Alarma, n.º 19, Octubre 1971 (pág. 6). PDF del número completo
Los rumores sobre una inminente coronación del señorito Juan Carlos han sido desmentidos por el coronador mismo y en forma tan estrepitosa y desproporcionada al hecho rumoreado (los aullidos de la manifestación de la Plaza de Oriente) que hace sospechar desavenencias entre el aprendiz dictador y su maestro. Franco continuará despotizando, él y no otro, mientras su Dios le dé fuerzas para estar sentado en un consejo de ministros y aunque ponga mala cara Nixon, que había presionado para inducirlo a retirarse. Era de esperar, por razones que los lectores de Alarma conocen.
Con ese motivo, la propaganda pro-china ("Acción", "Agence de Presse Populaire" y los órganos de los partidos inspiradores) pusieron en juego su habitual frenesí de parada en defensa de la República y de una democracia que sus maestros de Pekín, de Hanoi o de Argel pisotean en no menor grado, sí, que el régimen de Madrid. No hay crimen cometido por Franco de que no sean también culpables, en sus respectivos países, aquellos gobiernos que los pro-chinos (o los pro-rusos) presentan como ejemplares. Sólo la ignorancia completa de eso y de lo que son las ideas revolucionarias, puede valerles la simpatía de trabajadores honrados.
FOMENTO OBRERO REVOLUCIONARIO declara una vez más que el proletariado no puede en modo alguno ser republicano a secas, porque la República, aun suponiendo que una vez declarada respete siempre las libertades y garantías llamadas Derechos del Hombre, no es la solución que requiere la clase trabajadora y el país en general. Porque la verdadera democracia y la libertad no pueden empezar sino a partir del momento en que los instrumentos de trabajo y producción, la organización de ésta y de la distribución, más el poder político, pasen a manos de los productores. Quienes hablan de una revolución democrático-burguesa, o bien "popular", no saben lo que dicen o lo saben demasiado. Es decir, o ignoran que así se le tiende un cepo al proletariado o tienden ese cepo muy deliberadamente. No hay lugar sino para una revolución, la revolución comunista. Cualquier otra cosa guardará las formas explotadoras capitalistas, mismas que ha representado Franco.
Consecuentemente, la consigna que recomendamos propagar en inscripciones murales, en pasquines y octavillas, es la siguiente:
¡VIVA LA REPÚBLICA OBRERA! PODER - ARMAS - ECONOMÍA AL PROLETARIADO, NO A ESTADO, PARTIDO O SINDICATO F.O.R.