Alarma, n.º 19, Octubre 1971 (pág. 16). PDF del número completo
Un camarada español simpatizante de "Lutte Ouvrière", nos pregunta si los sucesos de Bangla Desh, o sea del llamado oficialmente Pakistán Oriental, no infirman nuestra tesis tocante a los movimientos nacionalistas, puesto que no se trata, como en otros casos, de un movimiento deliberadamente provocado por otras potencias.
Esto último no es enteramente verdad. La Liga Awami, el principal partido autonomista, hoy independista, ha gozado evidentemente de apoyos políticos y financieros, no sólo de la India, sino también de Estados Unidos. El 8 de agosto, Le Monde informaba en un artículo sobre la señora Gandhi: "El interés de los Estados Unidos por esa región no es de última hora, ni lo dictan únicamente motivos humanitarios (...) Un periódico nacionalista bengalí ha podido escribir sin que se le desmintiese, que créditos americanos habían servido para costear la campaña electoral del partido autonomista". Y en cuanto a la India, el apoyo al nacionalismo bengalí llega ya hasta lo militar.
La innegable popularidad del movimiento contra Pakistán Occidental y la propia represión de que es víctima, atroz al viejo estilo del despotismo oriental, vienen, por el contrario, a dar mayor solidez a nuestra tesis. Porque nosotros no hemos dicho que todo movimiento nacionalista sea organizado por alguna de las potencias imperialistas en lucha por el producto del trabajo humano mundial. Decimos, sí, que aún surgiendo espontáneamente, un movimiento nacionalista es forzosamente captado por alguna o algunas de dichas potencias. He ahí a Bangla Desh a merced de la India, y por su intermedio también de Estados Unidos, e incluso de Rusia en la medida que Pekín respalda a Pakistán Occidental ciscándose en su propio señuelo sobre los "pueblos oprimidos".
Nuestra tesis completa, resumiéndola, es que sin la derrota de la revolución mundial, que deja libre juego a los imperialismos occidentales y orientales, no surgirían movimientos nacionalistas, sino insurrecciones de los explotados, tendentes a suprimir las fronteras y establecer la comunidad humana mundial. No existe otra tarea digna de un revolucionario, y ese resulta impracticable haciendo la menor concesión al nacionalismo.
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