Alarma, n.º 20, 1.er trimestre 1972 (págs. 17-18). PDF del número completo
Un cable publicado el 7 de febrero por Le Parisien dice lo siguiente:
"A la sombra de las ruinas de Angkor se han librado encarnizados combates los nordvietnamitas y sus aliados camboyanos pro-comunistas. Unos 20 obreros ocupados en la restauración de esos templos resultaron muertos. Otros cien fueron detenidos y se los llevaron los vietnamitas. Según un monje búdico los obreros muertos fueron ejecutados por sus guardianes.
Los nordvietnamitas han acusado a los [ilegible] cuya mayor parte vive en localidades bajo mando gubernamental, de haber incitado los khmers rojos a sublevarse contra los nordvietnamitas".
Noticias de ese género podrían leerse frecuentemente si la prensa no se desentendiese de ellas casi sin excepción. Se quedan en las agencias de prensa, además de que la mayoría no llegan siquiera hasta ahí. Tanto más importa que las destaquemos nosotros, por la importancia que tienen para poner en evidencia las características de esa otra clase de capitalismo que tiene aún el cinismo de decirse comunista o rojo.
Entre tropas de Vietnam norteño y tropas khmer (del príncipe Sihanuk) se producirán choques mientras éstas no se sometan por entero a las otras. Hanoi aspira a ser la fuerza dominante en la península indochina, pese a que él mismo vive en vasallaje y de que nunca conseguirá ser otra cosa que un comisionista de Rusia o de China, a imagen de sus competidores del sur respecto de Estados Unidos. Mas el combate y la matanza junto a los templos de Angkor es probablemente uno de los incidentes de reclutamiento en que abundan esa clase de ejércitos pseudo-libertadores. El extranjero los ignora, pero no la población de los territorios en que se producen. Son "ejemplos saludables" organizados con plena intención. El terror y las ejecuciones predisponen a quienes siguen vivos a incorporarse "voluntariamente" a las tropas "libertadoras". Si los obreros de las obras de reparación consiguieron ser defendidos por algunos destacamentos camboyanos, éstos no dejarán de recibir un duro castigo de sus superiores directos o de los jefes militares nordvietnamitas. El engranaje de su "causa" arrastra consigo terror y asesinatos en proporción a la enormidad de su mentira.