Alarma, n.º 21, 2.º trimestre 1972 (pág. 13). PDF del número completo

Con mayor netitud que en otros países de América Latina, Asia y Africa, está destacándose en Chile la tendencia del sistema social existente hacia el capitalismo de Estado. Es una función nueva de lo que se ha llamado en el movimiento revolucionario "ley de desarrollo desigual del capitalismo". Ella hace que, en medio de economías atrasadísimas, a veces en etapa pre-capitalista, medieval o semi-patriarcal, aparezcan algunos centros industriales modernísimos. Mas la gran industria moderna requiere medios financieros y técnicos tan grandes que no están al alcance de ninguna burguesía nacional en los mencionados países. Unicamente el Estado, concentrando en sí toda o la mayoría de la riqueza, puede hacer inversiones de la magnitud exigida e imponer las coerciones políticas y económicas indispensables para forzar la productividad obrera. La política de nacionalizaciones es pues expresión de las tendencias más centralizadoras del capitalismo, aquellas que intentan realizar la función cumplida por los grandes trusts internacionales en los países avanzados. La rivalidad entre Bloques militares propicia la aparición de tales tendencias.

No otra cosa representa el gobierno de Allende. La presencia en él de ministros stalinistas y el apoyo crítico de los pro-chinos (MIR) corrobora lo dicho. Es probable que la tentativa fracase, más que por oposición de las tendencias de capitalismo individual, por la hostilidad de las masas trabajadoras que ya están sufriendo las consecuencias de la iniciada concentración del capital. El capitalismo es ya reaccionario globalmente, por mucho que modernice e industrialice, países atrasados y países avanzados sin distinción. No se trata de desarrollarlo en ninguna forma, sino acabar con él. La producción, la distribución, el poder político y las armas deben pasar a la clase trabajadora, que no creará una sóla fábrica sino para aumentar el consumo disminuyendo el tiempo de trabajo; y aparecerá entonces una industrialización incomparablemente mayor, que libera en lugar de aplastar al hombre.