redactores y lectores comprendan que el mismo problema lo tienen planteado los soldados de Vietnam del Norte, y en el sur por igual los de Saigón y los del F.N.L., sin exceptuar los del resto de la península. No hay internacionalismo vero sino organizando, o intentando organizar, sobre el terreno, en Vietnam, acciones comunes contra los respectivos mandos. El día en que los soldados de los ejércitos "enemigos" fraternicen y colaboren contra sus respectivos mandos y gobiernos, habrá empezado la acción internacionalista.

La consigna: "¡Culata al aire!", va contra el proletariado de todo el mundo y en lo inmediato el de Estados Unidos y de Vietnam, si es dada para los soldados americanos nada más; dada también para los otros y transformada de acto pasivo en beligerancia colectiva contra todos y cada uno de los gobiernos interesados, es, entonces sí, internacionalista. Pretender que la victoria de Hanoi y su sucursal sudeña es revolucionaria o siquiera progresiva es tan monstruoso y estúpido como pretender lo mismo de una victoria americana. Sólo cerebros más o menos lavados por la publicidad del imperialismo ruso o del chino pueden creer otra cosa.

La guerra de Vietnam, volvamos a decirlo, es una guerra imperialista localizada. Peleles gobiernan en Saigón, peleles gobiernan en Hanoi; aplastados viven, de Norte a Sur, los trabajadores, y en definitiva, la "solución", el secreto del cese de las hostilidades, está en Washington, en Pekín y en Moscú.