Alarma, n.º 21, 2.º trimestre 1972 (págs. 1-3). PDF del número completo
Después de la cuenca minera astur, del País Vasco, de Madrid, Granada, Barcelona, la vesanía sanguinaria del régimen se ha abatido sobre El Ferrol. No tienen ya cuento las intervenciones terroristas mayores, con saldo de muertos y heridos, del despotismo gubernamental, sin hablar del terrorismo constante, ejercido ley en mano. La falsedad del "régimen de paz" la denuncian, no ya los centenares de miles de asesinados en 1936 y años sucesivos, sino las decenas de jóvenes obreros y estudiantes asesinados en los últimos tiempos, los miles de encarcelados, la rebelión en aumento contra una dictadura ominosa, que abate a tiros huelguistas y manifestantes mientras indulta a sus propios bandidos. Amador Rey Rodríguez, Daniel Niebla García, las decenas de heridos de El Ferrol son el más reciente testimonio del carácter criminal de la llamada "paz social". Al cabo de 33 años de poder absoluto, el amasijo clérigo-militar-fascista dicho Movimiento Nacional sigue gobernando con las ametralladoras y las hace funcionar cada vez más frecuentemente.
No vamos a repetir aquí la descripción de la cobarde agresión de la policía a trabajadores desarmados que ejercían el más rudimentario de los derechos, el de protestar y defender sus condiciones de vida y de trabajo. Los relatos abundan. El mejor y más detallado es que da "Frente Libertario". El más tendencioso e hipócrita el del Boletín n.º 40 de las Comisiones Obreras en el exterior, que merece un comentario.
Repitamos otra vez, para quienes lo ignoren, que ese nombre es cobertura de un aparato sindical bien montado, con recursos económicos copiosos y, lo que es peor, con propósitos trapaceros, que se ven claros en su propia información. En efecto, su Boletín publica dos homilías, la pronunciada por un cura en el entierro de los dos obreros asesinados y la leída desde los púlpitos por diversos oficiantes de El Ferrol, "con autorización del Obispo", ¡fíjense ustedes! Se guarda mucho de declarar —alianza obliga— que cualquier representante de la iglesia, rece lo que rece, es cómplice de todos los crímenes pasados y presentes del régimen, y que por lo tanto su presencia ante los cadáveres de los asesinados es un ultraje y sus palabras de misericordia una befa. El tupé de las pseudo-Comisiones Obreras va mucho más lejos. En el mismo Boletín n.º 40 incluye un mensaje de solidaridad que es en realidad otra homilía misericordiosa del "Presidente del Comité Central del Sindicato de obreros de la industria de la construcción naval de la URSS". Ahora bien, dicho presidium es parte importantísima de la dirección patronal de todos los astilleros rusos, donde la huelga es reprimida por los mismos métodos que en España y los "agitadores" son mandados a Siberia o encerrados en manicomios. El Presidium miente doblemente hablando de solidaridad con los trabajadores españoles, porque él es emanación directa de los explotadores rusos, y porque al mismo tiempo que la policía apaleaba y tiroteaba a los obreros, una comisión suya compuesta de ingenieros se encontraba en El Ferrol tratando con las autoridades que mandaban disparar, pues la empresa Bazán va a construir barcos para Rusia. He ahí una solidaridad nada labial, la verdadera entre Moscú y Madrid.
Lo que importa para los trabajadores de El Ferrol y con ellos los de todo el país es, más que nada, sacar de la cruel experiencia vivida conclusiones revolucionarias, únicas que permitirán llevar la lucha a un estadio superior. En tal sentido, lo primero de que hay que percatarse es de que los cauces legales del régimen no consentirán jamás una defensa franca y efectiva de los trabajadores, pues han sido establecidos para impedirla, y mucho menos el ataque indispensable al sistema capitalista. Se debe pues hacer oídos sordos a quienes aconsejan la utilización "táctica" de tales cauces.
Entre el régimen actual y el sistema capitalista existe una relación estrechísima. El régimen vino a salvar el sistema, hundido ante la acometividad del proletariado en 1936, pues ya en aquella época era un sistema caduco. Ahora, las reclamaciones económicas del proletariado y la agitación política renaciente no pueden ser correctamente interpretadas sino como expresión reiterada de dicha caducidad, aunque por el momento no aparezca así en la consciencia de cada obrero. ¿Cómo hay pues que orientarlas, contra el régimen sólo, o contra el sistema? Evidentemente contra éste último, porque uno y otro no son indisociables. El sistema se aferra todavía al régimen, pero ya se le oponen algunos de sus sectores, que ven la conveniencia de substituirlo por otro régimen, por otra legalidad que engañe mejor y prolongue la explotación del trabajo por el capital. Hacia esa futura renovación legal del sistema ponen proa deliberadamente los partidos y sindicatos, clandestinos o no, que hablan de utilización de los sindicatos falangistas y de concentración del capital (nacionalización) en cualquier futuro Estado. Mientras más se centraliza el capital, mayor capacidad de explotación y opresión adquiere. No puede ser de otro modo, porque lo que está caduco es el sistema de producción y distribución basado en el capital y en el trabajo asalariado y no puede haber solución sin suprimirlo.
Tres conclusiones se deducen imperativamente de lo anterior:
1 - Las reivindicaciones económicas del proletariado deben orientarse a la supresión de los beneficios del capital (plusvalía), no a un aumento de la paga basado en un aumento mayor de los beneficios de aquel. Por concomitancia, hay que reclamar también una reducción importante del tiempo de trabajo con el mismo salario semanal o mensual.
2 - Esa y cualquier reivindicación debe ser decidida y tratada directamente con las empresas por los trabajadores interesados y en plena libertad, sin mediación de sindicato alguno, legal o ilegal. Va en ello todo el porvenir del movimiento revolucionario en gestación. No puede haber representación obrera allí donde interviene como representante un tentáculo sindical. A pesar de las buenas intenciones que cualquier representante sindical pueda tener, el principio sindical mismo le impide salirse de los límites creados por el sistema de explotación, precisamente los límites que debemos romper.
3 - La reivindicación de libertad es palabra huera y engañabobos si no se exige la libertad de los explotados en general para disponer de sus destinos en lo político, lo económico y lo cultural.
Sin alcanzar esa soberanía los trabajadores, el capital se dotará de otro régimen, ya al modo italiano: iglesia dominante, partido pseudo-comunista y sindicatos de puntal, ya al modo polaco, ruso o chino: partido capitalista de Estado dominante, iglesia de puntal.
La orientación de la lucha en el sentido indicado es también lo que inspirará mayor exaltación a los trabajadores y lo que permitirá la indispensable coordinación general del movimiento en todo el país.
¡Trabajadores ferrolanos, trabajadores de toda España, preparemos la soberanía económica y política de nuestra clase. Así triunfará la revolución comunista en España y en el mundo.
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