Alarma, n.º 22-23, 3er y 4º trimestre 1972 (pág. 19). PDF del número completo

La huelga reciente de los estivadores ha puesto una vez más de manifiesto la invencible fuerza potencial de la clase obrera... y su tremenda debilidad política. Sin entrar en detalles, empecinándose en la huelga los estivadores forzaron el gobierno a acordarles la mayor parte de sus reivindicaciones salariales y la libertad de los obreros detenidos. El gobierno tuvo que violar su propio plan de estabilización y la consabida congelación de salarios. Por su sóla acción, los estivadores empezaban a paralizar industrias y a crear dificultades de alcance nacional. Con igual obstinación podría entrar en huelga la totalidad del proletariado para reclamar no aumento de paga, sino la supresión de la esclavitud salarial, a fin de entrar en la organización comunista de la sociedad. Fuerza le sobra para imponerla; le falta la decisión de hacerlo, como si ser explotado fuese su maldición insoslayable. Así ocurre, porque el papel castrador de la clase obrera desempeñado en Francia, en Italia y en la clandestindad española por el stalinismo y sus sindicatos, lo desempeñan también en Inglaterra (y en Estados Unidos) Partido Laborista y Trade Unions. Hay que romper el ciclo: carestía, huelga y aumento de salario, más carestía y vuelta a comenzar.