Alarma, n.º 22-23, 3er y 4º trimestre 1972 (págs. 4-5). PDF del número completo

"Es indispensable borrar de nuestra bandera la divisa conservadora, 'un salario justo por una jornada de trabajo justa' e inscribir la consigna revolucionaria: ABOLICION DEL SALARIATO". (Marx).

Ante la amenaza de revolución, un sistema social echa mano a una combinación de maniobras políticas, represión y concesiones. Mas la táctica resulta ineficaz siempre, si no para el sistema, por lo menos para el régimen que lo rige, en nuestro caso la dictadura franquista. Ante la extensión redoblada de la rebeldía, divídense los propios gobernantes, la clase dominadora y hasta sus instituciones, parte de las cuales empieza a ver en el régimen imperante un estorbo para la salvaguarda del sistema. Y llega un momento en que se les impone la idea de una concesión mayor: sacrificar lo accidental a fin de conservar lo esencial, suprimir el régimen para que siga viviendo el sistema.

Esa tesitura puede presentarse en España de un momento a otro. Entonces, clases e instituciones del sistema virarán en redondo yendo sin recato a buscar asilo y ductores entre la oposición, clandestina o legal. Y no sólo los encontrarán, sino que los partidos de la misma, salvo poco conocidas excepciones, y por muy perseguidos que se hayan visto, están ya enlazados los unos a los otros sin discontinuidad, en una ristra que se alarga desde los reaccionarios confesos, cómplices del régimen, hasta los partidos más engañosos por su nombre y fraseología obreristas. Por tal modo, que el sistema zozobrante dispone de antemano de quién lo proteja contra los asaltos que el proletariado no dejará de lanzar. Por ese camino podría llegar incluso a la expropiación de la burguesía y los trusts por el Estado, la representación jurídico-policíaca del capitalismo. La operación no dejaría de ser presentada como revolucionaria y comunista, con el fin de impedir... la revolución comunista precisamente.

La serie de maniobras salvadoras está iniciada, pero no adquirirán carácter público sino con la caída del régimen, cualquier aspecto tome. Colaboran en ellas cuantos llevan por meta un régimen parlamentario, republicano o monárquico, o bien la mentida democracia popular. Unos y otros enderezan las luchas huelguísticas por cauces neosindicales (en verdad senosindicales) y únicamente en pro de aumentos de salario. Hacen méritos para ser los futuros salvadores del sistema, o para situarse entre ellos.

Siguiéndoles correríamos a una nueva catástrofe. Los revolucionarios hechos o en proceso de formación deben manifestar por lo claro sus intenciones y esforzarse en imprimir a las luchas huelguísticas y políticas un sentido que las unifique y las lleve a la supresión del sistema capitalista.

Hacia esa meta en cuanto objetivo inmediato deben centrarse el pensamiento y la acción de cuantos rehusen ser pasto de las actuales y las futuras maquinaciones de salvaguarda del sistema. Ningún movimiento, ninguna organización, ninguna consigna en contradicción con tal objetivo. Sólo lo que nos conduzca o nos acerque a él impregnará la lucha contra el régimen de una consciencia apta para dar cuenta también del capitalismo.

Por ende, tres órdenes de reivindicaciones deben esgrimir el proletariado industrial y agrícola y cuantos quieren la revolución:

ECONOMICAS, bajo el lema: MENOS TRABAJO; MAS PAGA.

  1. Incorporación de pluses y primas a la paga base, supresión de cualquier forma de trabajo a destajo y de horas extra, sin disminución del promedio diario o mensual cobrado ahora.
  2. Todo aumento de la producción (su valor hoy) débase a mayor rendimiento del obrero o a perfeccionamientos técnicos ha de revertir, íntegro, a los trabajadores que lo realizan.
  3. Conversión de las industrias de guerra en industrias productoras de artículos de consumo.
  4. Trabajo para todos los parados y obreros jóvenes, más incorporación al trabajo productivo de cuantos desempeñan funciones inútiles o parasitarias, ya en la industria, ya en la administración, ya en el Estado.
  5. Sobre esa base, reducción de las horas de labor proporcionalmente al número de personas disponibles y a la eficacia de las máquinas; paralelamente, aumento del consumo del trabajador en proporción al crecimiento de la producción global.

Lo anterior lleva por remate la exigencia económica cumbre de cuantos son explotados:

  1. SUPRESION DEL TRABAJO ASALARIADO, que resolviendo el problema del nivel de vida permitirá preparar una enseñanza profesional, secundaria y superior gratuita e impartida a todos, única forma de desembarazarse de la contraposición entre trabajo manual e intelectual, rémora humana inmemorial.

ORGANICAS, bajo el lema: derecho de los trabajadores a disponer de sí mismos:

  1. Supresión de los controles y cronometraciones que intensifican la explotación, atosigan al obrero y rebajan su dignidad personal.
  2. Recusación de todo reglamento interior de empresa, díctelo el patrono o el sindicato. Ese derecho corresponde exclusivamente a los trabajadores, por empresas y por ramas de producción.
  3. Recusación de todo convenio de trabajo no discutido por delegados directos de los obreros y aprobado en asamblea libre.
  4. Fuera los sindicatos actuales y futuros, meros chalanes en la venta de la capacidad de trabajo del obrero al capital. En la medida en que sea provisionalmente indispensable, los trabajadores tratarán por sí mismos con el capital de sus propias condiciones de salario y trabajo.
  5. Plena libertad de discusión, asamblea y propaganda en los lugares de trabajo.
  6. Soberanía absoluta de los trabajadores para decidir de sus reivindicaciones, para designar delegados permanentes, comités de huelga y para substituirlos, sin necesidad de filiación o aval alguno ni para votar ni para ser designado.

Esos derechos reales, en contraste con los derechos ficticios utilizados como cebo por los chalanes, infundirán al proletariado la convicción y el arrebato necesarios para reclamar e imponer:

  1. La gestión soberana de los trabajadores sobre los intrumentos de producción y de cultura social, sobre los planes económicos y sobre la distribución del producto de la comunidad social.

POLITICAS, bajo el lema: Poder político a los explotados, único post-franquismo no reaccionario:

  1. Libertad de organización, palabra, asamblea, imprenta, manifestación, radio, televisión, al proletariado.
  2. Disolución de todos los cuerpos represivos, ejército comprendido, y armamento territorial de los explotados.
  3. Expropiación del capital industrial, bancario, comercial y agrícola, de los centros de enseñanza y de publicidad, sean estatales, sean privados.
  4. Desmantelamiento del Estado capitalista y abrogación de todas sus leyes.
  5. Tribunal revolucionario para juzgar, vivos u muertos, a los responsables de los crímenes, torturas y condenas durante el reino de la iglesia, el ejército y el falangismo. Primer acusado, el sujeto Francisco Franco.

Todo lo cual se resume en esta exigencia:

  1. PODER, ARMAS, ECONOMIA A LOS TRABAJADORES.

Obreros, estudiantes, laboremos por esos objetivos, creemos núcleos de Fomento Obrero Revolucionario que los propongan, los expliquen y luchen por que la clase obrera los imponga. De cualquier otro modo continuará la dictadura del capital, fuere al modo occidental o al ruso-chino.

FOMENTO OBRERO REVOLUCIONARIO (Núcleo M)

NOTA.- Las consignas enumeradas pueden servir separadamente, o bien pormenorizadas mediante otras en ellas comprendidas, según convenga en cada caso. Pero no alcanzan toda su magnitud revolucionaria sino en las numeradas 6, 13, 19.