Alarma, n.º 22-23, 3er y 4º trimestre 1972 (pág. 18). PDF del número completo

Por tercera o cuarta vez en pocos años, Rusia ha tenido que acudir al mercado Occidental para abastecerse de trigo. Su agricultura no consigue cubrir las simples necesidades de pan. La explicación oficial de tan grave falla, la sequía, revélase falsa sin más que considerar la vasta extensión geográfica que va desde la frontera europea hasta la punta oriental siberiana. Es imposible que haya habido sequía simultánea en todas partes, y en condiciones normales bastaría menos de la mitad de tantísimas tierras para producir más trigo de que puede consumir la población entera. Por otra parte, un país que fuera socialista desde hace tantos años tendría toda su producción agrícola al abrigo de azares meteorológicos. La verdad es que con buen tiempo el rendimiento por hectare en Rusia es inferior al de cualquier país occidental, y superior, en cambio, el precio de producción por tonelada. Es que los sueldos pagados por concepto de ocupaciones parasitarias en koljoses y sovjoses gravan enormemente los costes, mientras que las pésimas condiciones de trabajo y salario de los obreros agrícolas les induce a trabajar lo menos y lo peor posible. Así se da el caso increible de que aún pagando el precio del mercado occidental, el trigo importado le sale al Estado ruso más barato que el producido en su propia tierra.

Estados Unidos hace un buen negocio aún consintiéndole una rebaja al rival en son de amigo solicitante. Pero no es esa venta lo que le interesa en primer lugar, sino la forma de pago, parte importante de la cual la efectuará Rusia en lingotes de oro de que andaba tan bajo el tesoro yankee. La tarifa no será la oficial de Breton Woods, 35 dólares la onza (algo más de 31 gramos), sino de 50 dólares, mientras que en el mercado libre el precio oscila al rededor de 70 dólares onza. Hay pues servicio recíproco. Por añadidura, un tratado de comercio quintuplicará los negocios entre ambos países, y al mismo tiempo obliga a Rusia a pagar parte de sus deudas de guerra, que se elevan nada menos que a 11 mil millones de dólares. Más lingotes para Washington.

Diaríase que las dos potencias imperialistas principales están a partir un piñón. Así es en efecto... por el momento. El Kremlin ayuda a solucionar la crisis monetaria americana, que es la de todo Occidente y del Japón, mientras la Casa Blanca ayuda a atenuar la hostilidad de los trabajadores rusos contra el partido dictador, principal responsable de la penuria endémica que padecen. Los motivos serios de contraposición siguen en pié.

En determinadas circunstancia la solidaridad de clase entre potencias capitalistas prima sobre los motivos de rivalidad. Es evidente, tras las sonrisas diplomáticas y los protocolos comerciales planea el conflicto con China aflojando la mano de Rusia. Tratárase de un sistema socialista frente a otro capitalista, las actitudes sería muy diferentes de parte de uno y del otro.