Alarma, n.º 22-23, 3er y 4º trimestre 1972 (págs. 13-14). PDF del número completo
Nos llega el siguiente comunicado de Cataluña:
Todos los viejos militantes de la C.N.T. están terriblemente burocratizados y no hacen más que nutrirse de sus propias querellas internas, aparte el sinfín de compromisos que tienen con todo quisqui, incluso la famosa "Asamblea de Cataluña", que se pretende una especie de parlamento "democrático" que lucha en favor de la república, y en el cual, por supuesto, lleva la voz cantante el PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña, nombre de la organización stalinista en la región). Todos los grupos de "oposición están siendo utilizados por este maldito partido, incluso "Bandera Roja" y la Liga Comunista, versión española de la organización trotskista francesa del mismo nombre. En algunos barrios de Barcelona conocidos por su combatividad, todos esos grupos han sido expulsados a patadas en el trasero. En Santa Coloma de Gramanet les dijeron que si volvían a cruzar el puente que separa el barrio de la capital, los tirarían de cabeza al río. El argumento fué muy convincente y éstos no aparecieron más por allí.
El fenómenos más importante es el surgimiento de grupos anarquistas formados por jóvenes, que aparecen por todo el extraradio de Barcelona. Todo el mundo pensaba que esta "plaga" había sido barrida de la región, pero al constatar lo infundado de la sospecha se ha armado un revuelo extraordinario, sobre todo porque esta gente nueva critica ferozmente las actividades aliancistas y pactistas de la C.N.T. El PSUC anda de cabeza y no sabe qué medios utilizar ante ese auge. Ha sido denunciada su última maniobra.
Consiste la denuncia en una declaración difundida en los barrios, en la cual se pone en guardia a dichos grupos contra individuos que fueron o se dijeron anarquistas, pero que hoy utiliza el PSUC con objeto de dislocar a los grupos jóvenes o sometérselos desde dentro. Uno de los tales, encontrándose en la cárcel de Burgos, donde fué "asimilado" por el PSUC, organizó junto con otros dar una paliza a un joven anarquista por haber escrito éste al exterior que los presos no veían sombra del dinero colectado por el PSUC "para las víctimas de la represión".
Añadamos nosotros que el stalinismo no repara nunca en medios, por muy viles que sean, para desacreditar por la calumnia, desorganizar por la maniobra o destruir por la violencia a cuantos se situan a su izquierda, en particular a los más revolucionarios. Volverá a la carga contra los grupos del extra-radio de Barcelona, y si no pudiera con ellos por otros medios, llegará incluso a la delación. Estaría lejos de ser la primera vez.
A tales procedimiento ha sucumbido el Partido Socialista. Ha sido devorado desde su interior por stalinistas descarados y criptostalinistas en atuendo democrático. Su propio órgano periodístico en la emigración se ha convertido en una resonancia de los órganos stalinistas, sin que falte la vulgaridad y falsía del género. Sin duda el pacto establecido en Francia entre el burgués Mitterrand etiquetado socialista y el partido stalinero, ha facilitado la operación española, así como la combinación de igual estructura que en Chile ejerce el poder. Más se trata sólo de motivaciones accidentales y hasta de pretextos. Lo que en realidad consiente al stalinismo sacar avante sus enjuagues es la carencia absoluta de contenido revolucionario por parte de sus presas. El Partido Socialista no ha perseguido nunca darle el vuelco a la relaciones de producción basadas en el capital y el salariato. Incluso en sus días florecientes, su ideal era la democracia burguesa, aquello que la evolución natural o convulsiva del capitalismo va eliminando, y que ya ha eliminado en Rusia e imitadores, así como en la mayoría de los países dichos Tercer Mundo. El stalinismo representa y encabeza el desemboque del capitalismo liberal, el de los propietarios individuales, en el capitalismo estatal, en el que se funden totalitarismo económico y político. Que a eso se le llame socialismo, es una de las falsificaciones más repulsivas que la historia conozca. De que prospere esa falsificación o de que fracase depende el rumbo reaccionario o revolucionario de historia próxima.
A nosotros no nos sorprende que prospere, en España o donde sea, cerca de cuantos buscan a los problemas planteados otra solución que la abolición del trabajo asalariado, la entrega de economía, armas y poder político a los trabajadores. Sabemos por añadidura, que las exigencias reaccionarias de la economía actual dan viento en popa a los partidarios más decididos del capitalismo de Estado. Pero también sabemos que la perspectiva revolucionaria del proletariado reclama imperiosamente, so pena de ser cada día más esclavo e ignaro, acabar con su situación de clase asalariada.
La separación tenderá pues a hacerse neta entre los esclavistas del capitalismo de Estado y los revolucionarios. Tendamos la mano a cuantos luchadores en España se oponen a los primeros y dejemos a los demócratas burgueses en su prisión ideológica stalinista, pasillo de la otra, de piedra y barrotes.
Otro tejemaneje político ha tenido lugar en Madrid, donde Camacho, conocido como stalinista y dirigente sindical ha roto al parecer con su tan amado Carrillo. Las noticias que tenemos, que no garantizamos, le atribuyen haber consituido otro partido "comunista" bajo su propia inspiración y mando. Es probable, sinembargo, que se trate de un episodio tiramoños entre los siameses separados Lister y Carrillo. A menos que anden de por medio los terceros en discordia pro-chinos, cosa no menos despreciable para el proletariado.
Camacho no puede ser tenido como un afiliado. El no ignoraba cual era y es la política de su partido, no ya ajena a la revolución obrera, sino deliberadamente enderezada contra ella. Quien la ha seguido a sabiendas, jamás será revolucionario, cualesquiera sean sus idas y venidas organizativas. A hombres de esa categoría, los revolucionarios tienen la obligación de ponerlos en evidencia siempre, sin concertarse con ellos en ningún caso, para ninguna acción.
Es seguro, en cambio, que entre los militantes de fila y los simpatizantes del stalinismo sí se encuentran hombres de espíritu revolucionario, porque ingnoran la política real y las intenciones programáticas del mismo, atribuyéndole imaginativamente lo contrario de lo que es. Siempre que sea posible hay que mostrarles a ellos cual ha de ser la política revolucionaria y por qué es incompatible con su filiación. Hay que aconsejarles la ruptura inmediata, pues quienquiera pase años en una organización stalinista queda muerto para la revolución.
Forman legión en el mundo los que se han separado del stalinismo después de muchos años de pertenencia a él. Impregnados por él, conformados por su espíritu, ni uno sólo se ha convertido en revolucionario.